[Aventura T3][P.R] Marines: La Mascarada [Div. 75]
#9
Toparse de frente con la mansión le trajo recuerdos irrevocables, cicatrices en su mente que jamás piden permiso para estar presentes, o generar el dolor que causaron en su día, como un fidedigno vestigio de las noches que pasó sin dormir por culpa de memorizar tantas reglas y normas, de múltiples culturas. O en su defecto, el fantasma de los días no vividos, añorando una infancia que jamás tuvo.

Sus iris cerúleas distinguían mucho a su alrededor, y cada detalle traía una conclusión digna de los relatos escritos en los libros que le leían de pequeño; Obscenidad. Faltar al detalle, según su crianza, era el terror más elevado en el que alguien de su nivel podía caer, y por eso desde el fondo de su ser rechazaba todo lo que vislumbraba a medida que avanzaban hacia la entrada de aquel distinguido lugar.

Lo obsceno radicaba en la obsesión porque todo luzca perfecto. En los árboles pareciendo esculturas hechas por los mejores artistas de Matsuri. En las flores viviendo en el marco del espacio que debían ocupar. Los empleados conociendo sus funciones, precavidos contra urgencias antes de que deban desempeñarse en dichas tareas.

Un mundo artificial.

A su forma de verlo, era como crear un universo en un juego de té hecho de porcelana. Herramientas destinadas a una única tarea, disonantes si ocupaban márgenes distintos, y las historias se narraban en los dibujos integrados sobre el material. El hecho de utilizar máscaras ya revelaba la naturaleza del espectáculo, y así como aquella realidad finita, su fragilidad.

Todo era demasiado perfecto, y habiendo sido criado entre la nobleza, en su afamada cuna de oro, Hasegawa ya conocía las fisuras que semejantes apariencias acostumbraban a ocultar. Mucho más complejo que tapar la basura debajo de la alfombra. Infinitamente más simple que hacerla desaparecer.

La reunión con su División fue distinguida por la forma tan sutil de comunicarse con ellos, y el regocijo de saber que confiaban en su palabra. No podía decir "plan", porque hasta no caminar sobre seguro dependía de la pura improvisación, sin embargo supieron entender que la mejor arma que tenían como grupo, era la discreción. Horas atrás entendió las asperezas que tenían los nobles adinerados en las cercanías de la mansión, rechazando entrar en contacto con él a causa de su uniforme, por ende, habían dos posibilidades.

O ahí dentro ocurría algo que intentaban ocultar. O simplemente rechazaban el oficio de los marines por alguna razón aristocrática que al menos en ese momento no sabía definir con exactitud. En cualquiera de las dos posibilidades, mejor si no se enteraban sus identidades. Sabiendo de los fuegos artificiales y el baile tenía un aproximado del tiempo estimado para investigar antes de que la velada se aproxime a su punto álgido, y tratando de mantener ese temple, la concentración de un noble volviendo a sus raíces, interactuó con la ama de llaves, teniendo a la división a su espalda.

—Temo que me concede menos crédito del debido, Madame. He acudido únicamente en compañía de aquellos a quienes el anfitrión ha tenido a bien distinguir con una invitación. Un Den Den Mushi no entra en esa selecta categoría. —las frases fueron medidas al milímetro, pronunciadas en una cadencia tan natural que hacían ver a Hasegawa como otra persona. Sin embargo, es esa naturaleza la que explica su rebeldía.

Ir en contra de lo que no se entiende es un juego de estúpidos.

El repaso del honorario llegó, las horas bien marcadas, y ante la mención de un baile el albino no mostró ápice alguno de reacción, se limitó a asentir con una precisión concisa. Ningún movimiento se salía de los cálculos premeditados. Por ello, en parte, le sorprendió la indirecta que Pia lanzó en su dirección, recibiéndola con una sonrisa de lo más formal, al mismo tiempo en que guardaba en el interior de su chaqueta dorada uno de los lápices plateados —Madame, ni el anonimato de las máscaras podría absolvernos de la descortesía que supondría ignorar las normas de esta distinguida casa. Puede estar tranquila, nos contentaremos con aquellos rincones que han sido concebidos para el disfrute de la velada. —contestó, eludiendo cualquier tipo de sesgo negativo hacia su persona, y mintiendo deliberadamente sobre sus intenciones, porque si existían lugares prohibidos, entonces allí podría encontrarse información apropiada para entender la otra cara de la fiesta.

Escuchó las últimas palabras de Pia, y entonces fueron delegados con su gemela, Marietta. Shin entrecerró los ojos, muy sutil detrás de la máscara, decidiendo que no iba a beber ni consumir nada de lo que entregasen allí, prefería tener sus sentidos afilados y mantener una sobriedad absoluta en caso de emergencias. Quizás estaba paranoico y era una velada común, pero a diferencia de lo ocurrido en Sorbet, o Kutsukku, prefería prevenir. —Es usted muy amable. Me reservaré para más adelante. —un leve asentimiento, y avanzó hacia los terrenos interiores que disponía los alrededores de aquella aparente mansión.

Una vez las dejaron atrás, observó a Nyra y contempló sus intenciones, por lo que decidió colocarse frente a ella con una rectitud que casi nunca se le veía, mirándola durante breves instantes a los ojos —Una ambición admirable, Madame. —confirmó, esbozando una de las tantas sonrisas ensayadas que le enseñaron. Pero antes de centrarse por completo en Kuroshiro, giró el rostro al resto de la División Setentaicinco.

El albino observó a todos los presentes antes de acomodarse los puños de sus guantes negros, siendo tras ese pequeño movimiento que finalmente habló —Confío en que sabrán apreciar los encantos de la velada. Sin embargo, sería una lástima omitir los detalles que la hacen posible dado nuestro entusiasmo. —una pausa, haciendo contacto visual específicamente con Omuyaga. —Al final, las primeras impresiones son un presente efímero, sólo gozamos de su magia una vez. Conviene observarlas con atención antes de entregarse por completo a ellas. —incluso su voz suena diferente a pesar de seguir reconociéndolo como Shin, todo en él recuerda al marine que acostumbran a distinguir, pero hay ese algo que convierte su magnetismo en algo extremadamente refinado. —Disfruten, conversen, bailen si les place. Sólo recuerden lo que atestigüen una vez nos reunamos de nuevo. Disfruto las buenas historias. —afirmó, mirando a Nyra de nuevo. En todo momento tuvo su torso encarado hacia ella.

Confiaba en que Kael entendería el clarísimo subtexto de sus palabras. Les dio una orden envuelta en la ostentosidad que disfrutan los nobles, transmitiendo su desconfianza en términos pomposos y elegantes. Esperaba, de verdad, que Choi y Dimitri lo entiendan, en caso contrario sólo le podría conceder esa tarea a Omuyaga, pues George ya sabía de su desconfianza, pero era la primera vez que Hae-won y Kuroshiro lo escuchaban de sus labios.

Y hablando de esta última, pudo observar de frente la sonrisa encantadora de Hasegawa. Una que poco a poco se fue acercando al fino rostro ajeno, cubierto por la forma de un zorro blanco, hasta descender hasta una de sus orejas. Susurró, con tanta dulzura que podía llegar a hacer cosquillas, pese a que el objetivo real de sus palabras —que sólo la rubia podría escuchar— era encender el foco de alarmas incluso a pesar de seguir utilizando la máscara. Shin intentaba prevenirse de todo.

—Con el estómago vacío, rugen los comentarios indiscretos. Y su buena audición es una virtud demasiado valiosa como para desperdiciarla lejos de ellos. —volvió a su posición inicial, ofreciéndole el brazo en otro de los tantos gestos ensayados multitud de veces, una forma física de decirle que vayan juntos. Su invitación personal —Asistamos a la cata, Madame. Si tenemos suerte, gozaremos de algo más que nuevas recetas. —si Nyra terminaba aceptando, iniciarían el camino al salón principal, un sitio extremadamente rico, y sería una vez alejados del resto de la División, si no los acompañaban, que le dedicaría unas palabras a la chica. Incluso si sus otros compañeros escuchaban, a Shin no le importaría, aquel detalle no se lo podría quitar de la cabeza si moría en un silencio agónico.

—Permítame hacer una pequeña rectificación. —con ella sujeta del brazo en caso de aceptar esa invitación, giraría levemente el rostro para observarla de soslayo. El deleite por su apariencia no hacía más que enaltecerse, rememorando las palabras intercambiadas aquella noche en la playa de Sabakun —Cuando afirmé que no la imaginaba vestida de blanco, fui víctima de una imaginación cansada. Resulta que es el propio color quien se beneficia de su presencia. —retorna la vista al frente, señal de que a pesar de la pequeña distracción y el shock evidente, aún latiendo en su interior, se mantiene centrado en el objetivo. —Ahora comprendo por qué tantos artistas fracasan al perseguir la perfección. La realidad tiende a adelantárseles. —con una caminata medida, y bajo toda la intención de marcar el ritmo, son absorbidos por la elegancia nata de un lugar como esa finca.

Varias personas muestran el mismo nivel de belleza que la propia División, otros enmarcan un estilo propio que los hace distinguir debido a la originalidad. Lo que es seguro, es que con la curiosa mezcla de colores representada en Nyra y Shin, las estrellas parecían bailar entre las nubes.

Hasegawa intentó no perder el foco, y sus ojos se movían con sutileza en el entorno, rememorando los sentidos agudizados de la humink —Confío en no haber depositado mi fe en vano, Madame. —un último susurro, dispuesto a pronunciarse en la cúpula de intimidad que les regalaba la cercanía física. También, una clara referencia al discurso que le brindó a la División entera, y las palabras al oído sobre el hambre y la información indiscreta.

Todo, mientras los elementos dispuestos para la cata gastronómica se abrían paso frente al dúo.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]


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RE: [Aventura T3][P.R] Marines: La Mascarada [Div. 75] - por Hasegawa Shin - 01-06-2026, 01:35 AM

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