[Social- Pasado] Un reloj, Una Sombrilla y un Faro
#3
El faro era enorme. Esa fue, quizá, la única idea que logró quedarse quieta dentro de la cabeza de Kyo mientras avanzaba por aquel camino de piedra con los ojos clavados en la torre blanca que se levantaba sobre el acantilado. Todo lo demás había perdido importancia: ¿El pueblo? No importaba, ya quedaba atrás ¿El monje Daien? No existía, ni él ni las indicaciones de no alejarse demasiado...Se había ido de su mente hasta la razón por la que había llegado a Baterilla en primer lugar. Para Kyo solo existía aquel gigante silencioso, blanco y anaranjado, creciendo amenazante hacia el cielo como si estuviera esperando específicamente a que él lo mirara. Sus sandalias negras golpeaban el suelo con pasos pequeños, el viento le sacudía el cabello peliblanco, las antenitas y el hoodie azul que le quedaba demasiado grande, mientras su camisita blanca larga se movía debajo y sus pequeñas alas asomaban por los cortes torpes de la tela.

Y entonces...El golpe. Alguien chocó contra él. Fue tan repentino que ni siquiera pudo entender de dónde había salido aquel otro niño o porqué ambos ahora rodaban por el suelo entre polvo, quejas y extremidades desordenadas. El cielo, la piedra, una pared blanca y el faro se mezclaron en vueltas confusas hasta que Kyoshiro acabó boca abajo, con la mejilla contra el camino, una rodilla raspada y una de sus antenitas aplastada de forma bastante triste. Por unos segundos no hizo nada. Solo parpadeó, intentando recordar cómo se respiraba, cómo se movían los brazos y por qué hacía un instante estaba viviendo un momento mágico con el faro y ahora tenía tierra en la boca.

Mientras seguía tirado en el suelo, un recuerdo le invadió su mente sin pedir permiso. Meses atrás, en el monasterio, su hermano mayor se había sentado junto a él al atardecer para hablarle del mundo de "allá afuera". Lo había hecho medio en broma, medio en serio, como solía hacer cuando quería asustarlo sin admitir que estaba preocupado. Su adolescente hermano mayor le dijo que existía gente mala, gente que secuestraba niños, que robaba, que engañaba, que obligaba a comer cosas feas y que incluso podía hacerte daño. Kyoshiro en ese momento no había sabido si reírse, asustarse o hacer ambas cosas a la vez. Pero recordaba que, al final, la mirada de su hermano se había vuelto seria. Entendió en su joven e inocente mente que aunque lo dijera con tono burlón, también era una advertencia. Una de esas verdades horribles que los adultos intentaban disfrazar para no romperle el mundo a un niño.

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Kyo levantó la cabeza con la carita sucia, sus ojos muy abiertos y el corazón empezando a correr más rápido que sus propias piernas. Apenas logró ponerse de rodillas cuando una mano lo sujetó del antebrazo y tiró de él con una fuerza inesperada. No entendió nada....No sabía quién era esta persona, por qué lo jalaban, ni por qué de pronto sus pies estaban moviéndose casi por obligación detrás de una niña que corría como si el destino entero dependiera de llegar a algún sitio. —¿Eh...? ¿Eh? ¿Eh...?— alcanzó a soltar, con una vocecita cada vez más quebrada, mientras las casas pasaban a los lados como borrosas manchas blancas y el viento le golpeaba la cara. Pensó en Daien, en su hermano, en el faro, y pensó con auténtico terror que quizá aquello era exactamente lo que significaba salir a conocer el mundo.

Cuando por fin se detuvieron, Kyoshiro terminó sentado entre arbustos, piedras y sombras, con las piernas encogidas contra el pecho y los brazos rodeándolas con fuerza...Tenía miedo. Las mangas enormes de su hoodie casi le cubrían las manos por completo. Frente a él había una niña que no conocía, de vestido azul adornado con flores rojas bordadas, el cabello largo recogido en dos pompones algo desordenados por la carrera. Ella lo miraba con sorpresa. Él la miraba como si acabara de descubrir que las historias de terror también podían usar vestidos bonitos. Su boca comenzó a temblar en un puchero imposible de contener, y sus ojos claros se llenaron de lágrimas brillantes que todavía se negaban a caer.

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Entonces ella gritó: —¡Tú no eres Johnny!— y Kyoshiro dio un brinco en su sitio como si el grito le hubiera pegado directo en el pecho. Las lágrimas se le escaparon de golpe, bajando por sus mejillas sucias mientras apretaba todavía más las piernas contra su cuerpo. Abrió la boca, respiró hondo con todo el drama que cabía en un niño de nueve años y respondió, también gritando: —¡NO ME HAGAS COMER COSAS FEAS NI ME GOLPEES EN MI CUERPITO!— Después rompió a llorar sin ningún tipo de dignidad, cubriéndose parte del rostro con las mangas azules mientras sus antenitas se inclinaban hacia adelante como si también estuvieran asustadas.
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RE: [Social- Pasado] Un reloj, Una Sombrilla y un Faro - por Kyoshiro Germain - 01-06-2026, 01:55 AM

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