Knockin' on Heaven's Door | Privado [Pasado]
#10
A veces olvidaba lo atenta que es su visión para los detalles minúsculos, ¿tan evidente fue el pequeño instante de titubeo? Debía empezar a trabajar en ello, de lo contrario Kuroshiro seguiría desarmando sus espectaculares escenarios circenses, más específicamente en la labor de payaso.

Obvio que se lo devolvería, al menos esperando que aquello finalizase el intercambio con una victoria en su favor, porque estaba entregándose por completo al juego, y no ayudaba que ella lo alimentase constantemente con su sonrisa tan contagiosa. —¡Ni hablar, pequeña Nyri! Soy un excelente profesor, podría enseñarte y asegurar los resultados. ~ —replicó, sin omitir la broma sobre los celos. Nunca fue una persona que cayera en esas emociones dada su extrema seguridad en sí mismo, y eso se veía reflejado en la mirada casi altanera que le dedicó al respecto. —El interés es proporcional a la atracción que veo reflejada en ti, así que sí, debo esforzarme para vivir en esa privilegiada memoria tuya. —mismo tono, mismas intenciones.

Y claramente se refería a términos románticos.

Otro chiste, obvio.

Pero allí finalizarían las tonterías de Hasegawa dentro de la habitación de Nyra, al menos acompañado de la propia anfitriona de aquel espacio, porque cuando volvió a un ritmo increíblemente acelerado para dejar la puerta medianamente presentable, su comentario no tuvo ninguna gracia más que reflejar lo mundano que era bajo su perspectiva el haber destrozado la entrada al afamado dormitorio, dejándose allí las prácticamente nulas preocupaciones, volviendo con Kuroshiro y viendo como casi de inmediato ella también regresa al interior de la base. Shin, como dejó de pensar en sus acciones destructivas una vez "puso todo en su lugar", no se imaginó que sería respecto a ese tópico, y al verla nuevamente, listos para partir, cambiaría de tema al instante.

—Oye, Nyri, acabo de recordar algo. —memorias más lejanas en el tiempo que la playa en Sabakun retornaron a la mente del marine, sobre la conversación que tuvieron antes de abordar el Tempestad en su penúltimo viaje —¡Nunca te conté la historia de como vencí a Kazan! ¿Quieres escucharla? —sin importar lo que ella dijera, sus siguientes palabras serían las mismas —¡Bien! Sucedió cuando ustedes se fueron a dar vueltas por los mares del South Blue y yo me quedé entrenando en Baterilla. —inició el paseo, sería la anécdota que le narraría para llenar el espacio de silencio en el trayecto hacia el hotel.

•••

Comentarios grandilocuentes aparte, Kuroshiro sería testigo de un relato repleto de datos verosímiles con lo que ella habría observado del wotan el día en que fueron secuestrados por esa compleja red esclavista en Kutsukku. El kanaboo, su piel azulada y las habilidades del gigante en el mar, intentando destrozarlo todo a su paso arrasando con aquel puerto. Le resultarían familiares, pues nunca le había mentido al decirle que lo venció limpiamente y sin recibir daños.

Le contó por qué se enfrentaron. Shin fue destinado a liberar aquel muelle de presencia civil, y Kazan se negó a obedecer la orden, tras varias advertencias el albino decidió atacarle con la intención de desarmarlo. También le explicó que era un hombre dispuesto a terminar con la esclavitud, como ellos dos, aunque en ningún momento confesó que se sintió apenado al repetir una buena cantidad de impactos contra su piel que lo terminaron dejando ensangrentado.

El revolucionario iba contra el sistema. A pesar de tener pensamientos similares, vivían en polos opuestos.

Ingresaron al hotel mientras mencionaba los compases finales de la interacción, quienes estaban en la planta baja del lugar observaron al marine asintiendo a modo de saludo y dando a entender una cooperación silenciosa con la "discreción" de la invitada, es decir, Nyra, pero Shin estaba demasiado inmerso en seguir presumiendo su victoria.

Todo lo que Kuroshiro observaba emanaba ostentosidad, calidad y señales de que pasar los días allí valía dinero, uno que sin los fondos de las familias Hiroshi y Hasegawa no se explicaba en los bolsillos de Shin. Era diferente al exceso perfeccionista del cincuenta y uno de Otoño, en la Salle de Bal, pero caminaba en una línea parecida. Las decoraciones de los pasillos estaban estructuradas del mismo modo, como si hubiesen sido perfectamente calculadas aunque con una visión más minimalista.

Mientras llegaban a la puerta de su habitación la historia llegaría a su fin.

—¡Y justo cuando iba a darle el golpe de gracia, lo perdí de vista en el mar! Luego, en Kutsukku, cuando enfrenté al otro wotan descubrí que mi luz se dispersa en superficies cristalinas, así que no habría podido perseguirlo de ningún modo. A diferencia del marine que enfrenté cuando nos secuestraron, Kazan no disparaba agua. Siendo sincero, me pregunto si a día de hoy habrá aprendido a hacerlo... —saca la llave de entre el interior de su uniforme, y la coloca en la puerta. Llegaron ahí tras subir algunas escaleras. —En fin, son cosas que pasan. La próxima vez no se me escapará. —aseguró, asintiendo múltiples veces mientras ingresaba, permitiéndole el acceso también a Kuroshiro.

Lo primero que destacaba es que la suite ocupaba una esquina entera de la planta, era grande y espaciosa a consciencia, como si fuese producto de un capricho. Ahí se notaba que la crianza como niño rico y mimado de Hasegawa no era broma. Otro detalle importante radicaba en la escasez de paredes, predominando ventanales con vistas hermosas del Reino de Ran, donde los magníficos colores de las estructuras en los alrededores rellenaban de estímulos la visión, pudiendo encontrar miles de puntos nuevos en los cuales perderse varios minutos observando.

El exterior se mantenía presente entre cristales y la enorme iluminación natural. Sin embargo, con un vistazo más profundo del entorno y considerando que Shin estaba ahí hace varios días, lo segundo que podía detectarse era un extraño vacío que no se vislumbraba con facilidad. Luego, ganaba sentido en la carencia de objetos innecesarios decorando el entorno. No existían recuerdos de ninguna isla anterior, ni fotos o cuadros de gusto del marine, aspecto extrañamente curioso considerando la inquieta imaginación que siempre exhibe.

Los únicos vestigios de algo remotamente parecido a la 'humanidad', estaban en el pañuelo que Kuroshiro le regaló, en la mesita de luz del lado donde siempre dormía de la enorme cama matrimonial en la habitación, y la ropa que compró junto a ella, guardada en el armario del mismo espacio. Pero como la cama estaba separada de la sala que ganaba protagonismo al ingresar, Nyra no podría darse cuenta de ello.

El salón compartía espacio con la cocina y el comedor, y al igual que en el dormitorio, destacaban las privilegiadas vistas al exterior. Todo estaba limpio como si hubiese obsesión tras la pulcredad, el aroma a nuevo mezclado con los típicos perfumes de Shin invadían con suavidad el olfato, los pies parecían pedir permiso a cada paso con el refinado material del suelo, y la madera de los muebles brillaba casi tanto como una piedra preciosa.

Hasegawa lo tenía normalizado, amaba eso, era innegable, especialmente con términos minimalistas pero visiblemente costosos como lo que definía a su suite, pero al margen de ello y de que todo lo pagaban los fondos familiares, tras cerrar la puerta y permitirle a Nyra acostumbrarse al nuevo entorno, le indicaría donde iniciarían las "clases".

—A que está bien el lugar, ¿eh? —menciona con una sonrisa de oreja a oreja, enalteciendo el espacio al mismo tiempo en que abría los brazos y caminaba hacia lo que aparentaba ser el centro del lugar.

—Nos quedaremos aquí. ¿O tenías ilusión de conocer mi dormitorio, hm? —cuestionó, con un tono claramente coqueto. Pero no tardó en sacar un lápiz y un cuaderno de un cajón, colocándolo en la amplia mesa de la sala. Independientemente de donde se sentase la rubia, Shin colocaría su Den Den Mushi sobre la madera en un costado alejado y se ubicaría exactamente al lado de ella.

—Ponte cómoda. Y espero que por hoy no tengas planes, estarás todo el día conmigo. —habían acostumbrado a pasar tiempo juntos, pero no tanto, esa ocasión sería probablemente la primera vez en que pasarían un rato bastante largo interactuando.

Con los días que quedaban, si no era de aprendizaje rápido se quedarían cortos, por ende debían ser clases intensivas.

Algo en su interior le decía que, conociéndola, daría la talla.
[Imagen: vEBNZb3.png]
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RE: Knockin' on Heaven's Door | Privado [Pasado] - por Hasegawa Shin - 01-06-2026, 07:14 AM

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