Día 33 de Invierno | Año 17
Isla Neur
Isla Neur
La hermosa isla de Neur tenía todo para que cualquiera pudiera vivir con calma. Era segura, era limpia, era próspera. La base G-65 de la Marina se encargaba de garantizar que los piratas no fueran un problema para sus habitantes, quienes preferían una vida pacífica y tranquila que se armonizaba con la elegancia que irradiaba desde el Castillo de Gagner. Para muchos visitantes, era un lugar con clase. Los guardias del reino, que estaba asociado con le Gobierno Mundial, se dedicaban principalmente a cumplir con sus labores y podría decirse que el sitio simplemente estaba bien administrado.
Tan calma, igualmente, era motivo de descontento para algunos. Especialmente los jóvenes que buscaban vivir aventuras o experiencias intensas. ¿Cómo vas a hacer de tu vida una experiencia si todo está siempre en su lugar? Quizás si existiera algo más que pasara...
Pero claro que pasaban cosas en Neur, solo que no siempre llegaban a boca de todos. Y por supuesto que esto solía crear muchos rumores. Especialmente estaba una historia que se había hecho popular últimamente sobre una criatura. Era una criatura pequeña similar a un cachorro de perro, que iba por la isla caminando en sus dos patas traseras y sacudiendo a lo alto sus patas delanteras, mientras su pancita se mecía al ritmo del caminar y con una música que extrañamentela gente tarareaba. Había teorías sobre quién causaba esto. Pero lo más probable es que fuera un caso más de exageraciones para hacer la vida de Neur más interesante.
Y podríamos dejar allí todo el asunto. Pero la conversación sobre la criatura, que pasó a ser denominada de varias formas. Patrón del flow. Imparable watón. Brutal Bailarín. El Legendario sonrisas. Y alguien más popularizó Electric bugaloo. De tantos nombres, terminaron juntando las letras y lo llamaron Pibble. Y Pibble fue tema de conversación para rato durante el final del otoño y el inicio del invierno.
Se repartían volantes por la isla para que la gente fuera a buscar a Pibble y se armaban diferentes paseos. Era la sensación del momento y muchas veces solo eran excusas para hacer fiestas en la playa o caminatas a través de la isla. Y a nuestros dos héroes de esta aventura les habrían dado uno de estos volantes. Sonaba como a una buena idea para poder compartir tiempo a solas nuevamente y hacer algo durante el día. El volante indicaba que el encuentro sería en la mañana en la catedral, y de allí irían a dar un paseo...
Volante
A lo mejor sí podria ser una aventura. Y la persona que les había dado el volante parecía ser alguien bastante animo y feliz, incluso iba bailando mientras continuaba su paso, moviendo las rodillas a un ritmo constante y sacudiendo una panza falsa que se había llenado, claramente, con trapos.
Just the way you are

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