[Priv. | Pasado] Los niños del mar
#7
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold

─ ♚ ─
El hombre cargo hacia ella y Nyx retrocedió esperando el ataque, la única arma visible de ese bandido ahora estaba entre ambos en la arena y mientras el enojo nublase su razón, la Archeron sabía que no tendría que volver a preocuparse por el arma de fuego. Espero a que estuviese cerca, mucho más cerca de ella, cuando él extendió los brazos para atraparla Nyx avanzó en vez de retroceder.

Apretó los dientes, ignoró la quemazón constante de su hombro, sujetó su muñeca girando sobre si misma para meter la cadera bajo el centro de gravedad ajeno. El impulso, hizo el resto.

El golpe seco llegó al segundo después y Nyx lo hubiese reducido a punta del dolor de ese brazo que aún sostenía entre sus manos si la herida del hombro, con ese malestar punzante que le recorrió por el centro de la espalda en un segundo, no le hubiese hecho soltarlo al instante que logró reducirlo contra el piso.
Tenía que cambiar la estrategia y rápido.

– Maldita perra, cuando te atrape quedarás irreconocible – amenazó mientras se levantaba con rapidez de la arena. Ambos, envueltos en su propio caos, no tuvieron tiempo para observar lo que ocurría a su alrededor, pasando por alto la forma eficiente en que la tempestad del puerto acababa de reducir a sus otros dos compañeros.

Nyx espero el siguiente ataque, asegurándose de que el centro de su cuerpo estuviese bien balanceado para desviar y golpear a la vez, la herida de su hombro tenía que aguantar hasta que ella decidiera lo contrario. Sin embargo, antes de que el bandido volviese contra ella, fue el destello de aquellos ojos rojos, atravesando el caos, que irrumpió directo en el azul de los propios.

El bandido cayó al instante.

Y esa voz…
Esa voz fue la que logró hacer que su mundo se tambaleara antes de que la oscuridad la reclamara.


La inconciencia la recibió con la dulzura de un beso de un amante, como si la hubiese estado esperando durante demasiado tiempo, paciente, hasta el instante en que pudiese tenerla entre sus brazos. En medio de la oscuridad, la Archeron fue consciente de su cuerpo, desnudo y vulnerable sobre el suelo frío y húmedo, con un movimiento elevó las manos hacia su rostro, como si necesitara asegurarse de que aún tenía todas las extremidades. Veía la humedad en los dedos, pero no la sentía ahí. El frío recorría su cuerpo sin que hubiese brisa y, solo entonces comprendió que no provenía del exterior, sino de ella misma, como si se hubiese filtrado bajo su piel y ahora habitara en su interior comenzando a tomar lo que ella era.

Lentamente se sentó sobre esa oscuridad, y durante un instante creyó estar sola…fue entonces cuando la vio: Aelira. Sentada sobre uno de los sofás del salón de sus padres, riendo, llenando de vida el ambiente solo con su presencia, su real presencia, como única luz que sostenía la escena en medio de la negrura. La veía mover la boca. Ecos de palabras que no conseguía entender llegaban hasta ella, deformadas, como si hubiese sido pronuncias desde otro lugar. Sonreía, pero no era una sonrisa que pudiese alcanzar.

Nyx se levantó del suelo, sintiendo el peso de esa humedad que parecía querer retenerla pero ella… Ella avanzó sin cautela, con urgencia, sin saber en que momento su paso se convirtió en una carrera angustiante…La única certeza era que necesitaba llegar a ella, a esa imagen que no parecía mirar el cuarto a su alrededor, sino a Nyx, directamente a Nyx.

Y en su intento desesperado de alcanzarle… la distancia no cambiaba.
Y entonces, con un simple chasquido, todo comenzó a romperse.

La escena se desdibujó ante sus ojos: los rostros de sus hermanas y sus padres se superpusieron, las figuras se deformaron y la voz de Aelira se mezcló con otras. Fragmentos de recuerdos y personas, instantes inconexos que se apilaban unos sobre otros sin orden ni sentido.

El suelo se inclinó bajo sus pies descalzos y la carrera se volvió cuesta arriba. El frio tiró de ella con más fuerza, aferrándose a sus piernas desnudas como si un millar de manos intentasen arrastrarla de vuelta y entonces, sin transición, ese hombre apareció allí para volver a atacarla en medio del vacío, en medio de la amenaza, mostrándole que era capaz de tomar todo cuanto ella amaba solo por el placer de destruirla.

Nyxara Archeron peleó de regreso contra esa oscuridad en forma de hombre mientras el volvía a asfixiarla y ella volvía a probar el sabor de la sangre en un intento de quitárselo de encima, el volvía a golpearla para hacerle perder el sentido…iba a ganarle, esta vez iba a ganarle.  



“No es personal, solo tengo que guardar las apariencias”



El mar de sus ojos se abrió de súbito, pero aquello no era un despertar, sino un peso: el dolor concentrado en la nuca mientras el mundo intentaba dejar de balancearse a su alrededor. Su mirada recorrió el techo sobre su cabeza quedándose un momento más en esa posición, intentando asimilar donde terminaba la inconciencia y comenzaba la realidad.

Lentamente, inspiró.

Durante un segundo, aun percibió el puerto...el vaivén al bajar del barco, la humedad del rocío matutino sobre su piel ondulando sus cabellos, el aroma a pescado, sal y madera mezclados, colándose incluso a través de sus sentidos atenuados. La sonrisa demasiado amplia de una niña…el eco de los gritos en la playa.

“Sara”

La preocupación apareció antes de que asimilara el entorno, antes que ella misma.


Entonces, llego el dolor.

Ese latido sordo sobre la piel que estaba entre su hombro y su clavícula, el malestar familiar de una herida demasiado reciente. Sus cejas se arquearon sobre el mar de sus ojos, dibujando esa ligera expresión de desconcierto sobre su rostro de líneas finas y pecas dispersar que aún luchaba por anclarse al presente.

Fue entonces cuando lo sintió: la presión de las vendas sobre su hombro.
Debajo de su blusa.


Alguien había tratado su herida, alguien había tenido que quitarle el abrigo y la tela empapada en sangre para curarla ¿habría detenido la mirada sobre la constelación de tinta que bañaba su piel? En aquella montaña coronada por astros que nacía sobre el inicio de su pecho generoso para desvanecerse bajo la tela oscura en secretos que no le pertenecían. 

Fue instintivo. Sus dedos descendieron hacia el cuello de esa tela negra solo para asegurarse que seguía allí, en su sitio.  

No es que le diese vergüenza su desnudes, si ella hubiese tenido que tomar una decisión práctica con una persona herida, seguramente hubiese hecho exactamente lo mismo. Lo que le molestaba de eso era algo mucho mas complejo de tolerar para alguien como ella, era la certeza de haber estado a merced de otra persona.

Lentamente, inspiró. 
Como si aquel gestó le ayudase a controlar la peligrosa tensión que no le dejaría tomar espacio sobre ella…porque si lo hacía…


Se obligó a abandonar la atención de su cuerpo para centrarla en su entorno; en como se hundía sobre la superficie blanda y cómoda, pero demasiado pequeña para ser una cama.

“Un sofá”

El mar de sus ojos registro el resto de la habitación, la mesa de centro donde aún estaban retazos de vendas, tijeras y antiséptico utilizado para tratar su herida. La puerta a unos metros más allá ¿podría correr y llegar hasta ella si fuese necesario? Lo dudaba, no en ese estado. La luz de la tarde filtrándose desde algún punto comenzando a llenar de penumbras el entorno, su abrigo sobre una silla vieja. Mas allá, unas escaleras hacia una segunda planta. Cada detalle registrado con la cautela de quien despierta en territorio desconocido y espera que, de un segundo a otro, algo le saltase encima. No necesitaba más para despejar su mente, sabía que no estaba en el barco, ni en el puerto…

Entonces, regresó su recuerdo.

No fue la violencia contenida de su voz, ni la calma impropia de quien amenaza con certeza, fueron aquellos ojos los que regresaron primero…como si alguien hubiese encerrado un incendio, justo ahí, detrás de esos párpados.

Lentamente se incorporó sobre el sofá, girando el rostro hacia la otra dirección de la habitación para encontrarlo en la ventana. El recuerdo cayó sobre ella y sobre lo que había hecho con ella en mitad de ese enfrentamiento con una claridad incomoda: la había apartado del combate, la había llevado hasta allí, había tenido el descaro de quitarle la ropa para curarla, tomando todas las decisiones por ella sin consultarle, como si alguien le hubiese dado al extraño el poder del rey para decidir por sobre lo que ella pudiese hacer.

El cuerpo de Nyx se tensó, podía entender la lógica detrás de su actuar, podía incluso compartir sus métodos, pero comprender el “por qué” no significaba que lo aceptara. Sobre todo, si ese hombre que ahora observaba hacia la luz de la tarde, la obligaba a tomar ese papel que tanto detestaba: donde alguien pretendía ponerla por debajo de lo que era. Y el hombre que se creyera capaz de hacerle alzar la mirada terminaría enfrentándose a la tormenta que guardaba en el interior, Nyx estaba muy segura, que solo ella quedaría en pie después de aquello. Siempre había sido así, con cualquier desgraciado que lo hubiese intentado.

Porque Nyxara Archeron no había nacido para alzar la mirada ante nadie.

Y, a pesar de todo aquello, el mar de sus ojos tardo un segundo más en apartarse de su semblante masculino. No por agradecimiento ni mucho menos por confianza, sino por la insolencia contenida en su apariencia, por ese descaro absoluto y absurdo de alguien que era capaz de tomarse tantas molestias y libertades con ella, para después permanecer allí, de pie, como si estuviese esperando las consecuencias.

¿Lo que más la irritaba? No era solo lo anterior, era esa seguridad de que él sabía que ella ya había despertado y, aun así, decidía quedarse observando por la ventana sin tomarse la molestia de girarse.

Se incorporó y el hombro herido le reclamó al instante, sin embargo, ella no le permitiría al dolor tomar presencia. Su cabeza terminó de registrar lo que había a su alrededor al momento que el mar de sus ojos se detuvo en esas espadas que reposaban tranquilas sobre una mesa cercana, que supuso, servía para comer. Por un instante contuvo el aliento, podía alcanzarlas, podía tomar ese acero y recordarle a ese extraño exactamente quien era ella al posicionarlas en la línea de su cuello.

“No”

...Y algo parecido a una sonrisa cruzó por sus labios carmesí.
Si iban a jugar, sería en su terreno.

Porque Nyxara Archeron no necesitaba la falsa ventaja del acero para demostrarle exactamente a ese extraño quien era ella. Con esa gracia felina y silenciosa, esa que le había permitido colarse en lugares donde no tendría que haber estado, acortó la distancia hacia él. A pesar de ser consciente de lo que ese hombre era capaz de hacer, se posicionó a su espalda cerrándole el paso entre la ventana, la pared y ella. Si quería avanzar hacia las armas, tendría que reducirla primero.

Se detuvo a medio paso de él con toda la seguridad insolente de una reina que no ha aprendido a inclinar la cabeza ante nadie, y ese medio paso de distancia, era la agresión directa al territorio que otros considerarían personal; el aroma varonil, esa nota limpia y masculina, se deslizó hasta ella de forma inesperada. Su olfato, ese que llevaba años negándole la importancia a esa clase de detalles, decidió registrarlo contra su voluntad.

Otro motivo más para su irritación.

– ¿Es costumbre tuya secuestrar mujeres después de dejarlas inconscientes o debería sentirme especialmente afortunada? – cerca, peligrosamente cerca, pero no lo suficiente para tocarlo.

Aún.

– Golpearme para sacarme de combate fue una decisión cuestionable, una que no permitiré que vuelva a ocurrir – el mar de sus ojos se encontró con el incendio que estaba en los contrarios, pero ella…

Oh ella…

Ella estaba perfectamente dispuesta a descoronar al rey.

– Desnudarme para curarme …– la frase quedó suspendida entre ambos, mientras su pecho amplio subió y bajo en la única inhalación, como si necesitara el gesto para continuar – era necesario – Lo admitió. Porque mentir en esa situación seria ridículo, pero aquello no suavizó el filo de su mirada, como siempre lo hacía antes de que el mar de sus ojos se transformara en tormenta – Pero asumir que puedes decidir ambas cosas por mí – sus oscuras pestañas descendieron apenas un instante – fue tu primer error – ella se inclinó ligeramente hacia él. Quizás una alerta, quizás una amenaza, la distancia suficiente para que el pudiese percibir el perfume de su piel mezclado con la sal – No vuelvas a confundirte – Su rostro se inclinó apenas hacia un lado, y esas hebras bañadas por fuego, resbalaron por el costado de uno de sus hombros – No soy una mujer que puedas mover de un sitio a otro como se te de la gana – El mar de sus ojos recorrieron un momento ese semblante varonil con estudiada lentitud. No estaba admirándolo, estaba midiéndolo y decidiendo sobre el en ese preciso instante – Si vuelves a ponerme las manos encima sin mi permiso – su voz se transformó en ese murmullo de seda – Voy a quebrarte los dedos –

No retrocedió, tampoco aparto la mirada. Si él creía que encontraría docilidad después de lo ocurrido, estaba muy equivocado. Para su pésima suerte, ella no era esa clase de mujer, porque Nyxara Archeron no cedía terreno.

Lo ganaba y lo hacía propio.

– ¿Dónde está Sara? –
Léeme
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RE: [Priv. | Pasado] Los niños del mar - por Nyxara Archeron - 01-06-2026, 08:56 PM

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