01-06-2026, 09:13 PM
Al final, no entré de vuelta a la base. Iba a pedirle un momento a Shin, pero enseguida empezó a contar la historia del combate contra Kazan, ¡y yo tenía mucha curiosidad al respecto!
Tanto me interesó, que apenas me di cuenta de que pasó el tiempo hasta que llegamos al hotel, cuya puerta de entrada ya captaba toda mi atención por su amplitud y pulcritud. Por supuesto, seguí escuchando con total atención, pero mis orejas se alzaban por el interés mientras mis pupilas viajaban descaradamente por todo lo que hallaban sin detenerse más de tres segundos ante nada por la necesidad de observar todo lo demás: las pequeñas plantitas de decoración en la entrada, el uniforme de los empleados, las lámparas, el suelo aterciopelado en una zona de espera con sillones y sillas aparentemente suavísimas y hasta las ropas de los otros huéspedes. No podía evitar preguntarme cómo sería tocar todas aquellas texturas, aunque por supuesto en ningún momento me alejé de mi compañero. ¡Pero es que no podía evitarlo! ¡Todo estaba tan nuevo, limpio y brillante! ¡Y las zonas eran tan amplias, luminosas y despejadas! ¡Era todo tan bonito y perfecto! Y, seguramente, bastante caro…
¿Cómo era posible que en sólo unos veinte días haya estado en los dos edificios más impresionantes de mi vida?
La historia fue concluyendo mientras hablábamos por el último pasillo y, aunque la curiosidad guiaba mi mirada allí donde un nuevo objeto entraba en mi campo de visión.
—¡Anda, no sabía eso! —exclamé volviendo a él mi sonrisa, genuinamente interesada, pues no había perdido detalle—. Entonces tendremos que tener cuidado cuando nos toque combatir desde el barco, supongo. ¡Y también cuando un wotan o gyojin use la misma técnica! Por suerte, Dimitri y Hae-won lo mismo no tienen ese problema~.
En cuanto se abrió la puerta, mis iris parecieron agrandarse debido a la sorpresa, hasta el punto en que no pude evitar que un suave “uaaaah” escapase de mis labios mientras observaba alrededor al entrar.
Shin no tardó en adelantarse y caminar hacia el centro de la estancia, extendiendo los brazos a ambos lados. ¡Era enooorme!
—¡¿Bien?! —exclamé impresionada—. ¡Es increíble!
Mientras hablaba, y sin dejar de mirar hacia los ventanales, me coloqué a un lado de la puerta y junté los pies antes de quitarme los zapatos simplemente apretando el uno contra el otro y sacando los talones, quedándome nuevamente en calcetines. ¡El suelo estaba demasiado limpio como para ensuciarlo!
Reí brevemente ante su broma respecto al dormitorio e ignorando a propósito el segundo significado, buscándolo un momento con la mirada.
—La verdad es que tengo curiosidad por todo lo que hay aquí. Espera, ¡¿tienes cocina?!
Mis pasos se dirigieron de inmediato hasta allí. Nunca había estado en un hotel que tuviera cocina en la habitación. ¡Eso era una casa! ¡Hala, una mesa isla! ¡Las amo! ¡Son tan prácticas! ¡Y la nevera era enorme! ¡Y el fuego parece nuevo!
—¡¿Esa es la ciudad?!
Mis pasos avanzaron hasta el ventanal más cercano, dejándome caer de rodillas en el suelo mientras miraba hacia abajo al tiempo que mi cola barría el suelo. No tenía ningún miedo, pero no podía evitar cierta sensación de como que fuera a caerme. ¡Nunca había visto una ciudad desde tan alto!
—¡Halaaaaaa! ¡Qué pequeñito se ve todoooo! ¿Se verá la gen…?
Un pequeño golpe se escuchó cuando intenté inclinarme más hacia delante para intentar ver más hacia abajo, olvidando la presencia del cristal por la pulcritud del mismo. No me hice daño, pero miré sorprendida la superficie transparente. Por suerte, como le había dado contra el flequillo, no quedó mancha alguna.
Cuando busqué a mi compañero con la mirada, este ya tenía una libreta en la mano, así que me apresuré a levantarme y a sentarme en la mesa que tenía junto a él, dispuesta a empezar la clase.
—¡No te preocupes! Hice mi turno por la mañana y mañana es mi día libre, así que no importa si terminamos tarde tampoco. ¡Tengo muchas ganas de aprender~!
Sin embargo, algo captó mi atención en el borde de la mirada, a un lado de la mesa… ¡el Mushi Mushi!
—¡Shin! No me has dicho aún el nombre de tu Mushi Mushi. ¡Eso no puede ser! —Espera, lo que me recuerda...—. Por cierto, ¿no deberíamos llamar a la base? Tendríamos que avisar de…
Mis iris habían buscado los suyos, pero tanta novedad me desconcentraba y de repente fue el sofá tras Shin el que captó toda mi atención. ¡Era tan grande! ¡Y parecía tan suaaave y mullido!
—Oye, Shin, ¿voy a tener que escribir? —inquirí curiosa—. Digo, no me importa, pero si no es el caso… ¿podemos estudiar en el sofá~?
No pude evitar un pequeño tonito de ilusión al final de la oración mientras mi cola se movía nuevamente tras de mí. ¡Tenía muchas ganas de tocar esa tela!
Tanto me interesó, que apenas me di cuenta de que pasó el tiempo hasta que llegamos al hotel, cuya puerta de entrada ya captaba toda mi atención por su amplitud y pulcritud. Por supuesto, seguí escuchando con total atención, pero mis orejas se alzaban por el interés mientras mis pupilas viajaban descaradamente por todo lo que hallaban sin detenerse más de tres segundos ante nada por la necesidad de observar todo lo demás: las pequeñas plantitas de decoración en la entrada, el uniforme de los empleados, las lámparas, el suelo aterciopelado en una zona de espera con sillones y sillas aparentemente suavísimas y hasta las ropas de los otros huéspedes. No podía evitar preguntarme cómo sería tocar todas aquellas texturas, aunque por supuesto en ningún momento me alejé de mi compañero. ¡Pero es que no podía evitarlo! ¡Todo estaba tan nuevo, limpio y brillante! ¡Y las zonas eran tan amplias, luminosas y despejadas! ¡Era todo tan bonito y perfecto! Y, seguramente, bastante caro…
¿Cómo era posible que en sólo unos veinte días haya estado en los dos edificios más impresionantes de mi vida?
La historia fue concluyendo mientras hablábamos por el último pasillo y, aunque la curiosidad guiaba mi mirada allí donde un nuevo objeto entraba en mi campo de visión.
—¡Anda, no sabía eso! —exclamé volviendo a él mi sonrisa, genuinamente interesada, pues no había perdido detalle—. Entonces tendremos que tener cuidado cuando nos toque combatir desde el barco, supongo. ¡Y también cuando un wotan o gyojin use la misma técnica! Por suerte, Dimitri y Hae-won lo mismo no tienen ese problema~.
En cuanto se abrió la puerta, mis iris parecieron agrandarse debido a la sorpresa, hasta el punto en que no pude evitar que un suave “uaaaah” escapase de mis labios mientras observaba alrededor al entrar.
Shin no tardó en adelantarse y caminar hacia el centro de la estancia, extendiendo los brazos a ambos lados. ¡Era enooorme!
—¡¿Bien?! —exclamé impresionada—. ¡Es increíble!
Mientras hablaba, y sin dejar de mirar hacia los ventanales, me coloqué a un lado de la puerta y junté los pies antes de quitarme los zapatos simplemente apretando el uno contra el otro y sacando los talones, quedándome nuevamente en calcetines. ¡El suelo estaba demasiado limpio como para ensuciarlo!
Reí brevemente ante su broma respecto al dormitorio e ignorando a propósito el segundo significado, buscándolo un momento con la mirada.
—La verdad es que tengo curiosidad por todo lo que hay aquí. Espera, ¡¿tienes cocina?!
Mis pasos se dirigieron de inmediato hasta allí. Nunca había estado en un hotel que tuviera cocina en la habitación. ¡Eso era una casa! ¡Hala, una mesa isla! ¡Las amo! ¡Son tan prácticas! ¡Y la nevera era enorme! ¡Y el fuego parece nuevo!
—¡¿Esa es la ciudad?!
Mis pasos avanzaron hasta el ventanal más cercano, dejándome caer de rodillas en el suelo mientras miraba hacia abajo al tiempo que mi cola barría el suelo. No tenía ningún miedo, pero no podía evitar cierta sensación de como que fuera a caerme. ¡Nunca había visto una ciudad desde tan alto!
—¡Halaaaaaa! ¡Qué pequeñito se ve todoooo! ¿Se verá la gen…?
Un pequeño golpe se escuchó cuando intenté inclinarme más hacia delante para intentar ver más hacia abajo, olvidando la presencia del cristal por la pulcritud del mismo. No me hice daño, pero miré sorprendida la superficie transparente. Por suerte, como le había dado contra el flequillo, no quedó mancha alguna.
Cuando busqué a mi compañero con la mirada, este ya tenía una libreta en la mano, así que me apresuré a levantarme y a sentarme en la mesa que tenía junto a él, dispuesta a empezar la clase.
—¡No te preocupes! Hice mi turno por la mañana y mañana es mi día libre, así que no importa si terminamos tarde tampoco. ¡Tengo muchas ganas de aprender~!
Sin embargo, algo captó mi atención en el borde de la mirada, a un lado de la mesa… ¡el Mushi Mushi!
—¡Shin! No me has dicho aún el nombre de tu Mushi Mushi. ¡Eso no puede ser! —Espera, lo que me recuerda...—. Por cierto, ¿no deberíamos llamar a la base? Tendríamos que avisar de…
Mis iris habían buscado los suyos, pero tanta novedad me desconcentraba y de repente fue el sofá tras Shin el que captó toda mi atención. ¡Era tan grande! ¡Y parecía tan suaaave y mullido!
—Oye, Shin, ¿voy a tener que escribir? —inquirí curiosa—. Digo, no me importa, pero si no es el caso… ¿podemos estudiar en el sofá~?
No pude evitar un pequeño tonito de ilusión al final de la oración mientras mi cola se movía nuevamente tras de mí. ¡Tenía muchas ganas de tocar esa tela!
