Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve.
#20
El frío empezaba, nuevamente, a colarse entre su ropa haciendo que su piel sufriera la sensación de ser pinchado por miles de agujas al mismo tiempo. Se habría quejado con ganas en otro momento y; sin embargo, ahora el helado clima de Drum era el menor de sus problemas.
 
¿Dónde estaban esos hombres?
 
Varias veces escaneó el área intentando buscar el sombrero de cactus que uno de ellos llevaba en la cabeza. Lo único en verdad reconocible como para permanecer en su memoria el tiempo suficiente y; sin embargo, estaba consciente de que el peligro venía multiplicado por… ¿Por cuánto?
 
¿Cuántos en esa feria eran cazadores?
 
¿Solo el tipo del sombrero? La mujer del látigo no parecía interesada en esas cosas, pero ¿Podría descartarla? No estaba seguro… ¿Y qué hay del resto? Cada vendedor, cada trabajador…Incluso los de la limpieza podrían estar implicados.
 
¿Qué hacer?
 
Irse ahora, así sin más, podría llevar a que alguien lo siguiera hasta el barco, que estaba… ¿En dónde estaba? ¡Mierda! Lo había olvidado, tendría que llamar a Maki para que lo fuera a buscar, pero antes…
 
—¿Eh? —Un disparo al aire lo hizo espabilar. Por inercia tapó sus oídos ante el ruido molesto del cañonazo. No era nada que no hubiera escuchado antes, pero eso no significaba que se relajara ante el peligro inminente. —¿Qué mierda pasa en este lugar? Todos están dementes.
 
Su mirada, más atenta que en cualquier otro instante desde que llegó a la feria, no tardaron el localizar al responsable de aquel disparo…Claro, el reluciente y blanco uniforme ayudó a identificarlo con mucha más facilidad y ni que decir de la molesta voz que se elevó en el lugar, tal como si aquel hombre se hubiera tragado un altavoz.
 
De nuevo, todas eran situaciones que lo habrían hecho fruncir el ceño y rodar sus ojos, pero ahora…ahora que era consciente de que su cabeza tenía un precio, estar frente a un marine lo hizo sudar frío… ¿Era una maldita broma?
 
—¿Qué tanto puede empeorar mi suerte en un solo día? ¡Ah! Solo quería explorar la puta feria y conseguir el peluche de hipopótamo lanudo —Eso último ya era un capricho y nada más —… Todo por culpa del tipo del sombrero raro ¡Maldito cara de ver…! —El insulto quedó a medias cuando el marine volvió a disparar.
 
—¿300 metros? ¿Cómo voy a saber cuántos son 300 metros? —No gritó sus palabras, solo refunfuñó entre dientes mientras que, al intentar moverse de su lugar, sus botas se deslizaron en la nieve por un instante en el que tuvo que sostenerse del borde del puesto de comidas en el que estaba recostado para evitar caerse, pero, apenas se estabilizó, sus ágiles piernas no dudaron en empezar una carrera que, de ser una competencia, habría ganado, pues no le importó tener que pasar por encima de algunos o empujar a otros para alejarse del sitio lo más rápido posible.
 
Lo único que, por un momento, frenó su andar, fue un tropezón que, aunque no lo derribó, lo desestabilizó y lo hizo mirar hacia el suelo ¡Que suerte! Justamente era uno de esos peluches a los que le había puesto el ojo encima. Estaba lleno de nieve y algo de lodo…pero con una buena lavada seguro que se arreglaba.
 
Tomó al peluche, no con mucha delicadeza, más bien lo tomó como un ladrón que pasa en una patineta y te roba el den den mushi, pues su carrera no podía disminuir si quería alejarse de esa feria endemoniada que parecía ser un peligro para él, mirara por donde mirara.
 
No supo cuanto tiempo estuvo corriendo, pero llegó un punto en donde incluso la mochila en su espalda se le hizo pesada. Sus piernas temblaban y su respiración estaba agitada. El médico se detuvo por fin y tomó aire para luego mirar a su alrededor. Debía comprobar que estaba 100% seguro.
 
La calle en la que terminó era amplia, parecía una de las vías principales. Los árboles de cerezo adornaban los lados y, a esa hora, los negocios abiertos y el ir y venir de la gente común, le dio tranquilidad. Respiró hondo…las personas ahí estaba muy preocupadas por sí mismas como para ser conscientes de lo que había pasado más allá, en la feria.
 
Por fin podría descansar. El médico entró a una cafetería, claro, no sin antes haberse ajustado su gorro de lana y sus guantes, incluso rebuscó una mascarilla en su bolsa, de esas médicas, si alguien preguntaba diría que estaba enfermo, aunque él nunca se enfermaba de manera natural, pero…nadie tenía que saber eso.
 
Cuando pudo sentarse en una de las bancas, dejó a un lado el peluche y abrió su maleta...Miró el cofrecito que había tomado de la horrible sala de los martillos y, por un segundo, pensó en abrirlo, pero esperaría a regresar al barco, así que la guardó más a fondo para que no se le perdiera. Cuando el cofre estuvo bien resguardado, sacó un den den mushi…debía hacer una llamada importante. El animalito emitió algunos sonidos y, después, una voz femenina se escuchó del otro lado.
 
—Oye, Lagarta… ¿Puedes venir por mi al pueblo? No recuerdo donde está el barco ¡Ah…! Y también tengo algo que contarles —. Claro, le contaría sobre los carteles…tal vez después, cuando hablara con sus compañeras, se daría cuenta de que sus recompensas no eran ninguna novedad.
 
 
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]


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RE: Presente Absoluto / T4 La arena en la nieve. - por Hyákinthos - 02-06-2026, 06:21 AM

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