02-06-2026, 08:13 AM
Ahora podía relajarse y, con ello, pudo darse el lujo de contemplar el interior de aquella “oficina” y no, no era la típica oficina con un escritorio, anaqueles y una pila incontable de papeles, pues, ahora que se fijaba bien, había llegado nada más y nada menos que a la enfermería.
La luz blanca, las camillas dispuestas en una esquina, el escritorio pulcro y con algunas esculturas en miniatura que buscaban simular algunas partes de la anatomía humana que él conocía muy bien al haberlas sostenido en sus propias manos en más de una ocasión, como el corazón, por ejemplo, además…como cereza sobre el pastel y, lo que más llamó la atención del pelirrosa, fueron aquellas estanterías en las que textos de distintas ramas de la medicina estaban perfectamente ordenados. Su corazón dio un vuelco…algo bueno tenía este trabajo que creyó sería un completo infierno.
Claro que, esto no quería decir que no estuviera escuchando las palabras del pelirrojo; sin embargo, por un par de segundos, su atención se vio desviada hacia la pila de conocimiento que podría obtener en ese lugar, después de todo… ¿Cuántas libros habría a los que solo el gobierno o la marina tenían acceso?
—¿Um? —Giró su cabeza levemente cuando escuchó algo sobre una sopa ¿Qué quería decir el otro hombre con eso? ¿Era algún término de la marina con el que no estaba familiarizado? Rafael no le había hablado de eso. Sacudió la cabeza y prefirió no decir nada, se limitó a sonreír y a que sus ojos observaran, nuevamente, a su nuevo compañero que… ¿Se había presentado? No…estaba seguro de que no.
—Ah…sí…Un guía me vendría bien. Ni siquiera sé en donde será mi habitación…Creí que el capitán de la base estaría informado —. El pelirrosa se encogió de hombros. Se dio cuenta, tarde, de que estaba empezando a hablar mucho y con un tono que no correspondía al de un marine novato hablando con alguien que quizá era su “superior” … ¿Cómo saberlo? El pelirrojo no le había dicho su rango aún. —¡Ah! Disculpe, oficial…es cierto que soy médico…pero soy nuevo en la marina. Hay muchos protocolos que aun desconozco. Tengo una memoria un poco mala para eso y el entrenamiento fue hace…meses, de todos modos, fue más enfocado en primeros auxilios que en formalidades militares —. Mintió, algo que se le daba bastante bien.
—Y antes de que se me olvide… ¿Cómo debería tratarlo a usted? —Decidió ser lo más formal posible con el marine, simplemente para no levantar sospechas, aunque…ahora que lo notaba… ¿No lucía demasiado relajado para ser uno de los perros del gobierno? Eso no estaba en sus cartas. La mayoría de los marines con los que habían tratado en el pasado eran unos egocéntricos, presumidos o muy correctos como para dejarse llevar por cualquier cosa y, las pocas excepciones…bueno…terminaban siendo más criminales que él mismo.
—¿No hay problema que vaya a la cafetería si no me he reportado? Oficial...¿Eh?...Creo que no me ha dicho su nombre ni rango...Jmmm...¿Cómo debo llamarlo? ¿Doctor? ¿Enfermero? —Asumió su oficio solo por el lugar en donde lo encontró, mientras que, de nuevo desbordaba formalidad, aunque el hombre frente a él fuera mucho más joven o, al menos, eso intuía el pelirrosa; sin embargo, a pesar de sus palabras, el médico ya había tomado su maleta para seguir al otro hombre hacia la cafetería o, realmente… ¿No podía él mismo cambiar ese rumbo?
—Creo que no soy quien, para dar órdenes, pero ¿Puedo hacer una sugerencia? Creo que preferiría pasar primero por los dormitorios. Mi maleta está pesada para cargarla a todos lados, además…debo reportar mi llegada a…a un antiguo compañero —. Al final su voz se quebró, como si extrañara a alguien, una mera estrategia para ganar algo de empatía, aunque si era cierto que debía hacer una llamada. —Luego de eso no me molestará ir a la cafetería o a cualquier otro sitio que desee llevarme…Supongo que habrá mucho que recorrer en la base —. El médico se había detenido en la mitad del pasillo, esperando que el otro hombre pudiera aceptar su sugerencia.
—Aunque si es mucho pedir, tampoco será problema ir hacia la cafetería de inmediato —. Nuevamente, así como cuando se presentó, su andrógino rostro fue adornado por una sonrisa que rezaba: “sería incapaz de matar a una mosca”…Cuanto engañan las apariencias.
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