02-06-2026, 11:15 PM
(Última modificación: 03-06-2026, 05:00 PM por Hasegawa Shin.)
Comenzaba a resultarle curioso... desde algún punto se notó a sí mismo más atento a las reacciones de Kuroshiro, como si le importasen más en comparación al resto, o fuese sencillo leerla dados los tiempos prolongados que habían compartido, conociéndola mejor. Si bien, terminó perdiendo la costumbre de incluir nuevas presencias constantes en sus rutinas habituales, con ella era mucho más fácil, porque insistía sin invadir, y siempre, o casi siempre sonreía, como si su fe o convicción alrededor del motivo tras esos gestos fuesen infinitas.
Un tipo de fortaleza similar a la que el propio Shin le muestra a los demás. Incluso si seguía siendo una debilucha.
No pasó por alto su risas acompañando las propias, ni el comentario sobre su voz, mostrándose emocionada ante el inminente relato de una historia nueva. Tenía condimentos conocidos, y al mismo protagonista que se había acostumbrado a leer, sólo que aquellos trazos de tragedia no iban a diluirse, formando parte de su esencia.
Otro motivo para nunca dejar de mostrarse animado.
Por esa misma atención que le prestaba incluso hablando sobre la historia de los clanes, percibió el movimiento de sus orejas, exhibiendo quizás contra su voluntad una pena que no verbalizó, a diferencia del modo en que se apiadó de Kiyoko e Ichiro, aunque fuese con una sola palabra. Y hacia el final, el cojín que gozó del abrazo de Nyra fue golpeado contra el sofá, produciendo una sonora carcajada en Hasegawa. Alguien ultra fanático de las personas expresivas no podía evitar disfrutar de ese tipo de reacciones.
Pero eso no terminaba de explicar su gusto particular por simplemente verla bufar y refunfuñar desacuerdos contra los clanes, haciendo gala de muchísima energía.
Al margen de ello, había esperado genuinamente que Kuroshiro no tuviese preguntas para continuar con la clase, pero el mundo no podía ofrecerle siempre los resultados ideales en bandeja de plata, y la pequeña humink no tardó en hacerle saber que sí, su relato le generó incógnitas, empezando por cuestiones sobre sus padres. ¿Por qué querría saber eso? No tuvo idea, al menos hasta pocos segundos después, donde terminó arqueando una ceja hacia arriba debido a la idea que ella había expresado. Estuvo en desacuerdo de manera automática, y se lo explicaría, de momento le permitiría terminar de hablar.
La cuestión sobre Sakura también perdía lógica dentro de la historia y tradiciones que ambos clanes compartían, porque a pesar de haber sido enemigos más tiempo del que fueron una única familia, enfocaban la crianza de los más pequeños en la misma cultura, y con ello, mantenían viva una filosofía que incluso a día de hoy Shin seguía recordando.
El parásito de la nobleza.
Lo que sí contestó de inmediato, fue el tópico sobre si su familia conocía información interna de la marina, a lo que Hasegawa sencillamente sonrió de manera tan amplia que sus dientes blancos relucieron, y a pesar de cerrar los párpados se podían apreciar esos mismos brillitos imaginarios en su gesto, digno de cualquier modelo élite. —¡No tengo idea! —resumió lo obvio, pero no tardaría en explicarlo antes de que la chica preguntase si podían evitar su apellido.
—De pequeño me tuvieron aislado de información innecesaria según ellos. Si conocí a Kael fue porque nos educamos en la misma institución, y era de los pocos que podía mínimamente seguirme el ritmo entrenando. Además, le cayó bien a mi familia, algún día te contaré esa historia. —misma pregunta, ¿por qué era tan fácil hablar con ella? Es como si años de cerrarse de pronto le pesaran, y quisiera explicar lo que ha callado durante ese tiempo. —Así que no sabría decirte. Ellos querían construir en mí al marine más exitoso portando alguno de los dos apellidos, y debido a ello sólo me enseñaron cuestiones protocolares, intentando que no me influencien héroes de la marina, o símbolos ajenos a lo conocido allí, en Sorbet. —resumió, escuchando poco después aquel detalle tan significativo.
¿Qué intentaba ocultar?
—No me digas que este es el momento donde me dices que eres una criminal encubierta. —se lleva las manos a la cabeza, simulando una sorpresa fatal —¡Oh, no! ¡Y yo que te dije todos mis puntos débiles! —enaltece el mismo gesto, haciendo del drama exagerado un teatro aún mayor.
—No me cuentes si no quieres, pero tampoco puedo prometer que la ausencia de apellido no lo lleve a investigar. Así hizo con Himari. —claramente se refería a su padre —Si eso es un problema, entonces preferiré que no vayas. Pero piénsalo mientras te respondo lo otro, y me dices. —se encoge de hombros, restándole importancia, porque confiaba en ella.
—Ahora, sobre tus otras preguntas... —una breve pausa, donde hace un repaso mentalmente —Vamos por el principio. —contestarle también implicaba tratar asuntos referidos a las costumbres de los clanes, así que le venía bien.
—Ichiro tiene cuarenta y siete. Mi madre... cuarenta y tres. —a diferencia del padre, Kiyoko sí recibía el privilegio de ser llamada como lo que merecía por Shin —Pero no importaría si tienen otro hijo. Buscar la boda con Sakura implica que los patriarcas no se han rendido conmigo, y si lo hacen, entonces el heredero pasaría a otra unión entre clanes. Los siguientes en las listas de ambos líderes —resumió, recostándose sobre el sofá y colocando un brazo a lo largo de la parte superior del respaldo —Ichiro debe haber presionado para mantenerme como legítimo futuro líder, de lo contrario, los dos perderían influencia dentro de los clanes. —ahí se explicaba un poco de la insistencia de su padre, aunque dudaba que el peso político de Kiyoko le importara a aquel ambicioso hombre.
—Respecto al apellido Hiroshi, es imposible que lo cambien mediante Sakura. La costumbre es que se lleve el del marido, por eso yo nací como un Hasegawa. —esa razón se conectaba con el tema anterior —Piensa que en cualquiera de los dos casos, los Hiroshi ganan. Tanto si consiguen la boda, como si me niego. Porque los siguientes en la lista seguro serían un hombre del clan Hiroshi y una mujer del clan Hasegawa. —exactamente al revés de como se construyó su vida. En ese momento, Shin giró el rostro hacia Nyra, sacando la lengua entre sus labios.
—Pero ese no es mi problema. —confesó, tan alegre como siempre.
—El día ochenta verás lo frágil que es la línea entre la unión y el odio de tantas generaciones. Si hacen falta estos protocolos y modales es porque un mal gesto puede faltar al respeto de cualquiera de las partes, y afectar para siempre esas relaciones diplomáticas. —mantiene su tono tranquilo, ocultando cuánto le estresa realmente el asunto —Así que si ya no tienes más dudas, pequeña Nyri, podemos empezar. —acompañando esas palabras, estiró su espalda, tronando algunas contracturas y elevando los brazos hacia el techo tras un largo bostezo, desperezándose.
Todavía tenían mucho por delante, a penas estaban empezando, y no iba a recordarle sus asuntos personales, tratando de no presionar.
Un tipo de fortaleza similar a la que el propio Shin le muestra a los demás. Incluso si seguía siendo una debilucha.
No pasó por alto su risas acompañando las propias, ni el comentario sobre su voz, mostrándose emocionada ante el inminente relato de una historia nueva. Tenía condimentos conocidos, y al mismo protagonista que se había acostumbrado a leer, sólo que aquellos trazos de tragedia no iban a diluirse, formando parte de su esencia.
Otro motivo para nunca dejar de mostrarse animado.
Por esa misma atención que le prestaba incluso hablando sobre la historia de los clanes, percibió el movimiento de sus orejas, exhibiendo quizás contra su voluntad una pena que no verbalizó, a diferencia del modo en que se apiadó de Kiyoko e Ichiro, aunque fuese con una sola palabra. Y hacia el final, el cojín que gozó del abrazo de Nyra fue golpeado contra el sofá, produciendo una sonora carcajada en Hasegawa. Alguien ultra fanático de las personas expresivas no podía evitar disfrutar de ese tipo de reacciones.
Pero eso no terminaba de explicar su gusto particular por simplemente verla bufar y refunfuñar desacuerdos contra los clanes, haciendo gala de muchísima energía.
Al margen de ello, había esperado genuinamente que Kuroshiro no tuviese preguntas para continuar con la clase, pero el mundo no podía ofrecerle siempre los resultados ideales en bandeja de plata, y la pequeña humink no tardó en hacerle saber que sí, su relato le generó incógnitas, empezando por cuestiones sobre sus padres. ¿Por qué querría saber eso? No tuvo idea, al menos hasta pocos segundos después, donde terminó arqueando una ceja hacia arriba debido a la idea que ella había expresado. Estuvo en desacuerdo de manera automática, y se lo explicaría, de momento le permitiría terminar de hablar.
La cuestión sobre Sakura también perdía lógica dentro de la historia y tradiciones que ambos clanes compartían, porque a pesar de haber sido enemigos más tiempo del que fueron una única familia, enfocaban la crianza de los más pequeños en la misma cultura, y con ello, mantenían viva una filosofía que incluso a día de hoy Shin seguía recordando.
El parásito de la nobleza.
Lo que sí contestó de inmediato, fue el tópico sobre si su familia conocía información interna de la marina, a lo que Hasegawa sencillamente sonrió de manera tan amplia que sus dientes blancos relucieron, y a pesar de cerrar los párpados se podían apreciar esos mismos brillitos imaginarios en su gesto, digno de cualquier modelo élite. —¡No tengo idea! —resumió lo obvio, pero no tardaría en explicarlo antes de que la chica preguntase si podían evitar su apellido.
—De pequeño me tuvieron aislado de información innecesaria según ellos. Si conocí a Kael fue porque nos educamos en la misma institución, y era de los pocos que podía mínimamente seguirme el ritmo entrenando. Además, le cayó bien a mi familia, algún día te contaré esa historia. —misma pregunta, ¿por qué era tan fácil hablar con ella? Es como si años de cerrarse de pronto le pesaran, y quisiera explicar lo que ha callado durante ese tiempo. —Así que no sabría decirte. Ellos querían construir en mí al marine más exitoso portando alguno de los dos apellidos, y debido a ello sólo me enseñaron cuestiones protocolares, intentando que no me influencien héroes de la marina, o símbolos ajenos a lo conocido allí, en Sorbet. —resumió, escuchando poco después aquel detalle tan significativo.
¿Qué intentaba ocultar?
—No me digas que este es el momento donde me dices que eres una criminal encubierta. —se lleva las manos a la cabeza, simulando una sorpresa fatal —¡Oh, no! ¡Y yo que te dije todos mis puntos débiles! —enaltece el mismo gesto, haciendo del drama exagerado un teatro aún mayor.
—No me cuentes si no quieres, pero tampoco puedo prometer que la ausencia de apellido no lo lleve a investigar. Así hizo con Himari. —claramente se refería a su padre —Si eso es un problema, entonces preferiré que no vayas. Pero piénsalo mientras te respondo lo otro, y me dices. —se encoge de hombros, restándole importancia, porque confiaba en ella.
—Ahora, sobre tus otras preguntas... —una breve pausa, donde hace un repaso mentalmente —Vamos por el principio. —contestarle también implicaba tratar asuntos referidos a las costumbres de los clanes, así que le venía bien.
—Ichiro tiene cuarenta y siete. Mi madre... cuarenta y tres. —a diferencia del padre, Kiyoko sí recibía el privilegio de ser llamada como lo que merecía por Shin —Pero no importaría si tienen otro hijo. Buscar la boda con Sakura implica que los patriarcas no se han rendido conmigo, y si lo hacen, entonces el heredero pasaría a otra unión entre clanes. Los siguientes en las listas de ambos líderes —resumió, recostándose sobre el sofá y colocando un brazo a lo largo de la parte superior del respaldo —Ichiro debe haber presionado para mantenerme como legítimo futuro líder, de lo contrario, los dos perderían influencia dentro de los clanes. —ahí se explicaba un poco de la insistencia de su padre, aunque dudaba que el peso político de Kiyoko le importara a aquel ambicioso hombre.
—Respecto al apellido Hiroshi, es imposible que lo cambien mediante Sakura. La costumbre es que se lleve el del marido, por eso yo nací como un Hasegawa. —esa razón se conectaba con el tema anterior —Piensa que en cualquiera de los dos casos, los Hiroshi ganan. Tanto si consiguen la boda, como si me niego. Porque los siguientes en la lista seguro serían un hombre del clan Hiroshi y una mujer del clan Hasegawa. —exactamente al revés de como se construyó su vida. En ese momento, Shin giró el rostro hacia Nyra, sacando la lengua entre sus labios.
—Pero ese no es mi problema. —confesó, tan alegre como siempre.
—El día ochenta verás lo frágil que es la línea entre la unión y el odio de tantas generaciones. Si hacen falta estos protocolos y modales es porque un mal gesto puede faltar al respeto de cualquiera de las partes, y afectar para siempre esas relaciones diplomáticas. —mantiene su tono tranquilo, ocultando cuánto le estresa realmente el asunto —Así que si ya no tienes más dudas, pequeña Nyri, podemos empezar. —acompañando esas palabras, estiró su espalda, tronando algunas contracturas y elevando los brazos hacia el techo tras un largo bostezo, desperezándose.
Todavía tenían mucho por delante, a penas estaban empezando, y no iba a recordarle sus asuntos personales, tratando de no presionar.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
