03-06-2026, 09:15 AM
El golpe es demoledor, arrasando con todo lo que se encuentra a su paso. Yggdrasil vuelve a cumplir y desgarra madera y cemento como si fuera carne humana, destrozando por completo el balcón donde se posa el pajarillo. Sin embargo, el cuervo ya había salido volando. El muy cobarde alza el vuelo con un salto similar al mío, aprovechando la verticalidad de la plaza y todos los puentes y caminos que se cruzan por ella sobre nuestras cabezas.
Yo estoy enganchado en la fachada, justo por debajo del palco que he reventado. Me sostengo con una sola mano, incrustada directamente en la pared, mientras tengo el cuerpo ladeado de cara a la galería y con el hacha preparada para seguir con la acción.
Los hombres del fugitivo miran la escena desde el foso, atónitos, buscando reubicarse para ayudar a su líder. No sé esperaban que la acción fuera a pasar de largo, aunque más estúpidos son ellos si se creían de verdad que podían frenarme siquiera. Para mí no son ni siquiera una molestia. No dejan de ser bobos engañados por la causa equivocada, por muy cargados de coraje que estén. Simples marionetas engañadas por los falsos profetas de turno, con sus mamarrachadas de liberación e igualdad. Estupideces. Paso de ellos, me he de encargar de matar al comandante.
Alzo la mirada a los cielos, tratando de encontrar al artífice de toda esta bacanal. El tipo no es imbécil, jugando con la luz a su favor mientras recorre los caminos a gran velocidad, cruzando de un lado a otro, haciéndose grande con el juego de sombras y su capa ondeando al viento. Lástima que no cuenta con mi gran sentido del oído y escucho sus delicados pasos sobre la madera en mal estado, que chirría. Así que le voy siguiendo el ritmo a su baile.
Llegado el momento, se lanza en picado como un ave rapaz. En sus manos carga un contundente kanabo para atizar a sus enemigos. Lo sostiene con ambas manos mientras lo agita para reproducir un ataque idéntico al mío, buscando un arco ascendente que culmine en un impacto bestial. Incluso en la ofensiva, Hitan es demasiado presuntuoso intentando superarme. Su ego tan solo es comparable con mis ansias de arrancarle la cabeza de un mordisco.
Cuando me tiene a tiro dispara su ataque, pero yo ya estoy varios pasos por delante en esta pelea. En un ejercicio y demostración de fuerza descomunal, arqueo mi torso mientras elevo el brazo que sostiene a Yggdrasil, desde la zona más alta del mango buscando mejor maniobra, para alzarla por encima de mi cabeza en un movimiento diestro ascendente, al mismo tiempo que él ejecuta su potente golpe en caída. Los filos de la gigantesca hacha chocan contra el acero de la maza, pero en vez de buscar un enfrentamiento de fuerzas, donde sé que tengo las de perder por pésima estabilidad, juego con pericia para lograr que su arma resbale con las hojas de la mía y su golpe quede desviado de su trayectoria original, errando por completo.
Ya no tiene por donde escapar. Empieza a caer y yo hago lo propio y me suelto de la pared para iniciar mi descenso junto al jefe de la revolución de Jaya. A ver qué trucos se le ocurren ahora que me tiene cara a cara. Por cuestiones de tamaño, toco suelo antes que él, aunque le doy el beneplácito de aterrizar. No sin antes, sostener el arma con ambas manos para maniobrar con ella en la corta distancia. Cuando su pie toca tierra, lanzo un tajo descendente en diagonal cerrada, cortando desde su hombro derecho hasta el lado contrario de su abdomen. El ataque continúa con un corte horizontal a la altura del pecho, rasgando la carne de los pectorales y dibujando una especie de 7 sangriento en el cuerpo de mi adversario.
La batalla con este tipo se va a cocer lentamente, como un buen estofado. Quiero gozar de cada corte en su piel, de cada gota de sangre derramada. Veamos que tan firmes son sus ideales, que tanto soporta su egocentrismo hasta desmoronarse por el dolor. De esta, ya no va a salir con vida. Ahora solo queda ver si muere de pié, o fallece llorando de rodillas.
Yo estoy enganchado en la fachada, justo por debajo del palco que he reventado. Me sostengo con una sola mano, incrustada directamente en la pared, mientras tengo el cuerpo ladeado de cara a la galería y con el hacha preparada para seguir con la acción.
Los hombres del fugitivo miran la escena desde el foso, atónitos, buscando reubicarse para ayudar a su líder. No sé esperaban que la acción fuera a pasar de largo, aunque más estúpidos son ellos si se creían de verdad que podían frenarme siquiera. Para mí no son ni siquiera una molestia. No dejan de ser bobos engañados por la causa equivocada, por muy cargados de coraje que estén. Simples marionetas engañadas por los falsos profetas de turno, con sus mamarrachadas de liberación e igualdad. Estupideces. Paso de ellos, me he de encargar de matar al comandante.
Alzo la mirada a los cielos, tratando de encontrar al artífice de toda esta bacanal. El tipo no es imbécil, jugando con la luz a su favor mientras recorre los caminos a gran velocidad, cruzando de un lado a otro, haciéndose grande con el juego de sombras y su capa ondeando al viento. Lástima que no cuenta con mi gran sentido del oído y escucho sus delicados pasos sobre la madera en mal estado, que chirría. Así que le voy siguiendo el ritmo a su baile.
Llegado el momento, se lanza en picado como un ave rapaz. En sus manos carga un contundente kanabo para atizar a sus enemigos. Lo sostiene con ambas manos mientras lo agita para reproducir un ataque idéntico al mío, buscando un arco ascendente que culmine en un impacto bestial. Incluso en la ofensiva, Hitan es demasiado presuntuoso intentando superarme. Su ego tan solo es comparable con mis ansias de arrancarle la cabeza de un mordisco.
Cuando me tiene a tiro dispara su ataque, pero yo ya estoy varios pasos por delante en esta pelea. En un ejercicio y demostración de fuerza descomunal, arqueo mi torso mientras elevo el brazo que sostiene a Yggdrasil, desde la zona más alta del mango buscando mejor maniobra, para alzarla por encima de mi cabeza en un movimiento diestro ascendente, al mismo tiempo que él ejecuta su potente golpe en caída. Los filos de la gigantesca hacha chocan contra el acero de la maza, pero en vez de buscar un enfrentamiento de fuerzas, donde sé que tengo las de perder por pésima estabilidad, juego con pericia para lograr que su arma resbale con las hojas de la mía y su golpe quede desviado de su trayectoria original, errando por completo.
Ya no tiene por donde escapar. Empieza a caer y yo hago lo propio y me suelto de la pared para iniciar mi descenso junto al jefe de la revolución de Jaya. A ver qué trucos se le ocurren ahora que me tiene cara a cara. Por cuestiones de tamaño, toco suelo antes que él, aunque le doy el beneplácito de aterrizar. No sin antes, sostener el arma con ambas manos para maniobrar con ella en la corta distancia. Cuando su pie toca tierra, lanzo un tajo descendente en diagonal cerrada, cortando desde su hombro derecho hasta el lado contrario de su abdomen. El ataque continúa con un corte horizontal a la altura del pecho, rasgando la carne de los pectorales y dibujando una especie de 7 sangriento en el cuerpo de mi adversario.
La batalla con este tipo se va a cocer lentamente, como un buen estofado. Quiero gozar de cada corte en su piel, de cada gota de sangre derramada. Veamos que tan firmes son sus ideales, que tanto soporta su egocentrismo hasta desmoronarse por el dolor. De esta, ya no va a salir con vida. Ahora solo queda ver si muere de pié, o fallece llorando de rodillas.
En efecto, cajita feliz
