Sombras doradas entre los árboles - [Priv Kibai / Pasado]
#7

La compañía del felino me resultaba tan intrigante como inquietante,Había algo en su presencia que despertaba mi curiosidad…pero al mismo tiempo me hacía mantener la guardia. Al preguntarle sobre su origen, sentí un cambio casi imperceptible en el ambiente…su semblante pareció endurecerse, volviéndose más frío y distante. Quizás había tocado un tema que prefería mantener enterrado  —*¿Algún mal recuerdo?*— pense en su momento pero su respuesta llegó con la misma educación de siempre, aunque no brindo tanto detalle como esperaba, Sin embargo al mencionar que provenía del Grand Line mi sorpresa se hizo evidente, un cierto brillo se podia notar en mi mirada. Innumerables preguntas comenzaron a aparecer en mi mente, deseosas de escapar de mis labios. Aun así, opté por morderme la lengua y guardar silencio...por ahora. 

Su raza era Mink, una palabra completamente desconocida para mí hasta ese momento...quizas deberia de leer un poco más,aun asi escuché con atención mientras hablaba de las cualidades de su raza, notando el orgullo con el que destacaba su fuerza y velocidad. Sinceramente, después de verlo en acción no tenía motivos para dudar de ello —Ah... sí... —respondí con cierta timidez, apartando la mirada por un instante al recordar mi acción de hace unos momentos, su cuerpo era realmente firme y muy bien tonificado.A pesar de ello, cuando pregunté sobre la mordida en la nariz, su reacción me tomó completamente por sorpresa. Una sonora carcajada escapó de su boca, provocando que un tenue rubor cubriera mis mejillas. Quizás mi pregunta había sido más ingenua de lo que imaginaba. Entre risas, aclaró que una mordida en la nariz no era equivalente a un beso. Después explicó que su manera de demostrar afecto no era diferente a la de los humanos. Aquellas palabras solo consiguieron que el calor en mi rostro aumentará un poco más —Bueno... yo... no lo sé... Supongo que es algo que haría por emoción... — admití con evidente nerviosismo jugando un poco con mis dedos. Mi voz se fue apagando al final de la frase,Las disculpas que había pronunciado antes parecían haber trazado una línea invisible entre ambos, una frontera de respeto que no deseaba cruzar.

Parecía que a los de su raza no les agradaba ser comparados con animales, incluso si compartían muchos de sus rasgos físicos. Mientras escuchaba aquel pequeño regaño que me hacia sentir algo incomoda, mi mente divagó inevitablemente hacia el gato callejero que había visto días atrás. Por un instante comparé aquella pequeña criatura con la imponente figura que tenía a mi lado, llegando a la conclusión de que la evolución era, sin duda, un misterio fascinante y aterrador —Lo siento... no quería ofenderte la verdad—me disculpé con total sinceridad intentando disipar cualquier rastro de tensión que pudiera haberse formado entre nosotros dos.Deseando cambiar de tema, le pregunté por el propósito de su viaje. Su respuesta logró sorprenderme. Sin perder el hilo de la conversación, me habló de sus planes a corto plazo…o quizas a largo plazo, unirse a la Marina, ganar experiencia y, algún día, regresar al Grand Line para reencontrarse con los suyos. Una leve sonrisa apareció en mis labios mientras observaba las llamas danzar en la fogata. Esas palabras despertaron recuerdos que creía dormidos en mi…la mesa familiar, las conversaciones al final del día y los rostros que había dejado atrás. La nostalgia se instaló silenciosamente en mi pecho—Sí... entiendo ese ahnelo —susurré apenas. Fue una respuesta dirigida a él, pero también una confesión para mí misma, para luego volverle a ver.

Nací en esta isla... y desde que era pequeña siempre me ha gustado venir al bosque…siento que conectó más aquí que en cualquier otro lugar... —mencioné en voz baja pero mientras hablaba, una de mis manos descendió hasta la sombrilla que descansaba a mi lado, recorriendo con la yema de los dedos su superficie de forma casi inconsciente como si queria confirmar que aún se encontraba ahi —Era de mi madre... Fue un obsequio de mi padre para ella — Mi voz se volvió más suave al pronunciar aquellas palabras. Bajé la mirada unos segundos hacia mi sombrilla antes de continuar —Por eso siempre la llevo conmigo. Cuando la tengo cerca... siento que ambos siguen acompañándome — Esta era la primera vez que confesaba la verdadera razón detrás de aquel objeto que rara vez se separaba de mis manos. Para muchos no era más que una simple sombrilla…un simple objeto, pero para mí representaba algo mucho más valioso. Era un fragmento de los recuerdos que me quedaban de ellos, un vínculo silencioso que me ayudaba a soportar los momentos de mayor soledad, Una pequeña sonrisa nostálgica apareció en mis labios mientras observaba el reflejo del fuego sobre la tela —Supongo que es una forma de convencerme de que nunca me han dejado del todo atrás — la única manera en como consolaba mi corazón.

Tras unos instantes de silencio, Kibai finalmente se puso de pie y me pidió que le concediera un favor —Seguro... —respondí con curiosidad sin negarme a ello, observando cada uno de sus movimientos de manera atenta. Cuando llevó la mano hacia su cinturón, una inmediata sospecha cruzó por mi mente, mejor dicho…varias imagenes cruzaron mi cabeza. Mis mejillas se tiñeron de rojo vivo y sin pensarlo alcé una mano en gesto de desaprobación —¡Espera, espera...! Soy una dama — Sin embargo, toda aquella tensión se disipó apenas terminó de hablar. Lo único que deseaba era que cuidara de su sable mientras se ausentaba un momento. Un suspiro de alivio escapó de mis labios antes de que una carcajada espontánea me venciera —Ah... ¿era eso? Claro…puedes irte tranquilo — Mi tono recuperó la naturalidad mientras extendía las manos para recibir el arma. Ante la promesa de regresar con algo digno de un festín nocturno, solamente queria que me dejara sola para que la tierra me tragara,pero el felino volvió a sorprenderme con una agilidad que parecía desafiar toda lógica, saltó hacia las ramas más cercanas y comenzó a desplazarse entre los árboles.

Lo observé alejarse poco a poco, fundiéndose con la oscuridad del bosque hasta desaparecer por completo de mi vista —Parece una sombra dorada…— La idea me arrancó una leve sonrisa pues el miedo fue reemplazado por admiración. Era una figura curiosa, impredecible y al mismo tiempo misteriosa. Cuando mi atención regresó a la fogata, bajé la mirada hacia el sable que ahora descansaba entre mis manos, mis dedos recorrieron con suavidad la funda, examinando los detalles que las llamas iluminaban de forma intermitente. Incluso sin desenvainar parecía ser una arma imponente, permanecí observando en silencio cada tramo, preguntándome cuántos caminos había recorrido aquella espada antes de llegar hasta mis manos. Quedándome sola en el silencio del bosque, escuché cómo la brisa nocturna sacudía suavemente las copas de los árboles. Era curioso cómo la noche siempre parecía traer consigo sorpresas inesperadas, aunque ciertamente no me quejaba de ello. De hecho, me sentía feliz de haber conocido a mi primer Mink. Kibai parecía ser alguien tranquilo, educado y caballeroso; estaba convencida de que era una buena persona.

Sin embargo, por alguna razón un extraño escalofrío recorrió mi cuerpo de repente —¿Ah?— un pequeño jadeo salio de mis labios, por inercia lleve una mano a mi pecho sintiendo los latidos de corazón contra el pecho. La sensación había sido tan repentina como el roce de una hoja afilada sobre la piel ¿Había sido solo mi imaginación? Quizás. Al final, me limité a sacudir la cabeza para apartar aquel pensamiento y continué esperando en silencio junto a la fogata, A medida que pasaba el tiempo…aflojé un poco la parte superior de mi vestido para sentirme más cómoda mientras observaba las llamas danzar frente a mí. El constante crujido de la madera al arder resultaba relajante, casi hipnótico para mi. Sin embargo, aquella tranquilidad se rompió de repente cuando Kibai apareció nuevamente de la nada. Solté un pequeño gemido de sorpresa al verlo llegar entre las sombras del bosque. Mi mirada descendió hacia las cosas que llevaba consigo,varias bayas y una bolsa cuyo contenido parecía ser carne. Parpadeé un par de veces mientras lo observaba moverse con naturalidad, preparando todo lo necesario para cumplir la promesa que había hecho momentos atrás y ofrecer el festín nocturno que tanto había mencionado…pero mi duda recaia en ¿Qué fue lo que atrapo?...

Mientras preparaba la carne, Kibai aprovechó para preguntarme un poco más sobre mí vida. Aquello me hizo reír por lo bajo pues por alguna razón me hacía sentir menos solitaria; Me preguntó cuáles eran mis planes y tras disculparse con cierta caballerosidad…también quiso saber por qué tenía la costumbre de desvestirme en medio del bosque. Apenas terminó la pregunta, senti como si me hubiera caido un balde de agua fria sobre la cabeza, mis labios se fruncieron formando una especie de pico improvisado mientras comenzaba a acomodar nuevamente mi vestido, cerrando los botones que había soltado momentos antes de su llegada. Una risa nerviosa escapó de mis labios, tratando de acomodar las palabras —Bueno... la razón es simples…Supongo que podría considerarse una especie de condición o costumbre extraña...— expliqué mientras terminaba de abotonar el cuello de la prenda —Todo comenzó por culpa de mi abuela paterna, ella vive en otra isla y cuando mis padres fallecieron… pasé una temporada viviendo con ella...— Al recordar aquellos días, sentí cómo el color abandonaba ligeramente mi rostro —Y bueno…mi abuela es una señora muy estricta... con castigos bastante exagerados...— añadí recordando con absoluta claridad aquella ocasión en la que me dejó colgada en la copa de un árbol durante horas por desobedecer una orden —Me obligó a entrenar y aprender a defenderme…usando los puños y las piernas… como las jornadas eran tan largas y agotadoras, terminé acostumbrándome a entrenar con la menor cantidad de ropa posible para estar más cómoda. Supongo que por eso, a veces, ni siquiera me doy cuenta cuando empiezo a quitarme algunas prendas...o mejor dicho…todas jajaja — confesé entre pequeñas risas avergonzadas. Fue entonces cuando caí en cuenta de algo que me hizo sonreír aún más. Kibai era la primera persona a la que le contaba aquella historia o bueno…el primer mink a quien le confesaba mi vida.

Con respecto a lo otro... —retomé sus primeras preguntas mientras llevaba una mano detrás de mi nuca, intentando aliviar la ligera tensión que sentía. Con una sonrisa algo avergonzada, me señalé a mí misma con el dedo índice como simplificando la respuesta, dejando que un tenue rubor coloreara mis mejillas —Yo también me enlisté en la marina, el cuartel de esta isla es pequeño, pero supongo que todo gran camino comienza con un primer paso…. —Mis ojos se fijaron en Kibai mientras hablaba sobre mis metas—Estoy siguiendo los pasos de mi padre…quiero volverme fuerte... alguien capaz de proteger a los demás y dejar una huella en el mundo –Decia mientras apretaba los puños y elevando al cielo, mi mirada brillo como si hubieran encendido la llama de mi corazón –Todavía me queda mucho por recorrer…pero aprendo rapido…asi que me alegro saber algun dia nos volveremos a encontrar...seria lindo conocer tu hogar– Sonriendo ampliamente, bajaria la mirada para ver a Kibai preparar la carne mientras me escuchaba hablar, sin duda era un mink muy atento.
Pensamiento • Dialogo • Cronologia
[Imagen: firmakagura.gif]
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RE: Sombras doradas entre los árboles - [Priv Kibai / Pasado] - por Kagura - 03-06-2026, 11:23 AM

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