03-06-2026, 12:18 PM
Aquella conversación estaba yendo en una dirección que solo dejaba clara una cosa; la calma estaba por terminar. Eso solo podía suponer enfrentamientos con unos u otros, o como yo solía llamarlo por aquel entonces, problemas. Aunque era algo de esperar navegando junto al que había sido el hombre más buscado del South Blue. El cambio de actitud de Uker era notable. Ahora estaba dispuesto a enfrentarse a quién fuera con tal de aumentar su fama, nuestra fama. Si bien era cierto que nuestras recompensas habían servido para mantener a raya a otras tripulaciones. Desde que habíamos llegado a la isla no habíamos sufrido ningún ataque. Nuestros problemas se reducían a aquella bruta que encontré con Kiyoshi y el tal Fígaro Jack al que se había enfrentado el doctor. Sin embargo, eso último si que era algo que nos podría acarrear serios problemas. ¿Qué poder tendría una tripulación que podía dominar toda una isla? Sin duda, debían ser aterradores.
Mis músculos se destensaron un poco al sentir los tirones que daban las patas de Musashi trepando por las mías. El pequeño mapache venía en busca de algo más que llevarse a la boca. No quería faltarle al respeto a Uker rechazando la comida, pero los sentimientos encontrados en mi interior habían terminado de cerrar mi estómago. Coloqué el último pedazo de sándwich que me quedaba al alcance del animal, el cuál no tardó en extender sus delicadas manitas para arrebatármelo. Sonreí y expiré. En esta vida, por pequeño que sea alguien, si te descuidas te quita lo que sea, pensé. Tal vez éramos nosotros ese pequeño ladrón que esperaba hurtar al más mínimo descuido. O tal vez seríamos el poderoso al que observaban las alimañas esperando un exceso de confianza. Sea como fuere, no podíamos descuidarnos. Tampoco era propio de una gran tripulación vivir atemorizada, por mucho que nuestros rivales fueran piratas, banqueros o mafiosos. Incluso si nos debíamos enfrentar a aquella división de marines que habían asediado a Uker. La sola idea de combatir a la marina hacía que un escalofrío recorriese mi espalda, pero ver la determinación de mis compañeros me hacía ver que nuestras posibilidades eran altas ante un encuentro como aquel.
—Estoy de acuerdo con Eros. Nunca sabemos que intenciones pueden tener otras tripulaciones. Lo más cauto sería mantenernos como estamos. Además, nunca me han gustado las multitudes. Y Kiyoshi seguro que está conmigo, ¿verdad? Con grupos grandes siempre hay alguno que tiene tos, o un dolor de cabeza... No queremos acabar enfermos —dije buscando la complicidad del médico—. Aunque por otro lado... Prefiero hacer amigos a enemigos.
Continué atendiendo a mis compañeros mientras rascaba mi mentón, indeciso aún por si preferiría hacer aliados aunque desconozca sus valores o enemigos aunque desconociese su fuerza. El cocinero había enumerado una buena lista de nombres, de los cuales solo reconocía al magnate de la moneda. El resto parecían ser gente de su pasado. No sabía si les tendría aprecio o era más interés por algo en concreto, pero solo pude pensar en cómo habían acabado casi todas las personas que conocía antes de esta tripulación.
—Uker, esos aliados de los que hablas... Estos mares son mucho más salvajes de lo que cabría esperar. Un descuido y está todo perdido. Se bien de lo que hablo. ¿Estás seguro de que aún estarán con vida? Si llevas tanto sin saber de ellos, tal vez... —No quería ser portador de malas noticias. Ni siquiera de mal augurio. Pero bien recordaba como el accidente en la llegada a Little Garden no solo había fragmentado el casco del Crimson Stage, sino también a la tripulación que llevaba a bordo.
Mis músculos se destensaron un poco al sentir los tirones que daban las patas de Musashi trepando por las mías. El pequeño mapache venía en busca de algo más que llevarse a la boca. No quería faltarle al respeto a Uker rechazando la comida, pero los sentimientos encontrados en mi interior habían terminado de cerrar mi estómago. Coloqué el último pedazo de sándwich que me quedaba al alcance del animal, el cuál no tardó en extender sus delicadas manitas para arrebatármelo. Sonreí y expiré. En esta vida, por pequeño que sea alguien, si te descuidas te quita lo que sea, pensé. Tal vez éramos nosotros ese pequeño ladrón que esperaba hurtar al más mínimo descuido. O tal vez seríamos el poderoso al que observaban las alimañas esperando un exceso de confianza. Sea como fuere, no podíamos descuidarnos. Tampoco era propio de una gran tripulación vivir atemorizada, por mucho que nuestros rivales fueran piratas, banqueros o mafiosos. Incluso si nos debíamos enfrentar a aquella división de marines que habían asediado a Uker. La sola idea de combatir a la marina hacía que un escalofrío recorriese mi espalda, pero ver la determinación de mis compañeros me hacía ver que nuestras posibilidades eran altas ante un encuentro como aquel.
—Estoy de acuerdo con Eros. Nunca sabemos que intenciones pueden tener otras tripulaciones. Lo más cauto sería mantenernos como estamos. Además, nunca me han gustado las multitudes. Y Kiyoshi seguro que está conmigo, ¿verdad? Con grupos grandes siempre hay alguno que tiene tos, o un dolor de cabeza... No queremos acabar enfermos —dije buscando la complicidad del médico—. Aunque por otro lado... Prefiero hacer amigos a enemigos.
Continué atendiendo a mis compañeros mientras rascaba mi mentón, indeciso aún por si preferiría hacer aliados aunque desconozca sus valores o enemigos aunque desconociese su fuerza. El cocinero había enumerado una buena lista de nombres, de los cuales solo reconocía al magnate de la moneda. El resto parecían ser gente de su pasado. No sabía si les tendría aprecio o era más interés por algo en concreto, pero solo pude pensar en cómo habían acabado casi todas las personas que conocía antes de esta tripulación.
—Uker, esos aliados de los que hablas... Estos mares son mucho más salvajes de lo que cabría esperar. Un descuido y está todo perdido. Se bien de lo que hablo. ¿Estás seguro de que aún estarán con vida? Si llevas tanto sin saber de ellos, tal vez... —No quería ser portador de malas noticias. Ni siquiera de mal augurio. Pero bien recordaba como el accidente en la llegada a Little Garden no solo había fragmentado el casco del Crimson Stage, sino también a la tripulación que llevaba a bordo.
Asentí a Eros tras su comentario. No solo por la consideración hacia mi especie, sino también por ver que ya estaba listo para volver a la acción. No llevaba más que unos minutos despierto y ya tenía en mente cómo mejorar nuestras armas. En definitiva, era un buen líder.
—Yo me encargaré de recolectar algunas plantas medicinales. En esta isla podré encontrar todo lo necesario para hacernos con algunos ungüentos, que espero no tener que utilizar. Además, podré aprovechar esos momentos para intentar poner el oído. Mucha gente se confía hablando cuando cree que nadie les escucha, pero siempre hay una oreja lista entre las sombras —dije señalando un lateral de mi cabeza—. Si alguien dice algo acerca del Haki, los juegos de Skypiea, los Daten Shi o cualquier cosa que nos pueda ser de utilidad, dad por seguro que me enteraré. Es más —repliqué con un brazo extendido hacia mis amigos y el otro cruzado bajo el primero—, me apuesto 1000 berries a que consigo algo de información antes que vosotros.
Todos estaban aportando algo a la tripulación y yo había encontrado mi manera de serles útil.
—Yo me encargaré de recolectar algunas plantas medicinales. En esta isla podré encontrar todo lo necesario para hacernos con algunos ungüentos, que espero no tener que utilizar. Además, podré aprovechar esos momentos para intentar poner el oído. Mucha gente se confía hablando cuando cree que nadie les escucha, pero siempre hay una oreja lista entre las sombras —dije señalando un lateral de mi cabeza—. Si alguien dice algo acerca del Haki, los juegos de Skypiea, los Daten Shi o cualquier cosa que nos pueda ser de utilidad, dad por seguro que me enteraré. Es más —repliqué con un brazo extendido hacia mis amigos y el otro cruzado bajo el primero—, me apuesto 1000 berries a que consigo algo de información antes que vosotros.
Todos estaban aportando algo a la tripulación y yo había encontrado mi manera de serles útil.
