[Priv. | Pasado] Los niños del mar
#9
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold

─ ♚ ─


No lo vio venir.

Y lo complejo de eso no residía en simple y sencillo hecho físico, en que ella justo al terminar su pregunta sobre Sara girase sobre su propio eje en dirección hacia su abrigo y luego hacia la puerta de salida de ese lugar. Llevaría a ese hombre a buscar a Sara, aunque tuviese que arrastrarlo fuera del departamento.

No.

Lo complejo venía de que ella no esperaba esa reacción.
Sencillamente…no esperaba una reacción de su parte.

Acostumbrada como estaba a asestar con el filo de sus propias palabras y a desarmar a su oponente en un solo movimiento ¿Por qué ese extraño tendría que ser diferente? La mayoría de los hombres que había conocido en su vida cuando ella se acercaba con algo así retrocedían, se ponían nerviosos, se enfadaban con justa razón, concedían un torpe y mediocre espectáculo de lo que ellos consideraban “respuesta por medio de la imposición”.

Una que solo hacia nacer la risa en ella, esa que compartía en la complicidad con sus amadas hermanas.
Si, así había sido.
Hasta él.

Lo primero que la hizo girarse fue el sonido. Esa suave y seductora melodía del metal al ser desenfundado, solo vio la centella de la plata hacia su hombro antes de que el se impulsara hacia adelante, hacia ella, y todo...todo se redujo a su más puro instinto; no hubo tiempo para la lógica, para plantarse con testarudo desafío, ni para el orgullo, ni para esa lengua de plata que siempre encontraba una respuesta. Su cuerpo reaccionó antes de que ella hubiese siquiera decidido sobre una acción: primero un paso, luego otro, luego otro, luego otro...

…Y la pared apareció demasiado rápido a su espalda.

Su espalda golpeo ahí y el ardor del hombro se extendió nuevamente por el centro de su espina dorsal al mismo instante que la katana se clavaba con fuerza contra el espacio al lado de su mejilla, justo por encima de la herida, atrapando y cortando algunos de sus cabellos de fuego. El sonido de la hoja quedó suspendido entre ambos, silbante en sus oídos y nuevamente fue ese aroma varonil, esa nota limpia y masculina que le invadía los sentidos ante la escasa distancia, como si quisiera tomar un lugar que ella se negaba a permitirle habitar.

Inhalo lentamente. Una sola vez.

Su pecho se elevó apenas bajo la tela oscura de su blusa, en esa inspiración más profunda de lo que se hubiese permitido en otro momento. Mientras la respiración del extraño, a causa de su impulso, quedaba suspendida entre la escasa línea de distancia que ahora habitaba entre ellos…

…Los labios carmesí de Nyx se entreabrieron apenas...

Como si una parte de ella quisiera probar, en esa respiración, el filo invisible de lo que acababa de tensarse, por un fragmento de tiempo, entre ambos.

Como si su propio cuerpo hubiese reconocido algo antes que ella...
...Y decidiera traicionarla.

Fue entonces cuando comprendió lo que más le irritaba de esa situación: No era la hoja, no era la amenaza, ni siquiera era la cercanía que nuevamente los mantenía a medio paso de distancia, sino, el hecho de que ese hombre la acababa de obligar a ceder terreno. A ella, a Nyxara Archeron, durante ese instante absolutamente ridículo y difícilmente creíble, ella había actuado exactamente como él quería.

Él era…

Confiado.
Arrogante.
Irritante.
Absolutamente irritante.

Exactamente la clase de hombre que ella…


Fue en ese instante, justo en ese instante, mientras el mar de sus ojos observaba el fuego en los contrarios, donde se dio cuenta que quizás, solo quizás, había cometido una equivocación al juzgarlo con rapidez. Ahora podía verlo claramente, en ese incendio que habitaba detrás de sus ojos, residía la ausencia absoluta del miedo para dar vuelta ese tablero de poder que acaban de extender entre ambos. Lentamente, el mar de sus ojos volvió a recorrer ese semblante varonil y nuevamente no estaba admirándolo, volvía a medirlo y decidir sobre él azabache con en ese simple gesto. Le escucho cuestionarla con esa presencia de rey que la había llevado a ocupar ese lugar entre la katana, la pared y su cuerpo. Y, un momento después, la hoja dándole espacio, la afirmación de que Sara estaba ahí, con ellos…

La Archeron puso atención a los detalles de ese hombre que ahora retrocedía los pasos que acababa de avanzar, notando lo que antes había pasado por alto. No porque no estuviese allí, sino porque su orgullo de reina y su enfado de tormenta simplemente había ocupado todo el espacio: el cansancio, la sombra oscura debajo del fuego de su mirada, ese semblante que ella conocía bien cuando se pasaban días sin descansar…el collar que descendía sobre su cuello por sobre la camiseta oscura que portaba.

Y quizás, todos esos detalles hubiesen suavizado a otra.
Y quizás, todos esos detalles y lo sucedido entre ambos hubiesen servido para que otra se pensara dos veces en no arremeter con la misma fuerza…

…pero no ella.

– No necesito que me expliques, lo que yo puedo decidir que necesito por mí misma – lo pronunció con esa misma suavidad orgullosa con la que acababa de soltarle una amenaza apenas unos momentos atrás – Creí que había quedado claro que era perfectamente capaz de evaluar mis propias opciones – el mar de sus ojos se mantuvo sobre los contrarios por un momento más, solo que esta vez, ese pequeño gesto, ese gesto sutil que realizaba cada vez que iba a atacar, no apareció – Estamos de acuerdo en una cosa – y le concedería verbalmente esa victoria por una única razón… – Sara necesita ayuda – dijo al fin.

Lentamente Nyx se retiró de la pared y el ardor de su hombro volvió a hacerse presente, incomodo, perpetuo, como si insistiera en recordarle que todo cuando decidiera de ahora en adelante, debía considerar que aún seguía sintiendo dolor. La herida tiró de su piel bajo el vendaje cuando comenzó a subir la escalera y la obligó a tensar a penas ambos hombros, aun así, no disminuyó el ritmo. La tela oscura de su ropa acompaño el movimiento mientras ascendía, haciendo que la cascada carmesí de sus cabellos se deslizase por su cintura en cada movimiento – ¿Puedes caminar y hablar al mismo tiempo o tengo que arrastrarte a punta de espada? – Giró y sus cabellos enmarcaron aquel rostro de líneas finas y pecas dispersas.

Su objetivo era claro: comprobar como estaba Sara.

Pero…

Si tenía que hacerlo, si tenía que hacerle subir esas escaleras con el filo en su garganta, no lo dudaría por un segundo.

No volvió la vista para asegurarse si la seguía, simplemente, ella asumió que lo haría por la conversación extraordinariamente agradable que estaban teniendo en ese preciso momento. Al fin y al cabo, sería una lástima desestimar las amenazas, raptos y una katana clavada cerca de su cabeza con tanta rapidez – Quiero saber todo lo que sabes, lo que descubriste con Sara y …– Lo observo por sobre el hombro hacia atrás y las penumbras de la tarde rozaron las líneas firmes de su silueta, la forma en que esa cascada carmesí caía sobre su espalda mientras ella permanecía esos escalones por encima de él. Como si esa acción, esa diferencia de altura que había entre ellos, fuese un resultado deliberado por su parte y no una sencilla casualidad – Todo lo que le hiciste a esos hombres, eso sí, ahórrate los detalles asquerosos – No olvidaba que había sido el quien irrumpió cual tempestad, con esa calma impropia sosteniendo la violencia.

Y Nyx…
Nyx le concedería esa fortaleza.

– Si vamos a formar una alianza, por Sara, no puede haber secretos entre…– su mirada descendió de arriba a abajo con esa orgullosa actitud deliberada, examinándolo. El cabello azabache le caía a mechones rebeldes sobre su frente, con esa misma insolencia que habitaba en el fuego de sus ojos. La ropa oscura que contrastaba con el collar que colgaba de su cuello, sus manos que cargaban esa katana que minutos antes había empuñado con insultante habilidad.

Y la cicatriz en su mejilla…

Lo examinaba como quien examina un arma. Con el mismo descaro que él, horas antes, había asumido que podía tomarse atribuciones sobre ella. Y solo cuando volvió a sus ojos, señalo el espacio, la distancia física que ya habían desafiado una y otra vez entre ellos –…esto –

Dejo la palabra suspendida entre ambos, carente de ese significado real que muchas veces era necesario. Podría ser una alianza, podría ser una tregua o podría ser...un gran problema; como esa acción de pararse en la orilla del acantilado y encontrar que el vacío, tenía el descaro de mirar de vuelta con el desafío por delante.

Volvió a reanudar la marcha, cada vez mas cerca de la segunda planta – Y ya que al parecer eres mi escolta y yo soy tu coartada…– Solo ahí saco del bolsillo la carta que Sara había escrito, esa que el maldito de Jona Andover estaba dispuesto a dejar olvidada en una repisa o un basurero, esa donde una niña medio analfabeta hacia su mayor esfuerzo para pedir ayuda; se la lanzó en su dirección. No se detuvo a comprobar que podía atajarla, si manejaba la katana de la forma que acababa de hacerlo hace momentos atrás, estaba segura de que la había atajado.

Era un gesto pequeño.
Pero era esa muestra de que aceptaba colaborar.

 – ¿La escolta tiene nombre o debo inventarme uno? – añadió una vez que llegó al segundo piso y el pasillo corto con dos puertas apareció ante ellos – Porque “el hombre que deja inconsciente a mujeres para llevárselas a casa” ocupa demasiado espacio en una conversación –

Léeme
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RE: [Priv. | Pasado] Los niños del mar - por Nyxara Archeron - 03-06-2026, 03:23 PM

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