04-06-2026, 05:56 AM
Siempre me ha parecido curioso cómo el destino entrelaza los caminos de algunas personas con los de otras, a veces, esos destinos llegan envueltos en risas, comedia y situaciones incómodas, otras son reflejadas en admiración, atracción y amor… y en ocasiones, también en desesperación.
Mi deseo era llegar a la cima y hacer de ese lugar algo mío, en la soledad de la madrugada bajo el amparo del manto nocturno, sola con una mente dejándose llevar por la inspiración, permitiendo que las emociones fluyeran libremente hasta transformarse en tinta sobre el papel, de poder poner en práctica la melodía de mis sueños, pero… al culminar mi ascenso en el último escalón me encontré con un escenario completamente distinto al que había imaginado, la sorpresa llenó mis ojos por un instante y aunque a mis pies una gorra se balanceaba con calma, no le di importante puesto que mi atención fue captada por otra cosa.
Dejé caer mi libreta de apuntes y en cuanto tocó el suelo sus hojas libres se esparcieron hasta ser empujadas por la brisa cuesta abajo por las escaleras detrás de mí, al mismo tiempo que el estuche de mi violín también cayó con un golpe seco contra el suelo pero este se quedó en el umbral de la escalera debido a su peso. Recuerdo haber gritado pero a pesar de ser yo quien emitia tal ruido, el sonido jamás llegó a mis oídos.
Corrí directamente hacia la baranda del faro, desesperada ante la idea de que en ese instante la vida de una persona pudiera estar en peligro y es que cuando llegué a la cima lo primero que ví fue una capa de humo ondeando en el viento junto a una bandera rosa que se agitaba en aquel panorama nocturno y con unos segundos de adaptación entendí que se trataba de un joven de cabellera rosada, vestido con el uniforme de la marina, de pie frente al barandal sin ninguna protección, estaba a punto de saltar al vacío, a un paso de… quitarse la vida.
Lo primero que hice fue sujetarlo del brazo con desesperación, lo abracé con tanta fuerza como si pudiera anclarlo a la vida, como si ese gesto bastara para alejarlo del borde de la locura, empecé a jalarlo con los ojos cerrados, intentando reunir toda mi fuerza entre el pánico y la urgencia de salvarlo—--¡E-e-e-espera! — titubeé con mi corazón alarmado, ya no quedaba rastro de mi calma ni de mi sueño, no solo mi corazón estaba despierto, todos mis sentidos se habían activado de golpe.
—- ¡N-n-no, no, no sé por qué haces esto! ¡Es verdad que a veces la vida es dura! —- intentaba ponerme en sus zapatos, entenderlo, incluso justificar su decisión — ¡Pero suicidarte no es una solución! ¡No lo es! —- ¿Qué podía hacer para convencerlo?, ¿Cómo pedir ayuda si no había nadie allí?, mi cuerpo completo temblaba de terror y preocupación.
—- ¡Por favor, te lo suplico! —- tiré de él con más fuerza —- No te conozco… pero sé que todos tenemos metas, sueños, algo por lo que seguir… ¡No te rindas!
Mi deseo era llegar a la cima y hacer de ese lugar algo mío, en la soledad de la madrugada bajo el amparo del manto nocturno, sola con una mente dejándose llevar por la inspiración, permitiendo que las emociones fluyeran libremente hasta transformarse en tinta sobre el papel, de poder poner en práctica la melodía de mis sueños, pero… al culminar mi ascenso en el último escalón me encontré con un escenario completamente distinto al que había imaginado, la sorpresa llenó mis ojos por un instante y aunque a mis pies una gorra se balanceaba con calma, no le di importante puesto que mi atención fue captada por otra cosa.
Dejé caer mi libreta de apuntes y en cuanto tocó el suelo sus hojas libres se esparcieron hasta ser empujadas por la brisa cuesta abajo por las escaleras detrás de mí, al mismo tiempo que el estuche de mi violín también cayó con un golpe seco contra el suelo pero este se quedó en el umbral de la escalera debido a su peso. Recuerdo haber gritado pero a pesar de ser yo quien emitia tal ruido, el sonido jamás llegó a mis oídos.
Corrí directamente hacia la baranda del faro, desesperada ante la idea de que en ese instante la vida de una persona pudiera estar en peligro y es que cuando llegué a la cima lo primero que ví fue una capa de humo ondeando en el viento junto a una bandera rosa que se agitaba en aquel panorama nocturno y con unos segundos de adaptación entendí que se trataba de un joven de cabellera rosada, vestido con el uniforme de la marina, de pie frente al barandal sin ninguna protección, estaba a punto de saltar al vacío, a un paso de… quitarse la vida.
Lo primero que hice fue sujetarlo del brazo con desesperación, lo abracé con tanta fuerza como si pudiera anclarlo a la vida, como si ese gesto bastara para alejarlo del borde de la locura, empecé a jalarlo con los ojos cerrados, intentando reunir toda mi fuerza entre el pánico y la urgencia de salvarlo—--¡E-e-e-espera! — titubeé con mi corazón alarmado, ya no quedaba rastro de mi calma ni de mi sueño, no solo mi corazón estaba despierto, todos mis sentidos se habían activado de golpe.
—- ¡N-n-no, no, no sé por qué haces esto! ¡Es verdad que a veces la vida es dura! —- intentaba ponerme en sus zapatos, entenderlo, incluso justificar su decisión — ¡Pero suicidarte no es una solución! ¡No lo es! —- ¿Qué podía hacer para convencerlo?, ¿Cómo pedir ayuda si no había nadie allí?, mi cuerpo completo temblaba de terror y preocupación.
—- ¡Por favor, te lo suplico! —- tiré de él con más fuerza —- No te conozco… pero sé que todos tenemos metas, sueños, algo por lo que seguir… ¡No te rindas!
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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