04-06-2026, 11:18 AM
Isla Matsuri, un reino de paz en mitad de un mar en guerra. Los ciudadanos aquí pasean con tranquilidad por las calles, sin miedo a ser atacados por piratas o criminales, escoltados siempre por los honorables soldados de la Marina, que está asentada en el lugar con un base militar operativa. La economía es estable, el clima acogedor y el reino acoge de buena grado al turismo, proponiendo servicios únicos en el mundo para aquellos que quieren pasarlo bien y disfrutar. ¿Qué podría ir mal en un lugar como este?
Nyra se encuentra en la puerta de su camarote, a punto de entrar. Lleva varios días cumpliendo con sus labores de mantenimiento y siendo estricta con su adiestramiento militar. Vuelve de hacer ejercicio, de entrenar junto a varios de sus compañeros de división. La disciplina siempre ha sido una virtud en ella, más aún después de todo lo que ha vivido en el campo de batalla. Pero el reposo también forma parte de la rutina, así que después de unos buenos sparring toca quitarse la ropa sudada y ponerse cómoda.
Sin embargo, cruzando ya al interior, una voz la reclama a lo lejos. -¡¡Señorita Nyra!!- grita un joven que viene corriendo a toda velocidad. -¡¡Señorita Nyra, un segundo por favor!!- el hombre se detiene frente a ella, exhausto, apoyado con su mano derecha sobre la rodilla y con el torso flexionado, recuperando el aire a bocanadas. En su mano izquierda parece sostener una carta.
Cuando consigue recomponerse, adopta una postura militar, firme y con la mano derecha sobre la frente. -Se presenta Soldado Raso Miguel Ángel- y extiende la carta. -Vengo personalmente a entregar esto, de parte de cargos superiores...- mientras lo dice, parece no mirar a los ojos a la receptora. No por faltar al respeto, sino porque está memorizando cada palabra que debe decir al pie de la letra, como si fuera un discurso. Se le ve muy novato, un principiante que busca hacerlo todo bien. -... Es imprescindible que la carta sea leída con... Con la mayor brevedad posible en un entorno privado y seguro. ¿Y seguro...?- duda. -Y seguro, si... Cien por cien.-
Después de esto, ahora sí, mira y sonríe, aliviado. Espera a que recojas la carta y a tu respuesta. Tras esto, no pierde mucho más tiempo y se despide. -Un placer, Nyra. Me marcho a seguir con mis funciones.- recupera el saludo militar y tan rápido como vino, se marcha.
Nyra está ya, por fin, dentro de su habitación. Está sola, puede relajarse y hacer lo que le plazca. En su poder, la carta del soldado, entregada en un sobre blanco con un sello aguamarina que lo cierra, con el emblema de la Marina estampado sobre él. Al abrirlo, un documento se presenta tal que así:
La carta es bastante clara, aunque encierra enigmas bastante misteriosos. Aún así, una misión es una misión, y el sellado es oficial. La hora de encuentro sería en breve, aunque aún le da tiempo a prepararse y recoger todo lo necesario: Armas, utilería, disfraces... Se avecina una nueva aventura, así que ya descartaría en otro momento.
Por cosas como esta, es difícil de encontrar si no lo conoces en profundidad. No para quieto, prefiere pasear y aprender antes que gastar su tiempo sin hacer nada o relajarse en demasía. Tampoco lo verás con frecuencia en los campos de entrenamiento o en los gimnasios, a diferencia de sus compañeros de división. A él lo encontrarás entre los comercios locales o mejorando sus dotes de artesano.
Ahora se encuentra en los archivos de la G-39, rodeado de documentos y expedientes criminales del pasado. Estudia patrones y busca similitudes entre casos criminales de ayer y hoy, mientras se fascina con carteles de grandes piratas y hazañas de héroes del ejército. Eso hace, hasta que es interrumpido por un estruendo ensordecedor.
Las puertas del recinto se abren a calicanto, golpeando con violencia las paredes y haciendo rechinar las bisagras oxidadas. Aparece entonces un joven soldado, algo rechoncho pero fornido. Su tez es morena, con el pelo castaño y un bigote en lápiz y viste de forma bastante deficiente su uniforme. Se le ve novato con un simple vistazo. -Se presenta Soldado Raso Miguel Ángel- dice, encarándose y mostrando una postura militar firme, con la mano derecha sobre la frente. -Vengo personalmente a entregar esto, de parte de cargos superiores...- empieza a recitar, como si se hubiera aprendido un guión de memoria. Él mismo se interrumpe al meter la mano en su bolsillo izquierdo del pantalón, del cual saca una carta, mientras la otra se le cae. -Mierda...- se agacha a recogerla. -¿...como sigue...?- duda. -Ah si... Es imprescindible que la carta sea leída con la mayor brevedad posible en un entorno privado y seguro.- y estira la mano para que su compañero recepcione el sobre.
Espera la respuesta, sonriente y satisfecho, y tras la misma, se mira el reloj y sus ojos se abren como platos. Se le escucha susurrar entre dientes -Mierda...- mira con toda la amabilidad posible, aunque con una prisa del copón. -Disculpa, caballero, pero se me echa el tiempo encima. ¡Un placer!- y acelerando el paso, se marcha.
Bajo la custodia de Kael queda un sobre blanco, con un sello esmeralda con el emblema de la Marina sobre él. En su interior hay un par de tickets de circo carmesí con unas letras doradas que marcan "VIP" y una carta.
Una misión un tanto peculiar, pero única en su haber. El escrito es misterioso, pero las ordenes son las órdenes, y sin oficiales. Tiene tiempo de sobra para hacerse con lo que necesite y prepararse para lo que se acontece. Es noche de baile.
La inmensa carpa es igual a la de un circo, con su lona de colores vivos, rojos y amarillos a rallas. La coronan tres banderines rojos que ondean a compás del viento. La luz del interior intenta escapar por la misma, dando la impresión de que el lugar brilla como una estrella más en la noche. Una música al ritmo de un vals lento se filtra hacia el exterior, mezclándose con el murmuro y las risas de la gente que rodea el lugar. Personas ocultas tras máscaras y vestidos imposibles, cada uno de su madre y de su padre, pero cargados de adornos caros y ostentosos. Probablemente ninguno de los allá presentes necesite ganarse el sueldo en lo que les queda de vida.
El punto de encuentro, casualmente, es a una esquina de allí, por un acceso poco frecuentado a estas horas más que por aquellos que saben de la existencia de fiesta. Es fácil no perderse si sigues a uno de estos ricachones. Por suerte, para ambos Marines, el "otro agente" con el que deben colaborar para llevar a cabo la misión, es ni más ni menos que su compañero de división. Una sorpresa agradable nada más comenzar. Aunque no deja de ser una casualidad sospechosamente sorprendentemente.
Una vez allí, tienen vista completa del recinto. Si cruzan la esquina y siguen el camino recto, verán una cola rápida formada por un máximo de diez personas que se va regenerando a medida que van entrando invitados. Estos parecen entregar un papel morado y enseñar una identificación a un par de vigilantes de seguridad estáticos en la puerta principal. Bordeando hacia la izquierda, una segunda fila, pero más comedida. Aquí la gente tan solo entrega algo, pero apenas se ve con claridad el qué. Lo único que se aprecia es que la gente parece incluso más adinerada que aquellos que acceden por la puerta principal y el que custodia la entrada, que tan solo es uno, parece más grande y tosco que sus compañeros. Si en vez de eso rodeas la carpa por la derecha, hay un acceso más. Por aquí no hay vigilancia, aunque si un grupo de unas diez o doce personas. Parecen trabajadores, cada uno con su indumentaria personal. Que si cocineros, camareros, otros con uniforme, alguno con mono de obra. Festejan, fuman y maldicen, y van rotando cada 30 minutos de unos a otros.
Sobre la carpa, como si fuera un puente, cruza de lado a lado un fragmento del recorrido de una montaña rusa. Está a diez metros por encima del punto más alto. Es firme y no está en funcionamiento, por eso nadie le presta atención. Pero ahí está.
La misión es clara, acceder al recinto y descubrir que trapos sucios se traen aquellos que juran protegernos sin que ellos os identifiquen primero. Pero... ¿Que se oculta tras la carpa? ¿Realmente estamos a salvo en esta ciudad? ¿Acaso alguien está tirando de los hilos y engañando al pueblo desde la oscuridad? Solo aquellos que se atreven a entrar, saben la verdad. Buena suerte, soldados!
Día 39 de Invierno, Año 17
08:37 P.M.
08:37 P.M.
Nyra se encuentra en la puerta de su camarote, a punto de entrar. Lleva varios días cumpliendo con sus labores de mantenimiento y siendo estricta con su adiestramiento militar. Vuelve de hacer ejercicio, de entrenar junto a varios de sus compañeros de división. La disciplina siempre ha sido una virtud en ella, más aún después de todo lo que ha vivido en el campo de batalla. Pero el reposo también forma parte de la rutina, así que después de unos buenos sparring toca quitarse la ropa sudada y ponerse cómoda.
Sin embargo, cruzando ya al interior, una voz la reclama a lo lejos. -¡¡Señorita Nyra!!- grita un joven que viene corriendo a toda velocidad. -¡¡Señorita Nyra, un segundo por favor!!- el hombre se detiene frente a ella, exhausto, apoyado con su mano derecha sobre la rodilla y con el torso flexionado, recuperando el aire a bocanadas. En su mano izquierda parece sostener una carta.
Cuando consigue recomponerse, adopta una postura militar, firme y con la mano derecha sobre la frente. -Se presenta Soldado Raso Miguel Ángel- y extiende la carta. -Vengo personalmente a entregar esto, de parte de cargos superiores...- mientras lo dice, parece no mirar a los ojos a la receptora. No por faltar al respeto, sino porque está memorizando cada palabra que debe decir al pie de la letra, como si fuera un discurso. Se le ve muy novato, un principiante que busca hacerlo todo bien. -... Es imprescindible que la carta sea leída con... Con la mayor brevedad posible en un entorno privado y seguro. ¿Y seguro...?- duda. -Y seguro, si... Cien por cien.-
Después de esto, ahora sí, mira y sonríe, aliviado. Espera a que recojas la carta y a tu respuesta. Tras esto, no pierde mucho más tiempo y se despide. -Un placer, Nyra. Me marcho a seguir con mis funciones.- recupera el saludo militar y tan rápido como vino, se marcha.
Nyra está ya, por fin, dentro de su habitación. Está sola, puede relajarse y hacer lo que le plazca. En su poder, la carta del soldado, entregada en un sobre blanco con un sello aguamarina que lo cierra, con el emblema de la Marina estampado sobre él. Al abrirlo, un documento se presenta tal que así:
Carta
La carta es bastante clara, aunque encierra enigmas bastante misteriosos. Aún así, una misión es una misión, y el sellado es oficial. La hora de encuentro sería en breve, aunque aún le da tiempo a prepararse y recoger todo lo necesario: Armas, utilería, disfraces... Se avecina una nueva aventura, así que ya descartaría en otro momento.
Ese mismo día, unos minutos antes
08:14 P.M.
Kael es un modelo de Marine bastante singular y único. Es reservado, analítico y confía más en el poder de su mente que en la fuerza de los puños. Para él, la lógica y la estrategia están por encima de las capacidades físicas y para ello cultiva su conocimiento a diario, nutriéndose de saber y fortaleciendo su espíritu y voluntad, antes que su condición atlética. No deja jamás de lado sus funciones como soldado ni sus valores como marine, pero cuando el conflicto se presenta, le gusta darle otro enfoque más táctico y preciso.08:14 P.M.
Por cosas como esta, es difícil de encontrar si no lo conoces en profundidad. No para quieto, prefiere pasear y aprender antes que gastar su tiempo sin hacer nada o relajarse en demasía. Tampoco lo verás con frecuencia en los campos de entrenamiento o en los gimnasios, a diferencia de sus compañeros de división. A él lo encontrarás entre los comercios locales o mejorando sus dotes de artesano.
Ahora se encuentra en los archivos de la G-39, rodeado de documentos y expedientes criminales del pasado. Estudia patrones y busca similitudes entre casos criminales de ayer y hoy, mientras se fascina con carteles de grandes piratas y hazañas de héroes del ejército. Eso hace, hasta que es interrumpido por un estruendo ensordecedor.
Las puertas del recinto se abren a calicanto, golpeando con violencia las paredes y haciendo rechinar las bisagras oxidadas. Aparece entonces un joven soldado, algo rechoncho pero fornido. Su tez es morena, con el pelo castaño y un bigote en lápiz y viste de forma bastante deficiente su uniforme. Se le ve novato con un simple vistazo. -Se presenta Soldado Raso Miguel Ángel- dice, encarándose y mostrando una postura militar firme, con la mano derecha sobre la frente. -Vengo personalmente a entregar esto, de parte de cargos superiores...- empieza a recitar, como si se hubiera aprendido un guión de memoria. Él mismo se interrumpe al meter la mano en su bolsillo izquierdo del pantalón, del cual saca una carta, mientras la otra se le cae. -Mierda...- se agacha a recogerla. -¿...como sigue...?- duda. -Ah si... Es imprescindible que la carta sea leída con la mayor brevedad posible en un entorno privado y seguro.- y estira la mano para que su compañero recepcione el sobre.
Espera la respuesta, sonriente y satisfecho, y tras la misma, se mira el reloj y sus ojos se abren como platos. Se le escucha susurrar entre dientes -Mierda...- mira con toda la amabilidad posible, aunque con una prisa del copón. -Disculpa, caballero, pero se me echa el tiempo encima. ¡Un placer!- y acelerando el paso, se marcha.
Bajo la custodia de Kael queda un sobre blanco, con un sello esmeralda con el emblema de la Marina sobre él. En su interior hay un par de tickets de circo carmesí con unas letras doradas que marcan "VIP" y una carta.
Carta 2
Una misión un tanto peculiar, pero única en su haber. El escrito es misterioso, pero las ordenes son las órdenes, y sin oficiales. Tiene tiempo de sobra para hacerse con lo que necesite y prepararse para lo que se acontece. Es noche de baile.
Esa misma noche, unas horas después
11:45 P.M
A estas horas de la noche, Joyland está cerrado de cara al público. Sus atracciones han dejado de funcionar y las luces de neón están apagadas. El hilo musical, repetitivo y estridente, ya no suena, y ha dado paso a un silencio sepulcral acompasado con el silbido del viento contra el metal y la tornillería oxidada. Sin embargo, no todo está desierto en el parque. En la zona trasera del mismo, más allá de cualquier paso accesible para los visitantes, una última carpa se mantiene en pié. Los grandes políticos y magnates de la ciudad, han organizado una fiesta privada, como cada xxxx día estacionario. 11:45 P.M
La inmensa carpa es igual a la de un circo, con su lona de colores vivos, rojos y amarillos a rallas. La coronan tres banderines rojos que ondean a compás del viento. La luz del interior intenta escapar por la misma, dando la impresión de que el lugar brilla como una estrella más en la noche. Una música al ritmo de un vals lento se filtra hacia el exterior, mezclándose con el murmuro y las risas de la gente que rodea el lugar. Personas ocultas tras máscaras y vestidos imposibles, cada uno de su madre y de su padre, pero cargados de adornos caros y ostentosos. Probablemente ninguno de los allá presentes necesite ganarse el sueldo en lo que les queda de vida.
El punto de encuentro, casualmente, es a una esquina de allí, por un acceso poco frecuentado a estas horas más que por aquellos que saben de la existencia de fiesta. Es fácil no perderse si sigues a uno de estos ricachones. Por suerte, para ambos Marines, el "otro agente" con el que deben colaborar para llevar a cabo la misión, es ni más ni menos que su compañero de división. Una sorpresa agradable nada más comenzar. Aunque no deja de ser una casualidad sospechosamente sorprendentemente.
Una vez allí, tienen vista completa del recinto. Si cruzan la esquina y siguen el camino recto, verán una cola rápida formada por un máximo de diez personas que se va regenerando a medida que van entrando invitados. Estos parecen entregar un papel morado y enseñar una identificación a un par de vigilantes de seguridad estáticos en la puerta principal. Bordeando hacia la izquierda, una segunda fila, pero más comedida. Aquí la gente tan solo entrega algo, pero apenas se ve con claridad el qué. Lo único que se aprecia es que la gente parece incluso más adinerada que aquellos que acceden por la puerta principal y el que custodia la entrada, que tan solo es uno, parece más grande y tosco que sus compañeros. Si en vez de eso rodeas la carpa por la derecha, hay un acceso más. Por aquí no hay vigilancia, aunque si un grupo de unas diez o doce personas. Parecen trabajadores, cada uno con su indumentaria personal. Que si cocineros, camareros, otros con uniforme, alguno con mono de obra. Festejan, fuman y maldicen, y van rotando cada 30 minutos de unos a otros.
Sobre la carpa, como si fuera un puente, cruza de lado a lado un fragmento del recorrido de una montaña rusa. Está a diez metros por encima del punto más alto. Es firme y no está en funcionamiento, por eso nadie le presta atención. Pero ahí está.
Fiesta Privada en Joyland
La misión es clara, acceder al recinto y descubrir que trapos sucios se traen aquellos que juran protegernos sin que ellos os identifiquen primero. Pero... ¿Que se oculta tras la carpa? ¿Realmente estamos a salvo en esta ciudad? ¿Acaso alguien está tirando de los hilos y engañando al pueblo desde la oscuridad? Solo aquellos que se atreven a entrar, saben la verdad. Buena suerte, soldados!
Bienvenidos!!
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