Every man is guilty of all the good he did not do - P. Absoluto T4
#20
Con una sonrisa de oreja a oreja, y manteniendo una serenidad atípica dadas las circunstancias, Shin escucha las palabras de Ruri, tan cantarinas como siempre que la ve, al menos desde que consiguió rescatarla del severo y mortal Minato. Lastimosamente para ella, la opinión de Hasegawa se orientaba a ser prácticamente sobreprotector, siguiendo matices claros vinculados a su filosofía.

—No puedo hacer eso, Ruri. ~ —le confirmó, dándole suaves palmadas en la cabeza, como a una hermana pequeña, sonriéndole mientras cierra los ojos. —Si te pusiera en un cargo para el que no estás lista, no me lo perdonaría nunca. —es débil al aprecio que le tiene, y eso ablanda su manera de decirle las cosas —¡Así que hazte fuerte! En este mundo tan salvaje, es lo que te abrirá puertas. —concluyó, omitiendo que en la vida hay varios tipos de fortaleza. Encontrar la propia es parte de ser alguien apto a ojos del albino.

A medida que sus ideas iban conectando puntos, y pensó en que podrían estar sobre el antiguo hogar de aquel viejo bastardo, Samantha le hizo saber con creces que quizás pecaba de risueño, o en su defecto, confiaba demasiado en la buena fortuna, pero a Shin no le importó demasiado, únicamente se centró en quien sí mostraba entusiasmo por ayudarlo, nuevamente cayendo ese peso sobre los hombros de Ruri, y escuchó lo que tenía para decir, dedicándole una sonrisa levemente neutral a la pelirrosa, como dándole a entender que la escuchó.

—¡Entonces volveremos a vernos pronto! ~ —contestó, asintiendo varias veces con un entusiasmo visible, entrando entonces en la etapa de la división, donde la chica abarcó un cuarto y Hasegawa se dirigió al otro que quedaba libre.

Examinó cada rincón con sumo cuidado, incluso tratando de buscar compuertas secretas, como las típicas novelas ligeras de misterio que ha leído alguna vez, pero... nada. Ni tan siquiera dentro del cofre donde todas las pistas apuntaban a la existencia de algo, sencillamente parecía que presencias previas a la llegada del grupo hubiesen vaciado de pistas importantes la zona, algo que no le extrañaría para nada considerando la ausencia de mucho polvo únicamente en ese sector de la casa.

Shin suspiró, desistiendo de seguir perdiendo el tiempo. Quizás Samantha tenía razón, y su corazonada estaba errada, así que sin más se volteó, alistándose para salir de la habitación y llevarse la ropa seca que encontró en los armarios.

Sin embargo, justo cuando iba a sujetar esas prendas, se quedó observando de reojo la cama, sus ojos cerúleos brillando con expectación.

De manera súbita, se fijó debajo de la susodicha, encontrándose en el centro una escotilla. Automáticamente sonrió, aún sin saber si allí encontraría información o todo seguiría vacío —Bingo. —era su pequeña victoria personal, porque para él sumaba puntos en el apartado de detective dentro de su inventario de estadísticas mental, acercándose a la misma tras correr la cama y abriéndola sin demasiado esfuerzo.

Al descender el corto camino hacia el subsuelo, hizo uso de su fruta del Diablo para iluminar la habitación secreta, percatándose de que efectivamente, allí se encontraban pertenencias de Minato. Otro punto para sus corazonadas detectivescas, sonriendo y dándose palmaditas en el torso de manera orgullosa.

Observó las fotos. Esa extraña rivalidad silenciosa típica del clan entre Ichiro y el azabache, también las sonrisas que compartía junto a Kiyoko, sin poder detectar del todo las fechas de esas imágenes, haciéndose difuso para su cabeza. Decidió guardarlas, en algún momento podría encarar a su padre sobre aquel tema, aferrándose a las mismas en el interior de su chaqueta marine.

Pero al final, en el centro, halló el elemento más disonante con el resto de detalles.

Un libro, el cual tras breves segundos de examinación sujetó para observarlo con mayor detalle, ojeando el interior, rebuscando entre sus páginas y dando con un código en kanjis que no llegaba a reconocer. Confundido, suspiró con algo de desgana y también lo guardó, asegurándose de no dejarse nada más allí antes de marcharse y volver con el resto.

Al volver con las chicas, ninguna parecía haber encontrado algo, y Hasegawa decidió que las mantendría fuera de aquel asunto por mera seguridad. Especialmente teniendo en cuenta a Ruri —Parece que al final tenías razón, Samy. Nada de nada. —con una sonrisa, finiquitó el tema.

Pero no fue tras todos los relatos de planes futuros que le contaron, que por acto de magia el albino pareció rescatar un detalle de entre todo lo que su mente había procesado —¡Por cierto! En la habitación donde fui hay un par de yukatas secos. Quizás deberían cambiarse antes de dormir. ~ —porque por supuesto, si iban a usarlo de vigía, se las tenía que cobrar con una pequeña maldad.

Lo siento, Ruri.

Así terminaría aquella velada, con un extraño sabor agridulce de victoria, misterios vinculados a la eterna disputa entre familias y clanes, y claro, la incertidumbre de lo que habrá sucedido con Issei.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]


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RE: Every man is guilty of all the good he did not do - P. Absoluto T4 - por Hasegawa Shin - 05-06-2026, 01:29 AM

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