05-06-2026, 03:49 AM
El silencio que se apoderó de la cámara apenas duró unos segundos antes de que mis oídos captaran cada respiración, cada roce de metal oxidado contra piedra y cada chapoteo oculto bajo aquellas aguas inmundas. No necesitaba verlos para saber que me habian rodeado —Ahhh…– suspire con pesadez…mi sentido agudizado dibujaba sus posiciones dentro de mi mente mientras las voces comenzaban a surgir desde distintos rincones. Cuando aquel sujeto habló sobre su supuesto paraíso y preguntó si ya sabía cómo funcionaban las cosas allí, incliné apenas la cabeza mientras lo observaba con una sonrisa cargada de ironía y burla —¿Y cómo es?...— pregunté con falsa curiosidad, no era la primera vez que me enfrentaba contra vándalos. Entonces me quité con calma la sombrilla, la cuerda y el resto de mis pertenencias, dejándolas cuidadosamente sobre las cajas recuperadas. Después entrelacé los dedos y apreté los nudillos hasta hacerlos crujir todos a la vez —Escuché que a los peces les gustaba comer mierda... ¿pero un gyojin? Supongo que siempre hay formas nuevas de sorprenderme — exprese con total sinceridad, mi intención era avivar la llama.
Ni siquiera terminé de bajar los brazos cuando el primero se lanzó hacia mí empuñando un tubo oxidado. Lo escuché venir antes de verlo, no dudé en girar sobre mi talón para esquivar el golpe por apenas unos centímetros y asi hundir el puño directamente contra su mandíbula. El impacto resonó como una tabla rompiéndose y el gyojin salió despedido contra dos de sus compañeros —Que asco…– mencione tras sentir la textura húmeda de su piel y tratando de omitir el pensamiento, sacudí la mano tras apretar el puño de nuevo. No les di tiempo para reaccionar, Avancé entre ellos como una ráfaga, descargando codazos, rodillazos y puñetazos. Un bate pasó rozando mi hombro mientras otro intentó atraparme por la espalda, pero me agaché y lo proyecté por encima de mí para hacerlo caer dentro de una canaleta. El agua negra explotó en todas direcciones, salpicandome sin misericordia. Aquello era desagradable, sí...pero detenerme por suciedad significaba perder la iniciativa –Es agua de lluvia…es agua de lluvia– mencione detrás de la máscara, trataba de no vomitar.
Los criminales debian de comprender que atacarme uno por uno era inútil. Las carcajadas desaparecieron poco a poco fueron sustituidas por gritos. Escuché cuarenta respiraciones aceleradas, cuarenta pares de pies golpeando la piedra húmeda y decenas de armas improvisadas cortando el aire. Retrocedí un paso, luego otro, utilizando el espacio justo para obligarlos a estorbarse entre ellos. Cada vez que uno se acercaba demasiado recibía un golpe devastador el torso o directo al rostro. Un cabezazo le partiría la nariz a otro y una patada giratoria derribó a tres más cuando intentaban rodearme. Sus cuerpos caían constantemente sobre las aguas residuales, convirtiendo el suelo en un caos de barro, suciedad y extremidades desordenadas mientras yo continuaba avanzando sin detenerme.
La pelea se convirtió en una auténtica tormenta, un espectaculo que me dejaba cada vez mas sucia, mi uniforme comenzo a teñirse de todo esa sustancia sucia. Cada vez que uno emergía de nuevo, mi respuesta llegaba primero con los mismo golpes, puño, patada, cabezazo, todo era un combo que provocaba los gritos y gemidos de dolor, Aunque terminé cubierta de aguas negras y manchas repugnantes de pies a cabeza, ninguno consiguió siquiera obligarme a retroceder más de unos cuantos pasos durante todo el enfrentamiento, mi espiritu era dura como una roca pero mis sentidos estaban siendo engañados por mi imaginación.
Cuando el último de ellos cayó al suelo, la enorme cámara quedó en silencio una vez más…solamente mis jadeos resonaban detras de la mascara de gas. Mientras observaba a los cuarenta gyojin repartidos entre la piedra húmeda y las canaletas. Algunos estaban inconscientes, otros demasiado adoloridos para levantarse. Tomé entonces la soga que llevaba conmigo y comencé a trabajar. Uno tras otro, fui inmovilizándolos con nudos firmes, agrupándolos como si fueran una enorme red de pesca recién recogida del mar. No tardé demasiado...después de todo, ninguno estaba en condiciones de resistirse, pero habia uno que otro que intento defenderse de nuevo…bueno, nuevamente probaba la justicia de mis puños. Una vez terminé con ellos, comprobé que las mercancías continuaran intactas y lancé una última mirada al montón de delincuentes derrotados —Definitivamente prefiero los peces normales— murmuré mientras esperaba la llegada de los refuerzos, rodeada por una banda completa de criminales que ya no representaba ningún peligro para mi, sin embargo, al ver mi uniforme manchado de tanta mierda, suspire tras comenzar a desabotonar la blusa, me estaba empezando a sentir incomoda, la imaginacion ya no me protegería de la realidad.
Ni siquiera terminé de bajar los brazos cuando el primero se lanzó hacia mí empuñando un tubo oxidado. Lo escuché venir antes de verlo, no dudé en girar sobre mi talón para esquivar el golpe por apenas unos centímetros y asi hundir el puño directamente contra su mandíbula. El impacto resonó como una tabla rompiéndose y el gyojin salió despedido contra dos de sus compañeros —Que asco…– mencione tras sentir la textura húmeda de su piel y tratando de omitir el pensamiento, sacudí la mano tras apretar el puño de nuevo. No les di tiempo para reaccionar, Avancé entre ellos como una ráfaga, descargando codazos, rodillazos y puñetazos. Un bate pasó rozando mi hombro mientras otro intentó atraparme por la espalda, pero me agaché y lo proyecté por encima de mí para hacerlo caer dentro de una canaleta. El agua negra explotó en todas direcciones, salpicandome sin misericordia. Aquello era desagradable, sí...pero detenerme por suciedad significaba perder la iniciativa –Es agua de lluvia…es agua de lluvia– mencione detrás de la máscara, trataba de no vomitar.
Los criminales debian de comprender que atacarme uno por uno era inútil. Las carcajadas desaparecieron poco a poco fueron sustituidas por gritos. Escuché cuarenta respiraciones aceleradas, cuarenta pares de pies golpeando la piedra húmeda y decenas de armas improvisadas cortando el aire. Retrocedí un paso, luego otro, utilizando el espacio justo para obligarlos a estorbarse entre ellos. Cada vez que uno se acercaba demasiado recibía un golpe devastador el torso o directo al rostro. Un cabezazo le partiría la nariz a otro y una patada giratoria derribó a tres más cuando intentaban rodearme. Sus cuerpos caían constantemente sobre las aguas residuales, convirtiendo el suelo en un caos de barro, suciedad y extremidades desordenadas mientras yo continuaba avanzando sin detenerme.
La pelea se convirtió en una auténtica tormenta, un espectaculo que me dejaba cada vez mas sucia, mi uniforme comenzo a teñirse de todo esa sustancia sucia. Cada vez que uno emergía de nuevo, mi respuesta llegaba primero con los mismo golpes, puño, patada, cabezazo, todo era un combo que provocaba los gritos y gemidos de dolor, Aunque terminé cubierta de aguas negras y manchas repugnantes de pies a cabeza, ninguno consiguió siquiera obligarme a retroceder más de unos cuantos pasos durante todo el enfrentamiento, mi espiritu era dura como una roca pero mis sentidos estaban siendo engañados por mi imaginación.
Cuando el último de ellos cayó al suelo, la enorme cámara quedó en silencio una vez más…solamente mis jadeos resonaban detras de la mascara de gas. Mientras observaba a los cuarenta gyojin repartidos entre la piedra húmeda y las canaletas. Algunos estaban inconscientes, otros demasiado adoloridos para levantarse. Tomé entonces la soga que llevaba conmigo y comencé a trabajar. Uno tras otro, fui inmovilizándolos con nudos firmes, agrupándolos como si fueran una enorme red de pesca recién recogida del mar. No tardé demasiado...después de todo, ninguno estaba en condiciones de resistirse, pero habia uno que otro que intento defenderse de nuevo…bueno, nuevamente probaba la justicia de mis puños. Una vez terminé con ellos, comprobé que las mercancías continuaran intactas y lancé una última mirada al montón de delincuentes derrotados —Definitivamente prefiero los peces normales— murmuré mientras esperaba la llegada de los refuerzos, rodeada por una banda completa de criminales que ya no representaba ningún peligro para mi, sin embargo, al ver mi uniforme manchado de tanta mierda, suspire tras comenzar a desabotonar la blusa, me estaba empezando a sentir incomoda, la imaginacion ya no me protegería de la realidad.
Resumen

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