[T8 - Pres. Relativo] El valor de la justicia
#26
Finalmente, vi desaparecer al esclavista en el abismo del volcán. Su figura humanoide de brazos largos, sus cuencas vacías, sus lanzas, todo se perdió en la oscuridad de las laderas del Tanazos. Lo único que se emitió fue un silencio, el silencio perturbador de una vida que se apagaba entre las rocas escarpadas de aquel volcán que había sido su hogar y su tumba a la vez. Era un esclavista, un ser que había sometido a esta criatura magnífica con cadenas y miedo durante quién sabe cuánto tiempo por lo que no me arrepentía de haberlo hecho… pero me marcaria de por vida. Era la primera vez que tomaba una vida con mis propias manos y el peso de la idea se asentó en mi pecho con una claridad brutal que no esperaba. Una cosa era tener la certeza de que en esta línea de trabajo toda vida estaba en peligro y otra era tomar una por mis propias manos. Me alegré profundamente de estar solo en ese momento, a 1500 metros de altura sobre el volcán, sin Joe, sin Karl, sin Apolo. No tenía lo necesario para enfrentarles y afrontar lo que había sucedido. Quizás algún día lo tendría, quizás algún día podría sincerarme con ellos. O quizás sería un detalle de mi vida que me llevaría a la tumba.
 
El dragón se estremeció violentamente bajo mi peso y eso me saco de mi ensimismamiento. Sus escamas ardían bajo mis manos como brasas vivas, abrasadoras al tacto, lo suficiente para sentir una molestia constante en mis palmas, pero no lo suficiente para soltarme. A 30 metros del borde de la plataforma rocosa donde había comenzado este enfrentamiento, la criatura movió su cabeza con furia lanzando grandes bocanadas de fuego verde que iluminaron los cielos tormentosos de Mystoria. El calor de aquellas llamas rozó mi costado izquierdo, obligándome a inclinarme hacia la derecha mientras me aferraba con ambas manos a las escamas de su cuello. Sus alas batieron con una fuerza descomunal generando tornados a su alrededor que tiraban de mi capa y amenazaban con arrancarme de su lomo si cedía un centímetro, pero no cedí. Mi haoshoku fluía constantemente desde el centro de mi ser, expandiéndose en 1 metro de diámetro alrededor de mi cuerpo sin demandar obediencia, si no más bien otorgando una promesa, la misma que había intentado transmitirle desde que lo encontré por primera vez en esta plataforma, que esto era diferente a todo lo que había conocido hasta ahora. Que las cadenas que colgaban libremente de su cuello no serían reemplazadas por otras.
 
El dragón lanzó otra bocanada de fuego, esta vez hacia arriba, y rugió con una furia que hizo eco en las paredes del volcán. Pero sus movimientos empezaban a cambiar, la resistencia perdiendo su filo inicial hasta que por fin dejó de resistirse. Con un rugido que pareció sacudir las nubes sobre nuestras cabezas, desplegó sus enormes alas y ascendió. El viento se convirtió en un vendaval ensordecedor que azotaba mis oídos con una fuerza que superaba cualquier cosa que hubiera experimentado antes. Me aferré con toda la fuerza de mis brazos a las escamas de su cuello, mis dedos encontrando agarre entre las placas verde jade mientras los metros bajo mis pies se multiplicaban a una velocidad vertiginosa – 1500 metros, 2000 metros, 2500 metros – el frío se intensificaba con cada impulso de sus alas, cortando a través de mi uniforme de marine como si no existiera – 3000 metros, 3500 metros, 4000 metros – la vegetación de Mystoria había desaparecido por completo en la perspectiva desde arriba, reducida a una mancha verde oscuro que contrastaba con el negro volcánico. Las nubes de la tormenta quedaron a nuestra altura, húmedas y frías, envolviéndonos durante unos segundos en una niebla densa antes de que el dragón las atravesara con un impulso poderoso de sus alas para así superar la cima del volcán Tanazos hasta que, a 4500 metros de altura, el dragón se detuvo.
 
Suspenso en el aire sobre Mystoria, sus alas batiendo con una cadencia lenta y constante para mantener la altura, la criatura permaneció inmóvil. Y yo, aferrado a su lomo, levanté la vista. Mystoria se extendía bajo mis pies como un mapa viviente, cada detalle que había conocido a ras de suelo transformado en algo completamente diferente desde aquí arriba. Los bosques densos e indomables que cubrían el interior de la isla desde las faldas del volcán hasta las costas, una alfombra de verdes profundos que apenas había 4 horas eran el terreno donde los picuchillos defendían su nido. El gran lago, perfectamente circular desde esta altura, sus aguas de un azul oscuro que recordaban las profundidades del océano, el mismo lago donde había buceado buscando aquella piedra. El faro, apenas un punto blanco entre el verde y el gris de las costas, el único testimonio visible de la presencia de la División 9 en esta isla salvaje. Las costas irregulares abrazaban Mystoria por todos lados, el oleaje rompiendo en franjas blancas contra la roca. Y alrededor de todo eso, extendiéndose en todas las direcciones hasta donde alcanzaba la vista, el mar del Nuevo Mundo. Infinito, absoluto, indiferente a todo lo que acababa de ocurrir en las cumbres de este volcán. Permanecí inmóvil junto al dragón, sintiendo el frío cortante del viento a 4500 metros de altura y el calor de las escamas bajo mis manos. Era una vista que pocos seres podrían contemplar jamás y me regalaba una perspectiva que hacía sentir todo lo demás, el combate, el peso de lo que había hecho, las cadenas, las preguntas sin respuesta, extrañamente pequeño.
 
Acaricié suavemente las escamas del cuello del dragón con mis dedos, sintiendo el calor pulsante de su vida bajo las placas verde jade – “Gracias” – dije en voz baja, aunque el viento casi se llevó las palabras – “Por mostrarme esto. De cierto modo, me has salvado.” – el dragón giró ligeramente su cabeza, un ojo cristalino mirándome por encima de su hombro. Ya no había furia en él. Las cadenas golpeaban suavemente contra sus escamas con cada movimiento de sus alas, un sonido metálico que pronto dejaría de existir – “Eres libre” – continué con voz comandante rompiendo las cadenas que le apresaban el cuello para finalmente tirarlas a la boca del volcán – “Las cadenas se fueron con él para siempre. Nadie volverá a ponerte otras.” – señalé hacia el horizonte, hacia el mar que se extendía más allá de Mystoria en todas las direcciones – “Este cielo es tuyo.”
 

 
Resumen

Belico

Gastos

Off
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 8718 + 0 = 8718
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RE: [T8 - Pres. Relativo] El valor de la justicia - por Fuguwu - 05-06-2026, 11:51 AM

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