05-06-2026, 12:42 PM
(Última modificación: 05-06-2026, 01:30 PM por Stroud Nanashi.)
Cayendo sobre la nieve y levantando una polvareda blanca a su alrededor al frenar sobre la misma, Stroud observó las consecuencias de su ataque. Una vez iniciada la confrontación, ver cómo el enemigo reaccionaba, o no, a un golpe de cierta potencia era una de las mejores maneras de evaluar rápidamente la situación, y no le gustó lo que vio. Había sido lo suficientemente rápido, lo suficiente como para que incluso los osos no fueran conscientes de su presencia, así como el propio Betrug, pero la conclusión ante cómo había encajado el golpe era evidente: aquel tipo era fuerte, pese a las apariencias. Iba a ser un problema, sobre todo si la División no actuaba con la coordinación que necesitaba mostrar en momentos como aquel. Su golpe ni siquiera lo había desplazado del lugar, como había sido su intención. Estaban tocados desde el enfrentamiento contra los Lapahn, que había requerido más recursos de lo que habría sido ideal. Sin embargo, Betrug había sangrado, y si podía sangrar, podía ser ajusticiado.
El ataque de Bertram no había tardado en llegar, encajándole dos saetas en el pecho, que nunca venían mal. Sin embargo, la ofensiva de Kibai no había tenido tanto éxito, y Betrug había sido plenamente capaz de esquivarla sin ningún problema. Tendrían que subir la potencia. Sin embargo, aún no estaba listo para usar la técnica que quería. Debía prepararse. Después del desgaste, debían enfrentarse a un combate de desgaste. Sus ojos, de aquel gris oscuro, iban de un lado para otro, analizando la situación e intentando optimizar la siguiente jugada. Repentinamente, Betrug había desaparecido, aunque el impacto sobre Bertram y Kibai se volvió rápidamente evidente. El hijo de puta, además de fuerte, era indudablemente rápido. La atención de Stroud, sin embargo, debió desviarse inmediatamente a los dos enormes esos, que habían parecido salir de su ensimismamiento y habían comenzado a avanzar hacia él, arrasando con todo a su paso. Debía decidir qué hacer. Su primer instinto, claro, fue acabar con ellos allí y entonces; no le llevaría más que un instante.
El extraño hombre parecía haber finalizado un movimiento de rotación, con el que había golpeado simultáneamente a sus dos compañeros. Pero él también había cometido un error fundamental: los subestimaba. Viendo cómo los osos se aproximaban a él, dio un pisotón sobre la nieve, a partir del cual el mochi comenzó a expandirse por su cuerpo, bajo el uniforme, de forma que entre los agujeros de su ropa comenzaron a volverse visibles una serie de espirales sobre su piel: "¡And Justice For One! Venid a por mí," dijo, mientras se preparaba para recibir la embestida de los osos, sus zarpas avanzando a través de la nieve y dejando profundas huellas. Pero lo pensó mejor. Stroud había aprendido una valiosa lección de su enfrentamiento con los Lapahn, y no debía caer en el mismo error. Era imprescindible priorizar a Betrug; podrían ocuparse de los osos más tarde. Cuando se trataba de gentuza como Betrug, a Stroud le importaban tres narices el honor y la limpieza de un combate. Mucho más veloz que los propios osos, decidió aprovecharse de que Betrug mantenía su atención en Bertram y Kibai, encarado hacia ellos, y salió corriendo hacia él, recorriendode un plumazo los 14 metros que distaban entre ambos y provocando que la niebe se pulverizase en una pequeña nube a su paso. "¡Jawbreaker doble... por detrás!," exclamó, al mismo tiempo que, por la espalda, encajaba dos puñetazos simultáneos que pasaban junto a los hombros de Betrug, de menor envergadura que el Marine, y aterrizaban en ambos ángulos de su mandíbula, causando una suerte de pinza sobre su cabeza desde ambos lados. Y, en el preciso instante en que ambos hubieron impactado, tomó impulso sobre la nieve, dando un salto y quedando a cinco metros de Betrug, manteniéndolos tanto a él como a los osos de las narices en su campo de visión.
El ataque de Bertram no había tardado en llegar, encajándole dos saetas en el pecho, que nunca venían mal. Sin embargo, la ofensiva de Kibai no había tenido tanto éxito, y Betrug había sido plenamente capaz de esquivarla sin ningún problema. Tendrían que subir la potencia. Sin embargo, aún no estaba listo para usar la técnica que quería. Debía prepararse. Después del desgaste, debían enfrentarse a un combate de desgaste. Sus ojos, de aquel gris oscuro, iban de un lado para otro, analizando la situación e intentando optimizar la siguiente jugada. Repentinamente, Betrug había desaparecido, aunque el impacto sobre Bertram y Kibai se volvió rápidamente evidente. El hijo de puta, además de fuerte, era indudablemente rápido. La atención de Stroud, sin embargo, debió desviarse inmediatamente a los dos enormes esos, que habían parecido salir de su ensimismamiento y habían comenzado a avanzar hacia él, arrasando con todo a su paso. Debía decidir qué hacer. Su primer instinto, claro, fue acabar con ellos allí y entonces; no le llevaría más que un instante.
El extraño hombre parecía haber finalizado un movimiento de rotación, con el que había golpeado simultáneamente a sus dos compañeros. Pero él también había cometido un error fundamental: los subestimaba. Viendo cómo los osos se aproximaban a él, dio un pisotón sobre la nieve, a partir del cual el mochi comenzó a expandirse por su cuerpo, bajo el uniforme, de forma que entre los agujeros de su ropa comenzaron a volverse visibles una serie de espirales sobre su piel: "¡And Justice For One! Venid a por mí," dijo, mientras se preparaba para recibir la embestida de los osos, sus zarpas avanzando a través de la nieve y dejando profundas huellas. Pero lo pensó mejor. Stroud había aprendido una valiosa lección de su enfrentamiento con los Lapahn, y no debía caer en el mismo error. Era imprescindible priorizar a Betrug; podrían ocuparse de los osos más tarde. Cuando se trataba de gentuza como Betrug, a Stroud le importaban tres narices el honor y la limpieza de un combate. Mucho más veloz que los propios osos, decidió aprovecharse de que Betrug mantenía su atención en Bertram y Kibai, encarado hacia ellos, y salió corriendo hacia él, recorriendode un plumazo los 14 metros que distaban entre ambos y provocando que la niebe se pulverizase en una pequeña nube a su paso. "¡Jawbreaker doble... por detrás!," exclamó, al mismo tiempo que, por la espalda, encajaba dos puñetazos simultáneos que pasaban junto a los hombros de Betrug, de menor envergadura que el Marine, y aterrizaban en ambos ángulos de su mandíbula, causando una suerte de pinza sobre su cabeza desde ambos lados. Y, en el preciso instante en que ambos hubieron impactado, tomó impulso sobre la nieve, dando un salto y quedando a cinco metros de Betrug, manteniéndolos tanto a él como a los osos de las narices en su campo de visión.
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