05-06-2026, 10:30 PM
El otoño en Matsuri siempre me pareció una estación curiosa que aunque las brisas heladas recorrían sus calles y el calor de la primavera había quedado atrás, la belleza de aquella época parecía resistirse al paso de las estaciones, algunas flores desaparecían con la llegada del frío pero otras permanecían inmutables, desafiando las estaciones como si fueran flores eternas.
Aquella mañana libre decidí pasar el rato libre en una pequeña cafetería de ambiente hogareño mientras disfrutaba de un café negro acompañado de una dona glaseada, rellanas de jalea de fresa, mis manos hojeaba un libro dedicado a las guías y principios de los navegantes principiantes, mi interés por aquel oficio había nacido de una simple realidad, no sé nada sobre cómo navegar por mi cuenta. Desde mi llegada a Matsuri había procurado estudiar más acerca de ese mundo fascinante, conocía algunas nociones básicas gracias a mi familia cuyos integrantes eran en su mayoría pescadores, pero esta vez el desafío es diferente puesto que algún día tendría que abrirse paso mi viaje a otras islas, y tendría que hacerlo sola.
Mis estudios se vieron interrumpidos cuando algunas personas sentadas cerca de mi mesa comenzaron a hablar en voz demasiado alta, al parecer sus cultivos de flores estaban atravesando una etapa de marchitamiento y ahora culpaban al gobierno por no priorizar las necesidades de los agricultores, destinando más recursos al cuerpo militar y al reclutamiento de nuevo personal. Uno de ellos comentó que estaba a favor de hubiera más marines patrullando las calles de Matsuri, sin embargo, en mi mente debatí aquella opinión de inmediato, existen piratas de corazón noble así como marines que han abusado de su autoridad hasta corromperse por completo. Arnold Redflag era un claro ejemplo de ello. La conversación entre ambos jóvenes llegó a su fin con la repentina entrada de una señora que avanzaba a paso firme, sus pisadas resonaban con tal fuerza que podían escucharse desde el otro extremo del establecimiento, apenas oyó la opinión del muchacho que apoyaba una mayor presencia de marines cuando descargó sobre él una severa reprimenda. Era su madre.
Tras aquello… el silencio y la tranquilidad regresaron a la cafetería por lo que tomé un sorbo de mi café y continué leyendo mi libro para navegantes principiantes. Sentí algo de pena por el chico aunque supuse que la situación no había sido tan grave al parecer que era un asunto familiar.
Pero no pude siquiera terminar de leer el primer párrafo cuando una voz pequeña, suave y tímida llamó mi atención, mis ojos se apartaron de las páginas y terminaron encontrándose con los de un niño que parecía estar al borde de las lágrimas, llevaba una boina, ropa abrigadora y sostenía entre sus manos una copia de mi wanted mientras intentaba explicarme, con evidente nerviosismo, que sus padres habían quedado atrapados por una máquina. Por un instante mi atención se dividió entre sus palabras y aquel cartel, sentí una ligera alarma al verlo en sus manos pero bastó observar el miedo reflejado en su rostro para que cualquier otra preocupación pasara a segundo plano, analicé rápidamente cada fragmento de lo que acababa de decirme, intentando comprender la situación que exponía en aflicción. Me incliné ahora un poco hacia él y llevé mis manos hasta su rostro, limpiando con delicadeza el rastro de lágrimas que amenazaba con escapar de sus ojos, quería trasmitirle calma a través de aquel gesto.
—-- Tranquilo, vamos ahora con tus padres. —- dije con una tono de voz casi susurrante, no era prudente llamar la atención de quienes nos rodeaban, después de todo el mismo cartel que sostenía entre sus manos era suficiente para causarme problemas, nunca he cometido un fechoría, pero sí pertenecía hace tiempo a una tripulación y por ende mi nombre terminó manchado. Con la decisión tomada casi al instante, cerré el libro sin pensarlo dos veces puesto que la preocupación del pequeño era demasiado para ignorarlo, y de existir siquiera una posibilidad de ayudar a sus padres, no tenía intención de quedarme sentada leyendo mientras había alguien al borde de algún peligro severo.
Recogí mis cosas tan rápido como pude, el estuche de mi violín, Amphitrite, además de mi arco y flechas, mientras me prepara para seguirlo, el niño me avisó que las calles principales estaban repletas de marines, aquello complicaba bastante la situación, con mi rostro circulando en un wanted lo último que necesitaba era cruzarme con alguno de ellos, por suerte el pequeño conocía un atajo que nos permitiría movernos lejos de miradas indiscretas, así que le sonreía amable, gentil, cálida para que tuviese tranquilidad.
—- Por favor guíame, ¿cómo te llamas, cariño?
Amphitrite Toca la Cancion
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