06-06-2026, 07:31 PM
Kuroshiro se mostraba demasiado segura, su presencia en lo que teóricamente debería ser un omiai, del cual se saltaron varios pasos considerando la disputa política, estaba casi confirmada, y entendía que echarla hacia atrás a esas alturas generaría un efecto contraproducente. No dudaba sobre sus asombrosas capacidades para inmiscuirse en asuntos que no la involucran, bajo la excusa de una buena causa. Era el tipo de persona capaz de aparecerse a último momento gritando que se oponía a la boda con tal de favorecer su individualidad.
¿El fin justificaba los medios? Si era desde la perspectiva de Nyra, seguro que sí.
Tampoco omitió su reacción inmediata a su pregunta y a la acusación inocente. Aún y si se veía notoriamente afectada, pudo controlar las emociones y dejar ese asunto para después, absorbiendo toda la información que podía y valorando los hechos con mayor perspectiva instantes después, son aptitudes que Hasegawa suele respetar, rememorándole las enseñanzas sobre la fortaleza en su infancia, y el cómo resignificó dichas filosofías a su propio camino.
Lo preocupante llegó después. Nyra desvió la mirada, detalle que le llamó excesivamente la atención, pues sus orbes aguamarinas suelen mantenerse firmes contra cualquiera, y en casi cualquier situación, pero en ese pequeño fragmento de tiempo incluso su voz se vio reducida en volumen, como si estuviese delante de otra persona.
Shin intentaba hacerse a la idea de que no todos representan todo el tiempo su mejor versión, aspecto que lo lleva a ser como es de cara al resto, pero encontrarse esas realidades solía generarle un fuerte impacto. Cada miembro de la División Setentaicinco estaba bajo su protección, y se esforzaría al máximo para mantener esa palabra en su interior, sin embargo, existía una diferencia en observarles potencial como para protegerse solos, y considerar que necesitan ser defendidos constantemente.
Lo que Nyra le mostraba, era inseguridad genuina.
De cierta forma, su esperanza de verse acompañado hasta la cima se difuminó levemente.
Observó lo del cojín, escuchó a su voz quebrándose, y con las propias iris cerúleas mostrando una tristeza contenida, imaginó el destino de los padres de Nyra. En completo silencio, Shin se puso de pie, dándole la espalda y llevándose ambas manos detrás de la zona cervical, soltando un largo suspiro.
—¿Y qué más da? —una pregunta tan simple, que resumía todo lo que el albino pensaba respecto a sus preocupaciones. Podría ser cruel, pero así se enfrentaba a las preguntas sin respuestas controlables. —Si algo como eso te hace dudar, entonces no puedes acompañarme a donde pienso ir. —creía que todo se iría haciendo más salvaje a medida que avanzasen, sin terminar de conocer lo que se esconde exactamente más allá. Pero el punto seguía siendo el mismo, incluso si no tuviese esa hipótesis.
—¡NyriNyri! —su tono se escuchó alegre, podía resultar confuso. Pero entonces, se giró —Pensé que serías más fuerte que esto. —su sonrisa era protectora, y mucha gente se contentaría únicamente con ello, saber que alguien daría todo para evitar que uno se ponga en peligros. Y si por dentro sentía una angustia irremediable, es porque la conoce, y entiende que bajo su lucha personal, eso está lejos de ser suficiente.
—Nuestras historias no necesariamente deben contarse. —manteniendo ambas manos detrás de la cervical, en una postura relajada, vuelve a recortar las distancias con Kuroshiro —Pero nos convierten en quienes somos. Si crees que la tuya va a perseguirte y borrar tus sueños, entonces te recomiendo olvidarla, porque ese miedo siempre formará parte de ti. —suspiró, cerrando los ojos unos instantes.
Se acercó tanto que podía sentir su respiración, inundado del color de sus iris, manteniendo el contacto visual con la misma alegría que venía exhibiendo en los instantes previos a esa conclusión, volviéndose menos fatalista —...quiero que siempre recuerdes quién eres, Nyri. Te has convertido en una de las personas en las que más confío. —reconoció, dándole un toque en la frente que rompió la cercanía entre sus rostros y labios, echándola hacia atrás, y volviendo a ponerse recto.
—¡Lucharé contra el mundo si se oponen a la libertad de los necesitados! Si vas a seguirme, es un peso que debes estar dispuesta a cargar. —aquello lo vinculó a su miedo a terminar siendo ejecutada, pero esa verdad ya había sido calculada por la siempre inquieta mente de Hasegawa.
En el tiempo que llevaban conociéndose, le enseñó las diferencias entre arriesgarse a morir y estar preparado para ello.
El punto de quiebre estaba en algo muy sencillo, y a la vez complejo.
¿El fin justificaba los medios? Si era desde la perspectiva de Nyra, seguro que sí.
Tampoco omitió su reacción inmediata a su pregunta y a la acusación inocente. Aún y si se veía notoriamente afectada, pudo controlar las emociones y dejar ese asunto para después, absorbiendo toda la información que podía y valorando los hechos con mayor perspectiva instantes después, son aptitudes que Hasegawa suele respetar, rememorándole las enseñanzas sobre la fortaleza en su infancia, y el cómo resignificó dichas filosofías a su propio camino.
Lo preocupante llegó después. Nyra desvió la mirada, detalle que le llamó excesivamente la atención, pues sus orbes aguamarinas suelen mantenerse firmes contra cualquiera, y en casi cualquier situación, pero en ese pequeño fragmento de tiempo incluso su voz se vio reducida en volumen, como si estuviese delante de otra persona.
Shin intentaba hacerse a la idea de que no todos representan todo el tiempo su mejor versión, aspecto que lo lleva a ser como es de cara al resto, pero encontrarse esas realidades solía generarle un fuerte impacto. Cada miembro de la División Setentaicinco estaba bajo su protección, y se esforzaría al máximo para mantener esa palabra en su interior, sin embargo, existía una diferencia en observarles potencial como para protegerse solos, y considerar que necesitan ser defendidos constantemente.
Lo que Nyra le mostraba, era inseguridad genuina.
De cierta forma, su esperanza de verse acompañado hasta la cima se difuminó levemente.
Observó lo del cojín, escuchó a su voz quebrándose, y con las propias iris cerúleas mostrando una tristeza contenida, imaginó el destino de los padres de Nyra. En completo silencio, Shin se puso de pie, dándole la espalda y llevándose ambas manos detrás de la zona cervical, soltando un largo suspiro.
—¿Y qué más da? —una pregunta tan simple, que resumía todo lo que el albino pensaba respecto a sus preocupaciones. Podría ser cruel, pero así se enfrentaba a las preguntas sin respuestas controlables. —Si algo como eso te hace dudar, entonces no puedes acompañarme a donde pienso ir. —creía que todo se iría haciendo más salvaje a medida que avanzasen, sin terminar de conocer lo que se esconde exactamente más allá. Pero el punto seguía siendo el mismo, incluso si no tuviese esa hipótesis.
—¡NyriNyri! —su tono se escuchó alegre, podía resultar confuso. Pero entonces, se giró —Pensé que serías más fuerte que esto. —su sonrisa era protectora, y mucha gente se contentaría únicamente con ello, saber que alguien daría todo para evitar que uno se ponga en peligros. Y si por dentro sentía una angustia irremediable, es porque la conoce, y entiende que bajo su lucha personal, eso está lejos de ser suficiente.
—Nuestras historias no necesariamente deben contarse. —manteniendo ambas manos detrás de la cervical, en una postura relajada, vuelve a recortar las distancias con Kuroshiro —Pero nos convierten en quienes somos. Si crees que la tuya va a perseguirte y borrar tus sueños, entonces te recomiendo olvidarla, porque ese miedo siempre formará parte de ti. —suspiró, cerrando los ojos unos instantes.
—¡Sólo que...!
El rostro del marine rompió el espacio personal.
Se acercó tanto que podía sentir su respiración, inundado del color de sus iris, manteniendo el contacto visual con la misma alegría que venía exhibiendo en los instantes previos a esa conclusión, volviéndose menos fatalista —...quiero que siempre recuerdes quién eres, Nyri. Te has convertido en una de las personas en las que más confío. —reconoció, dándole un toque en la frente que rompió la cercanía entre sus rostros y labios, echándola hacia atrás, y volviendo a ponerse recto.
—¡Lucharé contra el mundo si se oponen a la libertad de los necesitados! Si vas a seguirme, es un peso que debes estar dispuesta a cargar. —aquello lo vinculó a su miedo a terminar siendo ejecutada, pero esa verdad ya había sido calculada por la siempre inquieta mente de Hasegawa.
En el tiempo que llevaban conociéndose, le enseñó las diferencias entre arriesgarse a morir y estar preparado para ello.
El punto de quiebre estaba en algo muy sencillo, y a la vez complejo.
La firme creencia de que vencerían todas sus batallas.
![[Imagen: vEBNZb3.png]](https://i.imgur.com/vEBNZb3.png)
