06-06-2026, 08:05 PM
Sus brazos temblaban un poco tras el esfuerzo de aquella tarde. Frente a sus ojos, aquel fuego comenzaba a disiparse; la ayuda de todos había sido clave para detenerlo, aunque ya era tarde.
Frente a sus ojos solo lograba ver destrucción y oscuridad; donde antes todo estaba lleno de conocimiento, ahora solo podía ver la muerte.
Zhang golpeó el suelo con su pezuña, mientras un vacío en el pecho comenzaba a crecer segundo a segundo... Luego de todo lo que había hecho, nada parecía haber valido la pena. Zhang suspiró con resignación; al menos ya habían apagado las llamas.
Estuvo allí por unos segundos, olvidando por un instante todo lo que sucedía a su alrededor, y se limitó a sentir el vacío de su pecho. La muerte siempre dolía, pero ya no le dolía tanto como antes; y frente a la muerte de Kai, Zhang sentía temor de la bondad de su corazón, de normalizar las tinieblas, de abrazar su lado oscuro.
Se encontraba agotado; la batalla le había dejado secuelas que tendría que aprender a sobrellevar. Sus piernas temblaban un poco. Resopló con cansancio, dejando escapar un aliento blanco que desapareció en el aire frío.
Zhang escuchó a la pequeña Shery hablar a lo lejos con el Gran Paca, diciendo que quería convertirse en una gran doctora... En medio de tanta desgracia, saber que la pequeña estaba a salvo y que la medicina se había salvado le daba algo de alivio. Una pequeña sonrisa triste apareció en su viejo rostro.
Pero aquella calma duró apenas nada. Siguió moviéndose un poco y, frente a sus ojos, una mirada punzante lo juzgaba; podía sentirlo. Zhang tragó un poco de saliva ante el odio del pequeño. Zhang lo observó por un instante y, respetando su emoción, le dio espacio para que lo odiara; Zhang Guolao era un pirata malvado, después de todo.
El Gran Paca se acercó para hablar. Zhang escuchó en silencio; sus largas orejas estaban caídas y su cuerpo continuaba temblando mientras escuchaba las palabras del anciano.
Bai tomó las páginas del diario. Kai no buscaba la maldad, y Zhang había terminado con él sin pestañear. El burro agachó la cabeza por un momento en señal de respeto.
—Hmmm... —murmuró Zhang, sintiendo cómo el estómago se le retorcía por el remordimiento. Todo había sido un horrible malentendido.
Observó a Bai arrodillarse sobre la nieve y los escombros, comenzando a remover la tierra y las piedras para desenterrar el cuerpo de Kai. ¿Qué estaría pasando por su mente?
Zhang comenzó a moverse hacia ella y, pese a su lentitud, se acercó para ayudarle a remover los escombros poco a poco.
—Déjame ayudarte, Bai —dijo Zhang con una voz cansada—. Mierda, Bai, lo maté. —Odiaba esa parte salvaje de sí mismo—. Pero al menos merece descansar en paz bajo la tierra, y no bajo el peso de mis errores.
Zhang comenzó a levantar los escombros para poder darle una sepultura adecuada a aquel hombre alado.
Frente a sus ojos solo lograba ver destrucción y oscuridad; donde antes todo estaba lleno de conocimiento, ahora solo podía ver la muerte.
Zhang golpeó el suelo con su pezuña, mientras un vacío en el pecho comenzaba a crecer segundo a segundo... Luego de todo lo que había hecho, nada parecía haber valido la pena. Zhang suspiró con resignación; al menos ya habían apagado las llamas.
Estuvo allí por unos segundos, olvidando por un instante todo lo que sucedía a su alrededor, y se limitó a sentir el vacío de su pecho. La muerte siempre dolía, pero ya no le dolía tanto como antes; y frente a la muerte de Kai, Zhang sentía temor de la bondad de su corazón, de normalizar las tinieblas, de abrazar su lado oscuro.
Se encontraba agotado; la batalla le había dejado secuelas que tendría que aprender a sobrellevar. Sus piernas temblaban un poco. Resopló con cansancio, dejando escapar un aliento blanco que desapareció en el aire frío.
Zhang escuchó a la pequeña Shery hablar a lo lejos con el Gran Paca, diciendo que quería convertirse en una gran doctora... En medio de tanta desgracia, saber que la pequeña estaba a salvo y que la medicina se había salvado le daba algo de alivio. Una pequeña sonrisa triste apareció en su viejo rostro.
Pero aquella calma duró apenas nada. Siguió moviéndose un poco y, frente a sus ojos, una mirada punzante lo juzgaba; podía sentirlo. Zhang tragó un poco de saliva ante el odio del pequeño. Zhang lo observó por un instante y, respetando su emoción, le dio espacio para que lo odiara; Zhang Guolao era un pirata malvado, después de todo.
El Gran Paca se acercó para hablar. Zhang escuchó en silencio; sus largas orejas estaban caídas y su cuerpo continuaba temblando mientras escuchaba las palabras del anciano.
Bai tomó las páginas del diario. Kai no buscaba la maldad, y Zhang había terminado con él sin pestañear. El burro agachó la cabeza por un momento en señal de respeto.
—Hmmm... —murmuró Zhang, sintiendo cómo el estómago se le retorcía por el remordimiento. Todo había sido un horrible malentendido.
Observó a Bai arrodillarse sobre la nieve y los escombros, comenzando a remover la tierra y las piedras para desenterrar el cuerpo de Kai. ¿Qué estaría pasando por su mente?
Zhang comenzó a moverse hacia ella y, pese a su lentitud, se acercó para ayudarle a remover los escombros poco a poco.
—Déjame ayudarte, Bai —dijo Zhang con una voz cansada—. Mierda, Bai, lo maté. —Odiaba esa parte salvaje de sí mismo—. Pero al menos merece descansar en paz bajo la tierra, y no bajo el peso de mis errores.
Zhang comenzó a levantar los escombros para poder darle una sepultura adecuada a aquel hombre alado.
Bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
