07-06-2026, 12:26 AM
OST
Miyori, en una demostración del tamaño de su gran corazón, no dudó en secar las lágrimas del niño. Era una sensación extraña, junto a ella cualquiera podría sentir que todo iba a estar bien —Me… Me llamo Billy— Dijo el pequeño mientras intentaba esnifar de vuelta los mocos que se deslizaban por la punta de su nariz. Una vez recobró su compostura, abrió la puerta de la tienda con prisas para que ambos pudiesen salir, dejando atrás la calidez y comodidad de la cafetería para darse de bruces con una brisa tan fría como húmeda, que se calaba hasta los huesos —¡Niñoo! ¡Pero cierra la puerta!— Le recriminó sumamente molesto el camarero que atendía en el mostrador mientras él y Miyori desaparecían entre los callejones.
Billy guió a la dulce chica a través de los callejones, un laberinto que parecía pensado para que los mismos trabajadores se perdiesen en el camino de vuelta a casa del trabajo, como si las horas que les dedicaban día a día durante su jornada no fuesen suficientes para mantenerlos sumisos. El suelo de los callejones estaba parcialmente cubierto por la tierra que los habitantes iban soltando con el paso del tiempo al volver de los invernaderos, y el olor que se respiraba era principalmente a productos de limpieza que se deslizaban por los bordes de las calles hasta llegar a las alcantarillas.
Mientras ambos corrían como ratones por el suelo de las calles, alguien acechaba desde los tejados, como un gato que observa a la presa con la que va a jugar durante unos minutos antes de acabar con ella. Se trataba de un hombre de cabello azabache, cuyo rasgo más reconocible era su afilado bigote y un brillo patético en su mirada.
Desde una de las cubiertas de las casas, un disparo atronador se ahogó entre los pasajes de los suburbios y, antes de que pudiera darse cuenta de nada, Miyori ya había recibido el impacto de una bala en su hombro derecho. —YIIIIIHAAHAHHAA— Chilló el hábil tirador desde las alturas con una voz ridículamente aguda, convencido de que se haría con una jugosa recompensa. El hombre se burlaba de Miyori mientras recargaba su rifle —Miyori… ¿Pepino? Yiahahaha. Más de treinta millones por una chiquilla, es mi día de suerte. Ríndase, señorita… O saldrá lastimada—
Ante la emboscada, el pequeño Billy no tardó en huir, escondiéndose dentro de uno de los barriles apilados en la calle. Toda una vida viendo actuar a los piratas del Grand Line le había provisto de los instintos de supervivencia necesarios. Ahora era el turno de Miyori, bien saben los trabajadores de Matsuri que algunas flores tienen espinas…
Cajita de tortuga

![[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]](https://i.ibb.co/DX21hrt/Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg)
