07-06-2026, 05:08 PM
Narrador / María Merlot
¿Le sorprendia?
No.
Lo cierto es que siempre sucedía.
¿Qué?
Atraer la atención por ser tan hermosamente eterea.
Largo, ondulado y sedoso cabello celeste.
Piel nívea como porcelana.
Ojos del color del buen whisky.
Figura tallada por los mismos Dioses.
Curvas correctas.
Sonrisa cautivadora.
Y sin una sola gota de desinhibición.
No.
Lo cierto es que siempre sucedía.
¿Qué?
Atraer la atención por ser tan hermosamente eterea.
Largo, ondulado y sedoso cabello celeste.
Piel nívea como porcelana.
Ojos del color del buen whisky.
Figura tallada por los mismos Dioses.
Curvas correctas.
Sonrisa cautivadora.
Y sin una sola gota de desinhibición.
Una vez, su principal captor, se lo comento: Tenía lo mejor de ambos mundos, y eso la hacia la criatura más irresistible de la faz de la tierra y de las profundidades de los océanos, por esa razón estaba tan obsesionado con la mestiza, por esa razón un sujeto borracho en una taberna de mala muerte la quería llevar con él, aprisionarla y tenerla como un trofeo visual, como un objeto en su cama, no le sorprendía, más bien le divertía porque si algo le enseñaron sus nakamas es que ella ahora era dueña de su vida y de su cuerpo, que ahora la palabra NO que pronunciara sus labios se hacia cumplir, por las buenas o por las malas. Por ese motivo, y ahora en las mieles de la libertad, no tenía miedo, y no por soberbia, sino porque su hermana y su médico, jamás dejarían que nadie en esa taberna, o en el planeta azul, le tocaran un solo cabello sin consecuencias, sin hacer arder el mar...
Con las manos atrás y su encantadora sonrisa angelical, esperaba que la Valkiria Besada por El Sol respondiera desde la distancia. María continuaba inclinada hacia un lado, con el cabello sujetado cayendo como cascada, dejando la curvatura de su cuello y la preciosidad de su hombro lleno de escamas a la vista de todos.
Con las manos atrás y su encantadora sonrisa angelical, esperaba que la Valkiria Besada por El Sol respondiera desde la distancia. María continuaba inclinada hacia un lado, con el cabello sujetado cayendo como cascada, dejando la curvatura de su cuello y la preciosidad de su hombro lleno de escamas a la vista de todos.
¡Hey! Ni tripulante ni prisionera, asqueroso animal de monte…
Curiosamente, y para su grata sorpresa, fue Algodón de Azúcar quien intervino. Su voz, llena de desprecio e impaciencia, la hizo erguirse y girar a verlo. Al parecer sacaría su frustración contra ese mastodonte maloliente. La chica llevo sus manos a la boca, a modo de reflejar su sorpresa. Los insultos refinados encajaban a la perfección con el aura divino del pelirrosado, al que ella reconocía sin duda como un igual de belleza solo que masculina. Un hombre debería tener una belleza varonil pero cautivadora, su Algodón de Azúcar lo tenía, el Malvavisco de Karate lo tenía… pero también, y debía admitir, habían especímenes que por la crudeza de su presencia también eran… arrebatadores, aunque no bellos canónicamente.
Además, la señorita viene conmigo.
Con ese cierre los ojos ámbar brillaron como oro. La sonrisa en los labios de la dama se amplio transmitiendo la alegría que esas palabras le ocasionaban. Si era bella antes, el saberse que Hyakinthos gritaba a los cuatro vientos su posesividad con respecto a ella, la hizo sonrojarse… y ella no se sonrojaba nunca, pero sin duda sabia que lo estaba porque sus mejillas ardían. ¡Qué el objeto de su obsesión! ¡Qué el dueño de su vida! Dijera esas palabras la emocionaron sobremanera, tanto que quizás… podría haberse orgasmeado ahí mismo... si la cadena de eventos no hubiese interrumpido su efervescente momento, que solo pasaba dentro de su cabeza.
Lo siguiente que supo, fue que la mano de su médico la sujetaba y la hacía correr detrás de él. Por un momento odio llevar guantes, porque se perdió sentir su piel desnuda sobre la suya. María tenía una sola regla con respecto a Hyakinthos: NO LO TOCABA, porque podía ensuciarlo pero si él la tocaba primero ella lo disfrutaría como la más dulce, maravillosa y celestial experiencia de sus miseros 19 años de vida.
Una barra, otro gigante, la voz de su Unnie emocionada a lo lejos. Gritos, ruido, testosterona, estrógeno y olor a inmunice pirata, sin duda la noche pintaba de lo más divertida. La sonrisa de la mestiza se amplió, aunque ella seguía en las nubes por el toque del pelirrosado. Cuando el tipo: grande, masculino y sin una pizca de elegancia les hizo un gesto con la cabeza sonriendo con aquella costilla mal cocinada colgando de su bocota, María solo pudo sonreírle para proceder a morder su labio de forma coqueta: Un bruto, sin dudas. Grandote y bien formado, era evidente. Sin ningún tipo de modales… ¿Quién los necesitaba cuando exudaba hombría? Los orbes ámbar miraron de reojo a Hyakinthos, al parecer no era la única que reaccionaba hacia la testosterona que fluía del primitivo animal bípedo.
Lo siguiente que supo, fue que la mano de su médico la sujetaba y la hacía correr detrás de él. Por un momento odio llevar guantes, porque se perdió sentir su piel desnuda sobre la suya. María tenía una sola regla con respecto a Hyakinthos: NO LO TOCABA, porque podía ensuciarlo pero si él la tocaba primero ella lo disfrutaría como la más dulce, maravillosa y celestial experiencia de sus miseros 19 años de vida.
Una barra, otro gigante, la voz de su Unnie emocionada a lo lejos. Gritos, ruido, testosterona, estrógeno y olor a inmunice pirata, sin duda la noche pintaba de lo más divertida. La sonrisa de la mestiza se amplió, aunque ella seguía en las nubes por el toque del pelirrosado. Cuando el tipo: grande, masculino y sin una pizca de elegancia les hizo un gesto con la cabeza sonriendo con aquella costilla mal cocinada colgando de su bocota, María solo pudo sonreírle para proceder a morder su labio de forma coqueta: Un bruto, sin dudas. Grandote y bien formado, era evidente. Sin ningún tipo de modales… ¿Quién los necesitaba cuando exudaba hombría? Los orbes ámbar miraron de reojo a Hyakinthos, al parecer no era la única que reaccionaba hacia la testosterona que fluía del primitivo animal bípedo.
MUSIQUITA
¡Oye, mujer lagarto! No seas tan confianzuda con el caballero aquí presente, primero agradece que nos haya. Merlot! ¡Oh no! Disculpa por tomarte tan fuerte del brazo antes, no quería que te separaras de mí, pero ahora…debes quedarte aquí ¿Sí? Debo encargarme de tu amiga verde o si no…
El medico reacciono, saliendo de la barra… y soltándola en el proceso. Triste pero la vida continuaba, así que ella también se levantó, y procedió a sentarse en la barra, para luego subir sus piernas y tomar una pose como si estuviera en una tumbona en una playa de arenas blancas con el sol bronceando cada centímetro de su cuerpo. Las miradas de los más hipersexualizados volvieron a ella, que mordía sus labios pero esta vez sin dejar de mirar al cavernícola mudo — ¿Cómo culparla, Algodón de Azúcar? También quiero ser confianzuda… — musito bajando un poco la voz y llenándola de sensualidad con una mezcla de diversión al tiempo que alzaba la diestra y se abanicaba con coquetería — … ¿No quieres reclutarme? Es más, por el bien de tu ropa, y porque conozco a mis nakamas, sobre todo a mi hermana, deberías quitarte la parte de arriba y pelear con el torso desnudo… así nos das un mejor espectáculo a nosotras las indefensas demiselas de lo que es ser… — le propuso juguetonamente, con fingida preocupación por él mientras recorría con sus orbes ámbar el cuerpo lleno de músculos del masculino — … Un Macho — soltó sonriéndole y guiñandole con travesura sin dejar de abanicarse con la diestra, luego llevo la mano a sus labios y le lanzo un beso al bárbaro. Tal vez, tanto tiempo en compañía de la belleza delicada de Hyakinthos, estaba haciendo que reaccionara a la masculinidad troglodita de ese sujeto, y no era la única, porque por lo visto la Valkiria también lo sentía, o quizás lo de ella fue por el vislumbrar de una pelea.
La escena de trifulca continuo, María definitivamente no iba a participar en una lucha. No iba con ella, así que se sentó en la barra cambiando la pose de antes y cruzando una pierna sobre la otra, dejando a la vista, aun más, sus perfectas proporciones mientras seguía con los ojos a la peliverde, el pelirrosado y el castaño. Por un momento pensó en la noche que paso con el Capitán Uva, como había vuelto a ser dueña de su cuerpo… claro, también vino a su memoria que se había casado en el foso con un marine… por suerte para ella, le prometió fidelidad, igual, sus caminos nunca volverían a cruzarse. Solo debía cumplir la promesa de enviarle postales, después de todo, él ni siquiera la recordaría a esas alturas. En ese momento de introspección, alguien la sujeto desde atrás, poniendo un pañuelo con algo húmedo y con un olor muy fuerte sobre su nariz y boca, la chica quiso gritar, patalear pero sus parpados se volvieron pesados y sus extremidades no respondían… lo ultimo que vio fueron los puntos verdes, rosados y castaños divirtiéndose sin ella.
La escena de trifulca continuo, María definitivamente no iba a participar en una lucha. No iba con ella, así que se sentó en la barra cambiando la pose de antes y cruzando una pierna sobre la otra, dejando a la vista, aun más, sus perfectas proporciones mientras seguía con los ojos a la peliverde, el pelirrosado y el castaño. Por un momento pensó en la noche que paso con el Capitán Uva, como había vuelto a ser dueña de su cuerpo… claro, también vino a su memoria que se había casado en el foso con un marine… por suerte para ella, le prometió fidelidad, igual, sus caminos nunca volverían a cruzarse. Solo debía cumplir la promesa de enviarle postales, después de todo, él ni siquiera la recordaría a esas alturas. En ese momento de introspección, alguien la sujeto desde atrás, poniendo un pañuelo con algo húmedo y con un olor muy fuerte sobre su nariz y boca, la chica quiso gritar, patalear pero sus parpados se volvieron pesados y sus extremidades no respondían… lo ultimo que vio fueron los puntos verdes, rosados y castaños divirtiéndose sin ella.
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Karma Fanático: Hyakinthos.
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