25-11-2023, 07:03 PM
(Última modificación: 26-11-2023, 10:49 AM por Erika Storm.)
Ikirami escuchó atentamente todo lo que le conté mientras comía del plato picante que pedimos, el cual se notaba que estaba disfrutando y le gustaba mucho. Sentí alivio al verlo, al menos he acertado en traerla a la taberna de Niko. La pelirroja intentó tranquilizarme sobre lo que dije, enlazándolo todo a una mala suerte que me ha acompañado siempre desde pequeña. Sé que lo decía por animarme y hacerme sentir mejor. No lo decía por decir, pero para mí era algo muy complicado pensar de esa manera. En un segundo se me vino a la mente todas aquellas veces que me dijeron una y otra vez lo mismo "Por eso estás sola, Erika". Realmente quería levantarme y abrazar a Ikirami, pero, como siempre, soy una estúpida, y me quedé quietecita.
Tras todo esto, y mi pregunta de si se iba a ir tras toda su misión, confirmando lo que pensé todo el rato. La harían volver de donde vino, abandonando así Ohara por completo. Se formó el silencio en la mesa. Ikirami cogió su jarra de cerveza para beber un buen trago, diría que incluso se la terminó entera - Entiendo... - Dije agachando la cabeza. ¿Qué podía hacer? ¿Qué podía decir? Ella era una marine, la cual va, viene, tiene que hacer su trabajo, moverse. Joder. Sabía que esto iba a pasar. Pero no quería que pasase. Pero de repente, aquel silencio apagado y triste se vio interrumpido por el golpe de la jarra de Ikirami en la mesa y posicionar sus brazos en esta, haciendo que levantase la cabeza para mirarla con cara de asombro y la boca un poco abierta.
Estando en el banco sentado, con las piernas en alto y cruzadas y mis manos metidas entre ellas, comencé a escuchar a Ikirami. No estaba preparada emocionalmente para todo lo que iba a decirme. Me dijo que estaba muy a gusto a mi lado, que de alguna manera u otra habíamos conectado en tan poco tiempo, y no dudo en ofrecerme el irme con ella a la marina. Mi expresión de asombro empezó a cambiar poco a poco. Cerré la boca, hasta morderme el labio inferior y cerrar un poco los ojos. Mis labios comenzaron a temblar rápidamente. Mis ojos empezaban a humedecerse. La sensación que tenía dentro de mí era una bomba a punto de estallar. Comencé a darle vueltas a todo lo que había pensado hasta ahora, con lo de que me estaban utilizando otra vez, que iban a hacerme daño. Pero parece ser que estaba equivocada. Como bien dijo, era algo muy de sopetón, de repente, sin apenas conocernos, pero no sé por qué, sentía que las palabras de Ikirami eran reales, que no estaba mintiéndome ni intentando jugármela. Hacía tantísimo tiempo que esto no me pasaba, que no sabía como reaccionar, pero realmente todo aquello se sentía como si la conociera de siempre.
Prosiguió contándome lo que parecía su sueño, su meta. Avergonzada y verbalizando la impotencia de ser alguien inexistente dentro de la organización de la marina cuando no tienes un rango mínimamente decente, pero aun así, ella sacaba fuerzas y esperanza, de que será alguien grande y conseguirá que los piratas no infundan terror allá por donde pasen mientras me lo decía a los ojos. Se podía ver en ellos un deseo y un espíritu inquebrantables, no podía dejar de verlos mientras cada vez mis lágrimas iban a más, empezando ya a caer la primera lágrima por mi mejilla derecha. Tras esto, Ikirami se puso de pie y sacó de su bolsa un Den den mushi y lo plantó en la mesa, delante de mí. La pelirroja era consciente de que lo que me había propuesto era una locura, que lo pensara bien, pero decidiera lo que decidiera, no quería perder el contacto conmigo, que para lo que fuera la llamase, aunque solo sea para hablar; todo esto sumado con la nerviosidad con la que decía sus palabras, pero con las que se podía notar sinceridad. Se volvió a sentar tras darse cuenta de que, quizás, se había dejado llevar un poco por el momento, su rostro rojizo mostraba un signo de, o bien vergüenza o bien de la jarra enorme de cerveza que se había tomado. Fuera cual fuera, estaba muy bonita así. En una última frase, me pidió que, por favor, la llamase, de la manera que fuera, pero que lo hiciera.
La mecha dentro de mí estaba a punto de acabarse, iba a explotar, iba a llorar a mares. Pero, mordiéndome aún más fuerte, el labio inferior me contuve, incluso me hice una pequeña herida. Me llevé la manga derecha de mi chaqueta para secarme la lágrima que había caído por mi rostro y me guardé el Den den mushi en un bolsillo del interior de mi chaqueta. Bajé las piernas al suelo y me levanté. Comencé a rodear la mesa lentamente, hasta llegar a su banco. Estando ella a mi izquierda, procedí a sentarme a su lado, de la misma manera, subiendo las piernas al banco y cruzándolas con las manos metidas en el hueco que dejaban. Me quedé mirando a la mesa fijamente - Joder... - dije por lo bajo. No sabía qué decir. Estaba completamente abrumada por todo. Lo que parecía que iba a ser otra vez la historia de mi vida, dio un giro de 180 grados. Estaba en una situación muy vulnerable, o así me sentía en ese momento, así que solamente me dejé llevar.
Dejé mi cuerpo caer hacia su lado, apoyando así la cabeza en su hombro derecho, aun mirando la mesa - En más de 10 años, es la primera vez que me dice alguien que me quiere a su lado - Tan solo una sola frase me bastó para que, otra vez, para comenzar a soltar lágrimas que se almacenaban en mis ojos - Tienes un sueño muy bonito. Un mundo donde los niños puedas crecer felices y con el amor que se merecen - bajé la mirada hacia el hueco de mis piernas - He tenido pocas interacciones con piratas, pero las pocas que tuve, fueron muy desagradables para ni siquiera pensarlas - dije en un tono triste. Me acurruqué un poquito más hacia Ikirami, no sabía si podía llegarla a molestar, pero era lo que mi cuerpo me pedía hacer. De nuevo, las lágrimas bajaban por mi rostro, esta vez, por ambos lados. Estaba pensando duramente sobre lo de irme con ella y ser una marine. ¿Yo una marine? Posiblemente, sea la persona menos indicada para traer la paz y la justicia con el logotipo de una organización en el pecho - Pelirroja... - Dije mientras sonaba muy levemente mi nariz - No hay cosa que más quiera justo ahora que irme contigo. Pero... soy la persona menos indicada para llevar un uniforme de la marina - dije con un tono de voz un poco roto - No estoy diciendo que no hayamos conectado como bien has dicho, porque pienso igual que tú - me sequé solo la mejilla derecha con la manga de la chaqueta mientras sonaba de nuevo la nariz muy suavemente - ¿Pero sabes qué? Quizás pueda ayudarte a cumplir tu sueño de otra manera. Yo también tengo cierto resquemor a los piratas, odio que se escuden en que hacen lo que hacen por los sueños y todas esas mierdas - giré levemente la cabeza para mirarla, aun estando apoyada en su hombro - Quizás no pueda irme contigo mañana, pero... vayas donde vayas, ¿Me esperarías? - dije con un tono triste. Tenía miedo de que, a pesar de lo ocurrido aquí, otra vez fuera a pasarme lo mismo de siempre. Que me dejaran sola, como siempre me han recordado a lo largo de mi vida - Sé que soy una vulgar, una malhablada, una macarra... pero... A tu lado soy otra persona. Al menos puedo contenerme en ciertos aspectos, aunque siga siendo una completa idiota - Volví a mirar hacia delante agachando la cabeza un poco - Pero, si al menos puedo protegerte cuando lo necesites... - Dije sonando mi nariz por última vez y secándome completamente las lágrimas de mi cara.
Me recompuse un poco, estando al lado de Ikirami, me puse recta terminando de frotarme la cara. Estiré mi cuerpo y mi brazo para alcanzar mi jarra de cerveza y acercármela, para así beber todo lo que quedaba de un trago. - ¡Uaaaahh! - expresé el gusto por el trago fresquito, levantando la jarra según acabé y apoyándola seguidamente en la mesa. Puse mi codo derecho en la mesa y mi cabeza apoyándola en la mano y me giré para mirar a Ikirami - Bombón, lo que tú quieras, tú decides, ¿Otra jarra, o te vas ya? - Le dije con una sonrisa de oreja a oreja cerrando los ojos y la cara completamente roja de haber llorado. Ya me había quedado claro que abandonaría más pronto que tarde Ohara, pero no iba a lamentarme por ello. Me centré en lo importante, mientras estuviera aquí, quería pasar cada segundo con ella.
Tras todo esto, y mi pregunta de si se iba a ir tras toda su misión, confirmando lo que pensé todo el rato. La harían volver de donde vino, abandonando así Ohara por completo. Se formó el silencio en la mesa. Ikirami cogió su jarra de cerveza para beber un buen trago, diría que incluso se la terminó entera - Entiendo... - Dije agachando la cabeza. ¿Qué podía hacer? ¿Qué podía decir? Ella era una marine, la cual va, viene, tiene que hacer su trabajo, moverse. Joder. Sabía que esto iba a pasar. Pero no quería que pasase. Pero de repente, aquel silencio apagado y triste se vio interrumpido por el golpe de la jarra de Ikirami en la mesa y posicionar sus brazos en esta, haciendo que levantase la cabeza para mirarla con cara de asombro y la boca un poco abierta.
Estando en el banco sentado, con las piernas en alto y cruzadas y mis manos metidas entre ellas, comencé a escuchar a Ikirami. No estaba preparada emocionalmente para todo lo que iba a decirme. Me dijo que estaba muy a gusto a mi lado, que de alguna manera u otra habíamos conectado en tan poco tiempo, y no dudo en ofrecerme el irme con ella a la marina. Mi expresión de asombro empezó a cambiar poco a poco. Cerré la boca, hasta morderme el labio inferior y cerrar un poco los ojos. Mis labios comenzaron a temblar rápidamente. Mis ojos empezaban a humedecerse. La sensación que tenía dentro de mí era una bomba a punto de estallar. Comencé a darle vueltas a todo lo que había pensado hasta ahora, con lo de que me estaban utilizando otra vez, que iban a hacerme daño. Pero parece ser que estaba equivocada. Como bien dijo, era algo muy de sopetón, de repente, sin apenas conocernos, pero no sé por qué, sentía que las palabras de Ikirami eran reales, que no estaba mintiéndome ni intentando jugármela. Hacía tantísimo tiempo que esto no me pasaba, que no sabía como reaccionar, pero realmente todo aquello se sentía como si la conociera de siempre.
Prosiguió contándome lo que parecía su sueño, su meta. Avergonzada y verbalizando la impotencia de ser alguien inexistente dentro de la organización de la marina cuando no tienes un rango mínimamente decente, pero aun así, ella sacaba fuerzas y esperanza, de que será alguien grande y conseguirá que los piratas no infundan terror allá por donde pasen mientras me lo decía a los ojos. Se podía ver en ellos un deseo y un espíritu inquebrantables, no podía dejar de verlos mientras cada vez mis lágrimas iban a más, empezando ya a caer la primera lágrima por mi mejilla derecha. Tras esto, Ikirami se puso de pie y sacó de su bolsa un Den den mushi y lo plantó en la mesa, delante de mí. La pelirroja era consciente de que lo que me había propuesto era una locura, que lo pensara bien, pero decidiera lo que decidiera, no quería perder el contacto conmigo, que para lo que fuera la llamase, aunque solo sea para hablar; todo esto sumado con la nerviosidad con la que decía sus palabras, pero con las que se podía notar sinceridad. Se volvió a sentar tras darse cuenta de que, quizás, se había dejado llevar un poco por el momento, su rostro rojizo mostraba un signo de, o bien vergüenza o bien de la jarra enorme de cerveza que se había tomado. Fuera cual fuera, estaba muy bonita así. En una última frase, me pidió que, por favor, la llamase, de la manera que fuera, pero que lo hiciera.
La mecha dentro de mí estaba a punto de acabarse, iba a explotar, iba a llorar a mares. Pero, mordiéndome aún más fuerte, el labio inferior me contuve, incluso me hice una pequeña herida. Me llevé la manga derecha de mi chaqueta para secarme la lágrima que había caído por mi rostro y me guardé el Den den mushi en un bolsillo del interior de mi chaqueta. Bajé las piernas al suelo y me levanté. Comencé a rodear la mesa lentamente, hasta llegar a su banco. Estando ella a mi izquierda, procedí a sentarme a su lado, de la misma manera, subiendo las piernas al banco y cruzándolas con las manos metidas en el hueco que dejaban. Me quedé mirando a la mesa fijamente - Joder... - dije por lo bajo. No sabía qué decir. Estaba completamente abrumada por todo. Lo que parecía que iba a ser otra vez la historia de mi vida, dio un giro de 180 grados. Estaba en una situación muy vulnerable, o así me sentía en ese momento, así que solamente me dejé llevar.
Dejé mi cuerpo caer hacia su lado, apoyando así la cabeza en su hombro derecho, aun mirando la mesa - En más de 10 años, es la primera vez que me dice alguien que me quiere a su lado - Tan solo una sola frase me bastó para que, otra vez, para comenzar a soltar lágrimas que se almacenaban en mis ojos - Tienes un sueño muy bonito. Un mundo donde los niños puedas crecer felices y con el amor que se merecen - bajé la mirada hacia el hueco de mis piernas - He tenido pocas interacciones con piratas, pero las pocas que tuve, fueron muy desagradables para ni siquiera pensarlas - dije en un tono triste. Me acurruqué un poquito más hacia Ikirami, no sabía si podía llegarla a molestar, pero era lo que mi cuerpo me pedía hacer. De nuevo, las lágrimas bajaban por mi rostro, esta vez, por ambos lados. Estaba pensando duramente sobre lo de irme con ella y ser una marine. ¿Yo una marine? Posiblemente, sea la persona menos indicada para traer la paz y la justicia con el logotipo de una organización en el pecho - Pelirroja... - Dije mientras sonaba muy levemente mi nariz - No hay cosa que más quiera justo ahora que irme contigo. Pero... soy la persona menos indicada para llevar un uniforme de la marina - dije con un tono de voz un poco roto - No estoy diciendo que no hayamos conectado como bien has dicho, porque pienso igual que tú - me sequé solo la mejilla derecha con la manga de la chaqueta mientras sonaba de nuevo la nariz muy suavemente - ¿Pero sabes qué? Quizás pueda ayudarte a cumplir tu sueño de otra manera. Yo también tengo cierto resquemor a los piratas, odio que se escuden en que hacen lo que hacen por los sueños y todas esas mierdas - giré levemente la cabeza para mirarla, aun estando apoyada en su hombro - Quizás no pueda irme contigo mañana, pero... vayas donde vayas, ¿Me esperarías? - dije con un tono triste. Tenía miedo de que, a pesar de lo ocurrido aquí, otra vez fuera a pasarme lo mismo de siempre. Que me dejaran sola, como siempre me han recordado a lo largo de mi vida - Sé que soy una vulgar, una malhablada, una macarra... pero... A tu lado soy otra persona. Al menos puedo contenerme en ciertos aspectos, aunque siga siendo una completa idiota - Volví a mirar hacia delante agachando la cabeza un poco - Pero, si al menos puedo protegerte cuando lo necesites... - Dije sonando mi nariz por última vez y secándome completamente las lágrimas de mi cara.
Me recompuse un poco, estando al lado de Ikirami, me puse recta terminando de frotarme la cara. Estiré mi cuerpo y mi brazo para alcanzar mi jarra de cerveza y acercármela, para así beber todo lo que quedaba de un trago. - ¡Uaaaahh! - expresé el gusto por el trago fresquito, levantando la jarra según acabé y apoyándola seguidamente en la mesa. Puse mi codo derecho en la mesa y mi cabeza apoyándola en la mano y me giré para mirar a Ikirami - Bombón, lo que tú quieras, tú decides, ¿Otra jarra, o te vas ya? - Le dije con una sonrisa de oreja a oreja cerrando los ojos y la cara completamente roja de haber llorado. Ya me había quedado claro que abandonaría más pronto que tarde Ohara, pero no iba a lamentarme por ello. Me centré en lo importante, mientras estuviera aquí, quería pasar cada segundo con ella.
Información

![[Imagen: bxTBltC.gif]](https://i.imgur.com/bxTBltC.gif)