07-06-2026, 06:45 PM
Los aliados no son malos, pero hay que tener cuidado con quién decides juntarte y qué información das. Para Seraphim, este tipo de alianzas es más bien por interés que por gusto. Si fuera por ella no estaría aquí vestida con esa ropa que le obligan a tener incluso en días festivos como estos; si fuera por ella estaría siendo una estrella de la música debutando como cantante famosa o algún tipo de artista que pudiera dar su voz a cambio de la adoración de las masas; si fuera por ella estaría tan tranquila que no tendría que lidiar con problemas que no le importan; si fuera por ella… su maldita hermana no le habría traicionado de esa forma.
Seraphim tuvo que aguantar tener que pasar ese rato con ese chico pelirrojo que se le acercó a ella, pero como ya lo conocía de vista prefería tener que mentir un poco a ese chico y a sí misma antes que perder la oportunidad de tener un aliado más. ¿Quién sabe? Quizá puede engañar a ese tonto para que le ayude cuando no tenga ganas o cualquier otra cosa.
Con la cerveza ya servida, la pregunta que hizo ese tuerto la pilló por sorpresa hasta el punto de que tuvo que disimular el tragar bien porque casi tose. Solamente personas de alto estándar en la marina son las que le han preguntado ese tipo de preguntas de sus razones por las que estaba como soldado, y sabe que si interrogan eso es porque necesitan asegurarse de que los soldados no se van a rebelar. Sin embargo no se esperaba que de un chico de su misma posición —o al menos eso creía que era en el momento de verlo por primera vez— le interrogue de una forma tan profunda.
Ella le mira de reojo de arriba hacia abajo con una expresión un poco arisca, pero rápidamente cambia su cara a una más tranquila y pasota. No tiene porque explicarle la verdad, pero tampoco va a mentir. Una verdad a medias, o una mentira piadosa; llamémosla como cada uno quiera.
— Estoy aquí por el bien de otros y porque así lo quisieron. Es mi deber, así que debo de cumplirlo como se comprometieron hace mucho tiempo, así que… supongo que esa esa mi razón. —Espeta ella en un tono serio mientras miraba hacia su cerveza de una tonalidad más amarilla y suave, perdida en esa espuma superficial de la parte de arriba. No parecía tener muchas ganas de hablarlo, por lo que enseguida le devolvió la pregunta ahora con más curiosidad y dulzura en su voz para convencerlo de que le respondiera.— ¿Y tú? ¿Qué razón tienes para…?
Pero antes de terminar, ese chico la volvió a interrumpir para preguntarle por su división. Seraphim se mordió la lengua mientras dibujaba una falsa sonrisa contenida, de esas que demostraba que ODIABA ser interrumpida. No hay cosa que más detesta que le dejen con las palabras a mitad de la boca.
Contuvo el aliento y lo soltó en forma de suspiro para volver a dibujar una sonrisa falsa. Ahora le tocará responder otra vez a las preguntas de ese chico, pero obvio que ella no se va a quedar callada.
— ¿Te han dicho alguna vez que eres un poquito preguntón y metiche? —Le dice con un tono ácido y directo.— No, no estoy en ninguna división, y por ahora no me han dicho nada porque apenas llevo unos meses y soy apenas una soldado raso. ¿Y tú qué? ¿Eres muy preguntón porque eres un soldado de alto nivel que viene a evaluarme o porque quieres ligar esta noche? Porque si es lo uno u lo otro, creo que conmigo no vas bien por ese camino. —Niega con su dedo dejando que sus perfectas uñas largas fueran el detalle negro que se mueve de un lado a otro en esa negación. Tras eso apoya su cabeza sobre su mano y el codo sobre la mesa, mirándole fijamente con sus dos ámbar tan brillantes como la sangre pero igual de falsos que la que se utilizaba en teatros.— Los tíos que están solos como tú dan un poco de pena, ¿sabes? Pero estás de suerte porque hoy me siento generosa y me gustaría formar una alianza con un nuevo compañero, ¿qué te parece? —Como siempre, Seraphim es la más interesada en tener aliados porque así puede tener gente a quien controlar y manipular; y, ante todo, esto es algo que le beneficia para lo que le han “dicho”.— Y, por favor, no me llames Sera… —”Asi solo me llamaba mi hermana”, estaba a punto de decirle pero prefiere ocultarlo con una sonrisa más ancha mientras cierra sus ojos en una expresión de dolor contenida.
Seraphim tuvo que aguantar tener que pasar ese rato con ese chico pelirrojo que se le acercó a ella, pero como ya lo conocía de vista prefería tener que mentir un poco a ese chico y a sí misma antes que perder la oportunidad de tener un aliado más. ¿Quién sabe? Quizá puede engañar a ese tonto para que le ayude cuando no tenga ganas o cualquier otra cosa.
Con la cerveza ya servida, la pregunta que hizo ese tuerto la pilló por sorpresa hasta el punto de que tuvo que disimular el tragar bien porque casi tose. Solamente personas de alto estándar en la marina son las que le han preguntado ese tipo de preguntas de sus razones por las que estaba como soldado, y sabe que si interrogan eso es porque necesitan asegurarse de que los soldados no se van a rebelar. Sin embargo no se esperaba que de un chico de su misma posición —o al menos eso creía que era en el momento de verlo por primera vez— le interrogue de una forma tan profunda.
Ella le mira de reojo de arriba hacia abajo con una expresión un poco arisca, pero rápidamente cambia su cara a una más tranquila y pasota. No tiene porque explicarle la verdad, pero tampoco va a mentir. Una verdad a medias, o una mentira piadosa; llamémosla como cada uno quiera.
— Estoy aquí por el bien de otros y porque así lo quisieron. Es mi deber, así que debo de cumplirlo como se comprometieron hace mucho tiempo, así que… supongo que esa esa mi razón. —Espeta ella en un tono serio mientras miraba hacia su cerveza de una tonalidad más amarilla y suave, perdida en esa espuma superficial de la parte de arriba. No parecía tener muchas ganas de hablarlo, por lo que enseguida le devolvió la pregunta ahora con más curiosidad y dulzura en su voz para convencerlo de que le respondiera.— ¿Y tú? ¿Qué razón tienes para…?
Pero antes de terminar, ese chico la volvió a interrumpir para preguntarle por su división. Seraphim se mordió la lengua mientras dibujaba una falsa sonrisa contenida, de esas que demostraba que ODIABA ser interrumpida. No hay cosa que más detesta que le dejen con las palabras a mitad de la boca.
Contuvo el aliento y lo soltó en forma de suspiro para volver a dibujar una sonrisa falsa. Ahora le tocará responder otra vez a las preguntas de ese chico, pero obvio que ella no se va a quedar callada.
— ¿Te han dicho alguna vez que eres un poquito preguntón y metiche? —Le dice con un tono ácido y directo.— No, no estoy en ninguna división, y por ahora no me han dicho nada porque apenas llevo unos meses y soy apenas una soldado raso. ¿Y tú qué? ¿Eres muy preguntón porque eres un soldado de alto nivel que viene a evaluarme o porque quieres ligar esta noche? Porque si es lo uno u lo otro, creo que conmigo no vas bien por ese camino. —Niega con su dedo dejando que sus perfectas uñas largas fueran el detalle negro que se mueve de un lado a otro en esa negación. Tras eso apoya su cabeza sobre su mano y el codo sobre la mesa, mirándole fijamente con sus dos ámbar tan brillantes como la sangre pero igual de falsos que la que se utilizaba en teatros.— Los tíos que están solos como tú dan un poco de pena, ¿sabes? Pero estás de suerte porque hoy me siento generosa y me gustaría formar una alianza con un nuevo compañero, ¿qué te parece? —Como siempre, Seraphim es la más interesada en tener aliados porque así puede tener gente a quien controlar y manipular; y, ante todo, esto es algo que le beneficia para lo que le han “dicho”.— Y, por favor, no me llames Sera… —”Asi solo me llamaba mi hermana”, estaba a punto de decirle pero prefiere ocultarlo con una sonrisa más ancha mientras cierra sus ojos en una expresión de dolor contenida.
