07-06-2026, 11:56 PM
No podía permitir que me refutara ni mucho menos dejar que sus palabras me convencieran de permitir hacer aquella atrocidad, lanzarse desde la cima de aquella torre, no podía permitirle hacerlo, no importaba cuánto insistiera en que esperara, en que me detuviera, en que lo escuchara… mi decisión ya estaba tomada. Tenía que apartarlo de ahí.
Al forzarlo a retroceder de un tirón, ignoré su quejido ahogado en cuanto lo vi caer al suelo, me agaché de inmediato y lo sujeté por los hombros, más por impulso que por calma, buscando cualquier señal de daño por la caída o antes de haber llegado ahí, mis ojos azules recorrieron su cuerpo con urgencia atentos a posibles heridas de sangre. Su uniforme de marine estaba libre de manchas.
Sus manos se llevaban a la cabeza, señal inequívoca del dolor, así que aparté las suyas con cuidado para poder inspeccionar la zona, sin embargo, mi intento se detuvo en seco cuando abrió los ojos y mostró la tonalidad ámbar de su mirada, aún nublada por el golpe al mostrar un ligero sollozo que se asomaba entre su respiración entrecortada en gimoteos de dolor, rastros de la consecuencia de aquella caída directa provocada por mí.
Se quejó con un grito agudo, afirmando evidentemente que le dolía por lo que la preocupación me invadió de inmediato, intenté volver a revisar su cabeza pero me detuve al sentir su resistencia, mi postura lo había dejado encogido casi como una bola, con cuidado, ladeé mi rostro hacia su cabeza para entrar en su campo de visión —- ¿Te duele mucho? — pregunté con evidente aflicción para segundos después toparme con la mirada del chico de la cabellera rosa, finalmente me encaró.
Me cuestionó directamente el porqué de mis actos y en cuanto abrí la boca para explicarme, cortó cualquier intento de excusa, me aclaró que su vida no era tan dura, que trabajar en la marina podría ser aburrido pero que eso no era motivo para quitarse la vida, incluso dejó claro que le resultaba impensable llegar a considerar hacer algo así porque valoraba su propia existencia.
Mientras continuaba explicando las razones de su presencia en el farol sentí cómo el calor me subía lentamente a las mejillas, tiñéndose de un rosado cada vez más evidente, la culpa se me fue calando en el pecho hasta volverse casi insoportable, transformándose en un nudo que me apretaba la garganta. Un sollozo de vergüenza se me escapó sin querer, aquel leve rubor terminó por extenderse por completo, encendiendo mi rostro en un rojo intenso que delataba todo lo que sentía.—- L-lo sient…
No pude terminar de pronunciar mis palabras pues de inmediato él comenzó a plantear hipótesis sobre lo que habría ocurrido si realmente hubiera tenido la intención de saltar al vacío, según decía, podría haber sido mi culpa, por el grito repentino de antes o incluso por el simple hecho de haberle sujetado del brazo ya que aquello también pudo haber comprometido su equilibrio, fue entonces cuando caí en cuenta de lo imprudente que había sido, bajé la mirada al suelo, incapaz de sostenerle la vista cuando me ordenó no hacerlo, recriminando que era una expresión de “huevo frito”, sentí cómo mi cabeza se hundía entre mis hombros y la vergüenza terminó por superarme, sin poder evitarlo, llevé las manos a mi rostro para ocultarme, completamente apenada por mis acciones… jamás había considerado esa posibilidad.
—- Cuánto lo siento… —-- murmuré entre mis manos con una voz temblorosa apenas audible aunque en aquel silencio entre los dos bastaba para que me escuchara… — Lo lamento tanto… te vi solo, en una escena en la que parecía que ibas a saltar… — lentamente aparté las manos de mi rostro y levanté la mirada, encontrándome con el dorado de sus orbes, en ellos había algo entre la molestia y el orgullo herido, como si le ofendiera la sola idea de que pudiera haberlo visto como alguien dispuesto a elegir el camino fácil hacia una muerte llena de dolor.
—- ¿C-cómo puedo compensarte?, de verdad tenía miedo de que te pasara algo…
Al forzarlo a retroceder de un tirón, ignoré su quejido ahogado en cuanto lo vi caer al suelo, me agaché de inmediato y lo sujeté por los hombros, más por impulso que por calma, buscando cualquier señal de daño por la caída o antes de haber llegado ahí, mis ojos azules recorrieron su cuerpo con urgencia atentos a posibles heridas de sangre. Su uniforme de marine estaba libre de manchas.
Sus manos se llevaban a la cabeza, señal inequívoca del dolor, así que aparté las suyas con cuidado para poder inspeccionar la zona, sin embargo, mi intento se detuvo en seco cuando abrió los ojos y mostró la tonalidad ámbar de su mirada, aún nublada por el golpe al mostrar un ligero sollozo que se asomaba entre su respiración entrecortada en gimoteos de dolor, rastros de la consecuencia de aquella caída directa provocada por mí.
Se quejó con un grito agudo, afirmando evidentemente que le dolía por lo que la preocupación me invadió de inmediato, intenté volver a revisar su cabeza pero me detuve al sentir su resistencia, mi postura lo había dejado encogido casi como una bola, con cuidado, ladeé mi rostro hacia su cabeza para entrar en su campo de visión —- ¿Te duele mucho? — pregunté con evidente aflicción para segundos después toparme con la mirada del chico de la cabellera rosa, finalmente me encaró.
Me cuestionó directamente el porqué de mis actos y en cuanto abrí la boca para explicarme, cortó cualquier intento de excusa, me aclaró que su vida no era tan dura, que trabajar en la marina podría ser aburrido pero que eso no era motivo para quitarse la vida, incluso dejó claro que le resultaba impensable llegar a considerar hacer algo así porque valoraba su propia existencia.
Mientras continuaba explicando las razones de su presencia en el farol sentí cómo el calor me subía lentamente a las mejillas, tiñéndose de un rosado cada vez más evidente, la culpa se me fue calando en el pecho hasta volverse casi insoportable, transformándose en un nudo que me apretaba la garganta. Un sollozo de vergüenza se me escapó sin querer, aquel leve rubor terminó por extenderse por completo, encendiendo mi rostro en un rojo intenso que delataba todo lo que sentía.—- L-lo sient…
No pude terminar de pronunciar mis palabras pues de inmediato él comenzó a plantear hipótesis sobre lo que habría ocurrido si realmente hubiera tenido la intención de saltar al vacío, según decía, podría haber sido mi culpa, por el grito repentino de antes o incluso por el simple hecho de haberle sujetado del brazo ya que aquello también pudo haber comprometido su equilibrio, fue entonces cuando caí en cuenta de lo imprudente que había sido, bajé la mirada al suelo, incapaz de sostenerle la vista cuando me ordenó no hacerlo, recriminando que era una expresión de “huevo frito”, sentí cómo mi cabeza se hundía entre mis hombros y la vergüenza terminó por superarme, sin poder evitarlo, llevé las manos a mi rostro para ocultarme, completamente apenada por mis acciones… jamás había considerado esa posibilidad.
—- Cuánto lo siento… —-- murmuré entre mis manos con una voz temblorosa apenas audible aunque en aquel silencio entre los dos bastaba para que me escuchara… — Lo lamento tanto… te vi solo, en una escena en la que parecía que ibas a saltar… — lentamente aparté las manos de mi rostro y levanté la mirada, encontrándome con el dorado de sus orbes, en ellos había algo entre la molestia y el orgullo herido, como si le ofendiera la sola idea de que pudiera haberlo visto como alguien dispuesto a elegir el camino fácil hacia una muerte llena de dolor.
—- ¿C-cómo puedo compensarte?, de verdad tenía miedo de que te pasara algo…
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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