08-06-2026, 01:26 AM
La música sigue atrapando a las personas y los seis que han atendido notan que han sido especialmente identificados por parte de Miyori, por lo que se empiezan a mirar entre ellos de manera más que sospechosa. Y Akane logra identificarlos también luego de que la pirata les avisara sobre su presencia en medio del público. Miyori podría notar que el gesto de Akane no fue especialmente de agrado al ver a aquellas personas, y luego de que ésta diera un pequeño golpe con el codo a Hiruzen, éste tampoco había hecho una buena cara. Quedaba más que claro que no eran buenas noticias. ¿Qué podría ocurrir? Bueno, la respuesta a eso se iba a responder casi que de inmediato.
La música de parte de los dos intérpretes del país de Wa se fue apagando lentamente. Y cuando ya no tocaban más, ambos miraron a Miyori y le sonrieron con un gesto de agradecimiento en sus rostros. La gente ahora los vitoreaba y algunos incluso empezaban a pedir que tocaran más.
—Miyo-san. Has estado espléndida. Lo que ocurrirá ahora puede que te meta en problemas, así que puedes irte ahora. Gracias por compartir tu talento. —Dijo Akane con un tono que sonaba definitivo.
Hiruzen pondría el sakuhachi justo en frente suyo después de limpiar la boquilla y después de eso sonreiría nuevamente, ahora con algo de amargura.
Entre la multitud, los hombres con los sombreros de paja avanzaron hasta llegar al frente y luego de eso formaron un perímetro que parecía engullir a los músicos. Y aunque Akane y Hiruzen habían dejado que Miyori se marchara, parecía que los extraños no tenían plan en dejar que ninguno de los tres se les fuera. Esto claramente molestó a Akane, quien puso la biwa a un lado y, desde su posición, sentada en el suelo, miró a los hombres extraños.
—La chica de cabellos rojos no tiene nada que ver. Déjenla que se marche. Es in-
—Silencio. Sabes bien lo que sucede y quiénes somos. De sobra está lo que tu nos quieras decir. Tenemos órdenes. Y las cumpliremos para ganar el regreso a nuestra tierra, con nuestras familias.
Dicho aquello, el que habló, que parecía ser el líder de aquellos seis, desenfundó una espada. No era una espada común que usara cualquier marinero. Era una propia de un espadachín dedicado, una katana. Y al ver el filo de ésta, la gente se escandalizó y se retiró de allí en tropel y a gritos. Acto seguido, los otros cinco también desenvainaron.
Akane y Hiruzen se miraron el uno al otro y luego asintieron. Ambos tomaron la cesta, cada uno con una mano y la lanzaron por los aires, dejando que todo lo que tenían allí guardado empezara a ser arrojado por todo el escenario, a Miyori le caerían encima algunas prendas de ropa.
Cuando la cesta logró tocar el suelo, estaban ahora Hiruzen y Akane armados con sus propias armas, Akane tenía dos espadas cortas, que funcionaban más bien como dagas, mientras que Hiruzen tenía en sus manos un kusarigama, un arma que era una hoz con una cadena.
—Que así sea. —Dijo en tono solemne Hiruzen.
—Daremos caras nuestras vidas. —Aseveró Akane, tomando guardia inmediatamente luego de su compañero.
Miyori, por su cuenta, estaría cubierta de telas y ropa, lo suficientemente pesadas como para tirarla al suelo cuando le cayeron encima, pero podía moverse. En el instante que todo aquello ocurrió, los dos músicos la habían cubierto para que pudiera planear su escape de allí. Y en parte, había funcionado, pues los seis espadachines estaban ahora concentrados en Hiruzen y Akane, quienes eran los que estaban armados y mostrando ser una amenaza directa.
La música de parte de los dos intérpretes del país de Wa se fue apagando lentamente. Y cuando ya no tocaban más, ambos miraron a Miyori y le sonrieron con un gesto de agradecimiento en sus rostros. La gente ahora los vitoreaba y algunos incluso empezaban a pedir que tocaran más.
—Miyo-san. Has estado espléndida. Lo que ocurrirá ahora puede que te meta en problemas, así que puedes irte ahora. Gracias por compartir tu talento. —Dijo Akane con un tono que sonaba definitivo.
Hiruzen pondría el sakuhachi justo en frente suyo después de limpiar la boquilla y después de eso sonreiría nuevamente, ahora con algo de amargura.
Entre la multitud, los hombres con los sombreros de paja avanzaron hasta llegar al frente y luego de eso formaron un perímetro que parecía engullir a los músicos. Y aunque Akane y Hiruzen habían dejado que Miyori se marchara, parecía que los extraños no tenían plan en dejar que ninguno de los tres se les fuera. Esto claramente molestó a Akane, quien puso la biwa a un lado y, desde su posición, sentada en el suelo, miró a los hombres extraños.
—La chica de cabellos rojos no tiene nada que ver. Déjenla que se marche. Es in-
—Silencio. Sabes bien lo que sucede y quiénes somos. De sobra está lo que tu nos quieras decir. Tenemos órdenes. Y las cumpliremos para ganar el regreso a nuestra tierra, con nuestras familias.
Dicho aquello, el que habló, que parecía ser el líder de aquellos seis, desenfundó una espada. No era una espada común que usara cualquier marinero. Era una propia de un espadachín dedicado, una katana. Y al ver el filo de ésta, la gente se escandalizó y se retiró de allí en tropel y a gritos. Acto seguido, los otros cinco también desenvainaron.
Akane y Hiruzen se miraron el uno al otro y luego asintieron. Ambos tomaron la cesta, cada uno con una mano y la lanzaron por los aires, dejando que todo lo que tenían allí guardado empezara a ser arrojado por todo el escenario, a Miyori le caerían encima algunas prendas de ropa.
Cuando la cesta logró tocar el suelo, estaban ahora Hiruzen y Akane armados con sus propias armas, Akane tenía dos espadas cortas, que funcionaban más bien como dagas, mientras que Hiruzen tenía en sus manos un kusarigama, un arma que era una hoz con una cadena.
—Que así sea. —Dijo en tono solemne Hiruzen.
—Daremos caras nuestras vidas. —Aseveró Akane, tomando guardia inmediatamente luego de su compañero.
Miyori, por su cuenta, estaría cubierta de telas y ropa, lo suficientemente pesadas como para tirarla al suelo cuando le cayeron encima, pero podía moverse. En el instante que todo aquello ocurrió, los dos músicos la habían cubierto para que pudiera planear su escape de allí. Y en parte, había funcionado, pues los seis espadachines estaban ahora concentrados en Hiruzen y Akane, quienes eran los que estaban armados y mostrando ser una amenaza directa.
Viejas notas, nuevos sonidos

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)