08-06-2026, 08:06 AM
(Última modificación: 08-06-2026, 08:11 AM por Ryota Miyamoto.)
Día 33 de Invierno | Año 17
Isla Neur
Nublado – 10:00am
Isla Neur
Nublado – 10:00am
La bomba de chicle se inflaba poco a poco frente a los labios del joven de expresión relajada, quien se encontraba sentado a mitad del camino de escalones que ascendían hasta la catedral de San George. “¿Dónde está ese gordo?” Parecía esperar a alguien, una voluminosa figura que se había encontrado el día anterior y por desgracia perdió entre la muchedumbre después de ver el panfleto que le ofreció.
--- El día previo ---
Ryota se encontraba frente al escaparate de una pastelería de la ciudad, platicando con una hermosa chubby de caderas prominentes, ojos rasgados y particulares dientes frontales tan largos como los de un conejo. “Creo que nos habíamos visto antes, ¿no crees? Aunque jamás olvidaría un rostro tan hermoso.” Coqueteaba con la chica, que era empleada ofreciendo muestras gratis, y ella tan solo sonreía tontamente ante los halagos del pirata. O al menos eso hacía antes de que una mujer de tez morena apareciera de la nada a espaldas del castaño, cual asesina serial.
“Vamos, no seas tímida, no mue%$#&” No alcanzo a terminar sus palabras, antes de que la morena a sus espaldas lo abrazara e impactara su cabeza contra la piedra de la acera realizando un suplex alemán.
Tras el golpe, la morena tan solo se marchó enojada, dejando a Ryota inconsciente sobre el suelo. Fue entonces cuando el gordito que repartía panfletos socorrió al chico, le ofreció uno de ellos y tras darle un consejo de mujeres siguió su camino.
“Que agradable sujeto…” Pensó Ryota al verlo alejarse para ver el volante y quedar en shock por la noticia.

“¡¿Queeeeee?! ¡¿Cómo llego aqui?!”
Se trataba del mismo animal que conoció junto con Runin en la selva Oki, un hermoso ejemplar que dominaba a las bestias de su entorno usando únicamente su ternura e hipnótico bailecito. El gran problema es que era tan tierno que las fieras se peleaban entre sí para cuidarlo y protegerlo, siendo una verdadera máquina de caos por donde pasaba.
--Presente--
Debido a su amor por los animales y al hecho de que Runin seguía tan molesta que lo había obligado a dormir en el cuarto de Barald, aquel día tenía una misión. Impedir que cualquier ser humano capturara a su caótico amiguito y lo usara para fines malévolos. Porque si alguien iba a cobrar por poder acariciar a Pibbles, tenía que ser él.
De repente, la bomba de chicle se reventó y Ryota se puso de pie tras divisar al tipo gordo que le entregó el volante. “Ehhh Brooo” dijo mientras bajaba los escalones para llegar al chico y también al grupo de personas que parecía reunirse alrededor de él, en una gran área de unos 20 m de radio.
Se le hizo raro que tantas personas quisieran reunirse para hacer running por un animal tierno, pero no iba a juzgar a la gente solitaria. “Hey, nos vimos ayer. ¿Listo para encontrar al gran Pibbles?”
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