08-06-2026, 08:49 PM
Día 44 de Otoño, Año 17
Posada Verudora, 12:00 PM
Posada Verudora, 12:00 PM
En la Isla de Drum, cómo todas aquellas que se suceden en el Grand Line, es el poder y la fuerza de sus habitantes el que lo rige todo. El problema es que no siempre la gente que vive allí tiene el suficiente cómo para sobrevivir en esas circunstancias, y eso, desgraciadamente, es uno de los principales problemas que la Marina debe soportar en aquellas corrientes tan peligrosas si verdaderamente quieren proteger a sus ciudadanos. Por suerte para ellos, durante estos momentos se encuentra en la isla una de las divisiones más prometedoras de los últimos tiempos. La división 60, conformada por cuatros prestigiosos y honorables miembros de la marina, mantienen la seguridad de la isla allá donde se les necesite, y hoy, en este aparente día normal, uno de ellos trabajará en una de las misiones que aparentemente, ninguna otra persona ha sido capaz de resolver.
En un temporal tan extremadamente helado, todos y cada uno de los ciudadanos y pueblerinos visten ropajes gruesos forrados en pelaje de bisonte, oveja, o para los más desafortunados y con menos poder adquisitivo, ingeniándoselas con pelaje de cabra que, en esta isla y por lo general, suele ser algo más asequible para ese tipo de bolsillos, puesto que aparentemente el comercio local, controlado sugerentemente por las tropas del Rey de Drum, tratan de mantener a sus ciudadanos cómodos con estas medidas.
Aunque al menos, eso es lo que se dice por ahí.
Hospedado en una pequeña posada donde pudiste pasar la noche, con tus armas y herramientas a buen recaudo, recibes apenas llegada la media mañana una inesperada visita, alguien tocando tu puerta con una medida tranquilidad que, a simple vista, no parece indicar ningún tipo de hostilidad. Tras la puerta, un hombre algo bajito, de aspecto tranquilo y bonachón te espera a que abras la puerta:
hombre bonachón
—Hyoo, señor Bertram. Tiene un momento, ¿por favor?—Pregunta tras la misma, mostrando una inherente calma en su tono de voz grave y robusto, cargado de experiencia en la vida.—Si no me equivoco sabe usted que venía. Soy el guía que lo llevará hasta Pueblo Bighorn.
A pesar de su honestidad, puede resultarte algo extraña la situación. A juzgar por su apariencia y su voz, deduces fácilmente que supera los cincuenta años de edad, y que este hombre debería estar incluso más cercano a los sesenta. Pueblo Bighorn puede estar perfectamente a decenas de kilómetros de vuestra ubicación, aunque por supuesto, puede haber alguna respuesta para ello, ¿verdad?.
—Mi nombre es Krain, señor. Se suponía que acudiría un carromato a por usted, pero debido a las recientes ventiscas es imposible acudir hasta el pueblo de ningún otro modo que no sea a pie. Le pido disculpe la incapacidad de mi pueblo, de verás, pero necesitamos su ayuda con urgencia o de lo contrario mi pueblo morirá de hambre.—Incluso en lo áspero y cálido de su voz, notas que hay cierta decepción en sus palabras.
Todo esto resulta muy extraño, pero lo único que favorece su argumento es que, efectivamente, hasta hace unas horas fuertes ventiscas han azotado casi todos los rincones de la isla, y que actualmente, pese a que han amainado, la mayoría de personas se encuentran despejando la nieve de los caminos, tejados, terrazas, y distintas zonas de la ciudad y sus alrededores para poder mantener de nuevo la vida con total normalidad. Eso es algo a lo que en este sitio están acostumbrados, pero no deja de ser un incordio para aquellos menos acostumbrados.
—Por favor, tómese el tiempo que necesite para prepararse. Quisiera partir en cuanto usted considere. Si tenemos suerte, quizás no nos pille una nueva ventisca antes de que lleguemos, y puede que lo consigamos antes del anochecer. Sería fantástico, toda una hazaña.—Se rasca ligeramente la nariz con un dedo, mostrando una sonrisa de oreja a oreja antes de apartarse de la puerta.—Bueno, avíseme cuando lo tenga todo preparado. Le espero en la entrada.
Con aquellas palabras, finalmente abandona el lugar. El sonido del crujir de la madera con sus pasos indica que, efectivamente se marcha, dejándote solo con tus pensamientos en el interior de la habitación.
En un principio, te dejaron en claro que se tardaría aproximadamente unas ocho horas a pie en llegar hasta el lugar si las condiciones climatológicas no eran especialmente desfavorables. Ahora mismo, y dado que actualmente en el cielo solo se encuentran nubes que tapan el sol sin ningún tipo de viento frío que dificulte el avance, parece que es el momento óptimo para salir al menos a pie.
Una vez termines de prepararte, encontrarás a Krain esperándote abajo, junto a un enorme martillo a dos manos con una apariencia de bastante peso a su lado, y que por apenas unos diez centímetros aproximadamente es incluso más grande que él. Además, ahora que te fijas adecuadamente, lleva un bastante grueso abrigo de pelo de oveja que sobresale por su cuello, dándole un fuerte olor a sudor, y unas punteras reforzadas que probablemente le permitan andar por la nieve con bastante facilidad, junto con un sombrero de lana y unas gafas que, aunque no parecen de vista, parecen haber tenido muchísimo uso para tareas de precisión.
—¿Está listo, señor Gaufrid? Podemos partir entonces.—Abre la puerta frente a ti, y encabezando la marcha, se dirige a las afueras de la ciudad, caminando con bastante energía en una marcha bastante más apretada a pesar de su corta estatura.
----------------------------------------------------------
En algún lugar de camino a Pueblo Bighorn
Apenas ha pasado una hora desde que os pusisteis en marcha, pero habéis abandonado por completo la ciudad y no queda apenas rastro de civilización más allá del camino por el que os guiais, y alguna señalización puntual clavada en los árboles marchitos y recubiertos de nieve que abundan hasta donde os alcanza la vista. Durante todo el camino has sido incapaz de ponerte por delante del hombre, siendo siempre quién ha encabezado la marcha incluso si has intentado apretar el paso.
—¡JORRAHJORRAHJORRAH! No se vaya a quedar atrás, señor Bertram. Estos árboles son bastante traicioneros, por lo que si se pierde entre ellos probablemente le costará innumerables días volver a encontrar a una sola persona en toda esta isla.
Por el momento la situación es bastante tranquila. El viento helado sopla calando ligeramente los huesos, pero a excepción del tiempo que siempre acecha en esta gélida isla, todo el camino parece seguro. Un camino terroso recubierto de nieve un poco por debajo de los tobillos que no dificulta excesivamente el paso y un silencio frondoso que tan solo se rompe por el sonido de vuestros pasos y vuestras voces al hablar.
Si todo va bien, deberías llegar a tiempo hasta el lugar.
El camino será algo largo y tedioso, por lo que tienes tiempo de ahondar en tus pensamientos, hablar, o hacer lo que consideres oportuno para hacer tu viaje más ameno. La pregunta es...¿va a salir todo a pedir de boca?
Sello de inicio
