08-06-2026, 10:10 PM
(Última modificación: 08-06-2026, 10:16 PM por Miyori Hoshino.)
Mis flechas había impactado con tanta precisión que fueron capaz de amputar las extremidades de aquel sujeto que en primer lugar me disparó sin piedad, ahora se encontraba fuera de la posibilidad de poder continuar con su emboscada hacia nosotros, hacía mí. La escena se volvió caótica con rastros de su sangre cómo prueba evidentes del daño, manchando a su paso tejado y paredes fue entonces cuando me di cuenta de la verdad, no se trataba de un enemigo experimentado sino de un tirador sin entrenamiento real, alguien incapaz de prever las consecuencia ni los daños colaterales al enfrentarse a otros oponentes de la misma especialidad pero con mayor nivel supongo.
En el instante en que su cuerpo se desplomó desde el tejado hasta el suelo, sentí cómo el mío se volvía extrañamente ligero como si la gravedad hubiera dejado de afectarme por un segundo. Mis ojos azules reflejaron un destello de sorpresa que no encajaba con ninguno de los escenarios que había previsto. El aire se me atascó en la garganta, mi mente empezó a llenarse de pensamientos corrosivos que se apilaban unos sobre otros hasta casi ahogarme por dentro. ¿Lo había matado?, ¿Estaba inconsciente?, ¿Había perdido simplemente el equilibrio? el charco de sangre bajo su cuerpo me obligaba a aceptar la posibilidad más terrible… se estaba desangrando. Di un paso hacia adelante, y luego otro, con la intención de lanzarme corriendo en su ayuda, tenía que hacerlo, era mi culpa… no había tenido suficiente cuidado con el daño que podía causar mis flechas.
“¡Debemos correr, señorita!” La voz de Billy pronto me sacó de esa prisión en la que me había hundido la misma culpa, al girar mi mirada hacia él demostré la agonía que en ese momento me estaba comiendo, una ansiedad tan intensa que parecía a punto de tragarme completa, era la certeza amarga creciendo en mi interior tanto que me hizo dudar entre quedarme o huir, entre lo correcto y la falta de humanidad de no hacerme cargo de mis actos. Había defendido, sí… pero había un precio que no había calculado, el valor de una vida no se mide en intenciones ni en justificaciones.
Un grito desgarrador me obligó a reaccionar de inmediato, arrancándome de la inmovilidad en la que me encontraba, ya no estaba completamente segura de si aquel cazador seguía con vida, si había perdido el conocimiento, la incertidumbre pesaba demasiado pero me obligué a confiar en que los civiles presentes haría algo al respecto, era momento de salir de ahí. Sin pedir más tiempo, di media vuelta y volví a correr tras el pequeño infante, no me detuve ni un segundo salvo al agacharme rápidamente para recoger una llave que había caído junto a un barril suponiendo que le pertenece a Billy.
Permití que Billy se subiera a mi espalda, sosteniéndolo con cuidado, coloqué mis manos bajos sus piernas mientras él se aferraba a mis costados, asegurándome de que tuviera el apoyo suficiente para no caer durante la carrera de aquel camino —- No es tu culpa, Billy…
Respondí mientras mis ojos comenzaban a deslizar pequeñas lágrimas que apenas lograba contener, no era solo el cansancio ni el miedo, era la conciencia de lo que acababa de hacer, asentándose lentamente en mi pecho, había cruzado una línea. Antes ya me llamaban pirata por seguir el viaje junto a quienes llevaban con orgullo la bandera negra pero ahora… era distinto, ahora mis manos ya no podían considerarse limpias, y esa marca parecía destinada a quedarse conmigo para siempre. Guarde silencio y recé por la vida que tomé, y pedí perdón una y otra vez.
Seguí corriendo por aquella calle sin permitirme girar en ninguna dirección, según Billy, debia avanzar en línea recta hasta encontrar los campos de flores, un lugar donde la tierra estaba removida y donde también se veían objetos abandonados, ropa sucia y botellas de productos de limpieza esparcidas sin orden. ¿Pero por qué había tantas cosas ahí…?
—- ¿Hacia donde debemos ir ahora?.
En el instante en que su cuerpo se desplomó desde el tejado hasta el suelo, sentí cómo el mío se volvía extrañamente ligero como si la gravedad hubiera dejado de afectarme por un segundo. Mis ojos azules reflejaron un destello de sorpresa que no encajaba con ninguno de los escenarios que había previsto. El aire se me atascó en la garganta, mi mente empezó a llenarse de pensamientos corrosivos que se apilaban unos sobre otros hasta casi ahogarme por dentro. ¿Lo había matado?, ¿Estaba inconsciente?, ¿Había perdido simplemente el equilibrio? el charco de sangre bajo su cuerpo me obligaba a aceptar la posibilidad más terrible… se estaba desangrando. Di un paso hacia adelante, y luego otro, con la intención de lanzarme corriendo en su ayuda, tenía que hacerlo, era mi culpa… no había tenido suficiente cuidado con el daño que podía causar mis flechas.
“¡Debemos correr, señorita!” La voz de Billy pronto me sacó de esa prisión en la que me había hundido la misma culpa, al girar mi mirada hacia él demostré la agonía que en ese momento me estaba comiendo, una ansiedad tan intensa que parecía a punto de tragarme completa, era la certeza amarga creciendo en mi interior tanto que me hizo dudar entre quedarme o huir, entre lo correcto y la falta de humanidad de no hacerme cargo de mis actos. Había defendido, sí… pero había un precio que no había calculado, el valor de una vida no se mide en intenciones ni en justificaciones.
Un grito desgarrador me obligó a reaccionar de inmediato, arrancándome de la inmovilidad en la que me encontraba, ya no estaba completamente segura de si aquel cazador seguía con vida, si había perdido el conocimiento, la incertidumbre pesaba demasiado pero me obligué a confiar en que los civiles presentes haría algo al respecto, era momento de salir de ahí. Sin pedir más tiempo, di media vuelta y volví a correr tras el pequeño infante, no me detuve ni un segundo salvo al agacharme rápidamente para recoger una llave que había caído junto a un barril suponiendo que le pertenece a Billy.
Permití que Billy se subiera a mi espalda, sosteniéndolo con cuidado, coloqué mis manos bajos sus piernas mientras él se aferraba a mis costados, asegurándome de que tuviera el apoyo suficiente para no caer durante la carrera de aquel camino —- No es tu culpa, Billy…
Respondí mientras mis ojos comenzaban a deslizar pequeñas lágrimas que apenas lograba contener, no era solo el cansancio ni el miedo, era la conciencia de lo que acababa de hacer, asentándose lentamente en mi pecho, había cruzado una línea. Antes ya me llamaban pirata por seguir el viaje junto a quienes llevaban con orgullo la bandera negra pero ahora… era distinto, ahora mis manos ya no podían considerarse limpias, y esa marca parecía destinada a quedarse conmigo para siempre. Guarde silencio y recé por la vida que tomé, y pedí perdón una y otra vez.
Seguí corriendo por aquella calle sin permitirme girar en ninguna dirección, según Billy, debia avanzar en línea recta hasta encontrar los campos de flores, un lugar donde la tierra estaba removida y donde también se veían objetos abandonados, ropa sucia y botellas de productos de limpieza esparcidas sin orden. ¿Pero por qué había tantas cosas ahí…?
—- ¿Hacia donde debemos ir ahora?.
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