09-06-2026, 10:43 AM
El agente A lo tiene claro. La estrategia inicial se ha ido al garete, pero no puede permitir por nada del mundo que esta mole de carga se lleve por delante a su compañero. Sin miedo al éxito, sale de su escondite y se lanza a por Ubbe con una de sus mejores técnicas. Este le da la espalda, atónito de haber encontrado oro buscando cobre sobre la tienda de campaña, así que el golpe conecta sin dificultad. Por desgracia para él, no comprende aún la gravedad de sus actos y a quien se está enfrentando. El golpe, que debía haber mandado a volar a la bestia, apenas le produce la suficiente picazón como para llamar su atención. El agente V aprovecha el momento para resguardarse de nuevo, así que ya ha cumplido con lo que realmente quería, pero las consecuencias no tardan en aparecer. Se pone en guardia, afrontando su destino, pero el kaiju ya se la tiene jurada.
Ubbe se sorprende de haber dado con uno de los agentes sin siquiera buscarlos de forma consciente. Tal vez la fortuna le sonríe o tiene un sexto sentido activable a la hora de repartir guantazos. Primero librándose de aquella explosión contra Burrich por centímetros, que debería haberlo matado. Ahora esto... Un don para las peleas forjado en el Ragnarok y nacido de la sangre Buccaneer.
En su sorpresa, antes de reaccionar, nota como algo golpea su pierna, atacándole por un punto muerto. ¿Se siente? Sí. ¿Acaso con una técnica tan pobre y débil piensan derrotarlo? Si es así, van por mal camino. Ni tan solo lo mueve un centímetro del suelo. El monstruo se gira y, curioso, observa al pequeño agente jugando a ser karateca. Le conmueve su coraje, pero aún así, no perdona el ataque a traición. Con un gesto rápido, lanza su mano titánica en comparación y rompe todo tipo de defensas del guerrero, que es sometido a una presión enorme bajo el agarre del pirata. La mano se cierra sobre el torso, aprisionando los brazos y dejando expuesta la cabeza y los pies colgando como un fuet.
El agente V no pierde oportunidad en ocultarse de nuevo tras la repentina oportunidad que le brinda su hermano de batalla. El desplazamiento es rápido, resguardándose de nuevo en los árboles, esperando que el agente A consiga tiempo suficiente para contrarrestar al buccaner y poder recuperar la estrategia inicial y la "Operación Jericó". Sin embargo, nada sale como debería.
El ataque es insuficiente y la defensa del adversario es imposible de doblegar. Lo único que ha conseguido A es lanzarse al vacío mientras llama la atención del dinosaurio, exponiéndose a un peligro mortal mientras él se oculta. Impasible, el pirata agarra de su compañero dejándolo a merced de su voluntad y el agente V no puede permitir ese sacrificio sin mover ficha primero.
Con unas agallas inmensas, a pesar de estar completamente herido y vulnerable, sale de su escondite mientras Ubbe decide como ejecutar a su rival y en un alarde de pericia y habilidad con las armas de fuego, se hace con dos pistolas que descansaban en sus cinto, lo último que le queda del campamento y, con una precisión absoluta, dispara cuatro tiros certeros.
Ubbe lo tiene claro. La chulería lo invade por completo, y su sed de sangre enciende en él una violencia creciente que se oculta en lo más profundo de su ser. No, no es tan sádico como su hermano, pero tiene dentro ese orgullo, ese gusto por la batalla de su raza. Tan solo que él lo expresa de la forma más épica y espectacular posible.
Con fanfarria, pero con honestidad en sus palabras, elogia de buen grado la actitud valiente del agente A, preso en sus manos. También ve como el agente V tiene la valentía de responder ante el peligro por salvar a su compañero, pero no por ello el gigante se detiene. El agente atrapado, busca zafarse de todas las formas posibles. Siente ese cosquilleo entre los dedos, que es respondido con más fuerza y un delicioso crujir de sus tiernos huesecitos. Alguna patada suelta, pero nada que siquiera se sienta realmente. Con todo en posición, baja el telón y apaga las luces de la forma más grandilocuente, con un cabezazo turbo nuclear atómico.
El agente A siempre ha sido un tipo desafortunado. Siempre. Le ha ido mal en el trabajo, en el amor y en la vida. A pesar de todo, sonríe y sigue peleando. A menudo suelta el comentario de siempre: la vida está compensando la buena suerte de tenerte, Víctor. Con eso le basta. Con eso, y con nunca dejar de pelear. No será menos ahora.
El agarre del hombresaurio le retuerce por dentro de dolor. Siente como apenas puede respirar y sus codos se clavan contra las costillas en contra de su propia voluntad. Aún así, trata de liberarse, sin éxito. Con rabia, mientras su rival parlotea y las balas vuelan, suelta un rodillazo contra la mano. Aún y con esas, no consiguen escapar. Solo le queda ver cómo el coloso, carga su cabeza hacia atrás y carga con un cabezazo destructor.
Ubbe se sorprende de haber dado con uno de los agentes sin siquiera buscarlos de forma consciente. Tal vez la fortuna le sonríe o tiene un sexto sentido activable a la hora de repartir guantazos. Primero librándose de aquella explosión contra Burrich por centímetros, que debería haberlo matado. Ahora esto... Un don para las peleas forjado en el Ragnarok y nacido de la sangre Buccaneer.
En su sorpresa, antes de reaccionar, nota como algo golpea su pierna, atacándole por un punto muerto. ¿Se siente? Sí. ¿Acaso con una técnica tan pobre y débil piensan derrotarlo? Si es así, van por mal camino. Ni tan solo lo mueve un centímetro del suelo. El monstruo se gira y, curioso, observa al pequeño agente jugando a ser karateca. Le conmueve su coraje, pero aún así, no perdona el ataque a traición. Con un gesto rápido, lanza su mano titánica en comparación y rompe todo tipo de defensas del guerrero, que es sometido a una presión enorme bajo el agarre del pirata. La mano se cierra sobre el torso, aprisionando los brazos y dejando expuesta la cabeza y los pies colgando como un fuet.
El agente V no pierde oportunidad en ocultarse de nuevo tras la repentina oportunidad que le brinda su hermano de batalla. El desplazamiento es rápido, resguardándose de nuevo en los árboles, esperando que el agente A consiga tiempo suficiente para contrarrestar al buccaner y poder recuperar la estrategia inicial y la "Operación Jericó". Sin embargo, nada sale como debería.
El ataque es insuficiente y la defensa del adversario es imposible de doblegar. Lo único que ha conseguido A es lanzarse al vacío mientras llama la atención del dinosaurio, exponiéndose a un peligro mortal mientras él se oculta. Impasible, el pirata agarra de su compañero dejándolo a merced de su voluntad y el agente V no puede permitir ese sacrificio sin mover ficha primero.
Con unas agallas inmensas, a pesar de estar completamente herido y vulnerable, sale de su escondite mientras Ubbe decide como ejecutar a su rival y en un alarde de pericia y habilidad con las armas de fuego, se hace con dos pistolas que descansaban en sus cinto, lo último que le queda del campamento y, con una precisión absoluta, dispara cuatro tiros certeros.
-¡¡TÉCNICA DE EXPERTO TIRADOR: FOCS D'ARTIFICI DE VILANOVA!!-
Dos balas impactan directamente sobre él. Una en el hombro derecho y otra en la espinilla izquierda. Una tercera sale despedida a lo alto, pero la cuarta le persigue, y con un juego acrobático, estas chocan en un ángulo perfecto para que la tercera pille una trayectoria distinta y termine conectando por el costado bajo los hombros. Tres balazos perforantes, capaces de tumbar un elefante. Sin embargo, la piel de este ser va más allá. Su resistencia es suficiente como para que este ataque, capaz de doblegar a cualquier criatura sobre la tierra, para él sean meras cosquillas.
Agente V lucha por su hermano
Ubbe lo tiene claro. La chulería lo invade por completo, y su sed de sangre enciende en él una violencia creciente que se oculta en lo más profundo de su ser. No, no es tan sádico como su hermano, pero tiene dentro ese orgullo, ese gusto por la batalla de su raza. Tan solo que él lo expresa de la forma más épica y espectacular posible.
Con fanfarria, pero con honestidad en sus palabras, elogia de buen grado la actitud valiente del agente A, preso en sus manos. También ve como el agente V tiene la valentía de responder ante el peligro por salvar a su compañero, pero no por ello el gigante se detiene. El agente atrapado, busca zafarse de todas las formas posibles. Siente ese cosquilleo entre los dedos, que es respondido con más fuerza y un delicioso crujir de sus tiernos huesecitos. Alguna patada suelta, pero nada que siquiera se sienta realmente. Con todo en posición, baja el telón y apaga las luces de la forma más grandilocuente, con un cabezazo turbo nuclear atómico.
El agente A siempre ha sido un tipo desafortunado. Siempre. Le ha ido mal en el trabajo, en el amor y en la vida. A pesar de todo, sonríe y sigue peleando. A menudo suelta el comentario de siempre: la vida está compensando la buena suerte de tenerte, Víctor. Con eso le basta. Con eso, y con nunca dejar de pelear. No será menos ahora.
El agarre del hombresaurio le retuerce por dentro de dolor. Siente como apenas puede respirar y sus codos se clavan contra las costillas en contra de su propia voluntad. Aún así, trata de liberarse, sin éxito. Con rabia, mientras su rival parlotea y las balas vuelan, suelta un rodillazo contra la mano. Aún y con esas, no consiguen escapar. Solo le queda ver cómo el coloso, carga su cabeza hacia atrás y carga con un cabezazo destructor.
-¡¡QUE TE JODAN, PEDAZO DE MIER...!!-
El choque retumba con un estallido ensordecedor. Una onda de choque se propaga por todo el claro con tanta fuerza que los árboles de alrededor se doblan ligeramente. El cráneo del agente A siente una presión abrumadora, cediendo y aplastándose. A no puede verlo, pero siente como algo dentro de su cabeza se ha hecho polvo, como su cerebro rebota de un lado a otro. Sus ojos están completamente en blanco, y sus dientes se contraen bruscamente en una mordida forzada que los hace rechinar entre ellos partiéndose. Cuando las cabezas se separan y la tensión de ambas cabezas se libera, casi como un resorte, la cabeza se desflexiona para atrás y la boca se abre, soltando un montón de sangre incontenible. El agente A está completamente desorientado, con todo el cuerpo entumecido y paralizado.
Cajita feliz

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