09-06-2026, 07:30 PM
Los puños de Stroud golpearon con fuerza sobre los antebrazos de Betrug, que reaccionó con una rapidez sorprendente. La inercia de su movimiento de giro había acabado por permitirle, sin demasiados problemas, ver cómo Stroud se había acercado hacia él con la intención de atacarle, por lo que el error de cálculo del Marine llevó a que su improvisada técnica doble se estampase contra aquel muro. Betrug era más fuerte, físicamente, de lo que aparentaba, pese a la imagen de fragilidad que parecía ofrecer. Sin embargo, instantes después, mientras aún mantenía alzados sus antebrazos para detener el golpe de Stroud, los ataques de Bertram y Kibai habían tenido éxito. Stroud contempló cómo su cabeza recibía el impacto de las flechas en su zona parietal y occipital, pendulando ligeramente hacia delante, y cómo Kibai le propinaba un tajo de abajo a arriba, la afilada hoja rebanando gran parte de su abdomen de forma limpia, en un tajo que resultó prácticamente invisible hasta que el preciado líquido rojo comenzó a desparramarse. Había funcionado: de forma diferente a la que hubiera esperado en un primer lugar, pero había funcionado. La sangre de Betrug comenzaba a bañar la nieve bajo sus pies.
Sin embargo, y no sin cierta torpeza, Betrug emprendió un salto hacia Stroud. Sus movimientos seguían siendo rápidos, pero no tanto como lo habían sido anteriormente: el hombre aún desprendía gotas de sangre mientras se desplazaba por el aire, que caían a plomo sobre la nieve que quedaba por debajo de sí, dejando un pequeño rastro a medida que avanzaba. Los ataques que había recibido por parte de sus compañeros le habían afectado, seguramente más de lo que había estimado, y había cometido el error de lanzarse a continuar su ofensiva antes de recuperarse o estabilizar su condición. El (poco) ojo clínico de Stroud le hacía intuir que no le quedaba demasiado, su mirada clavada en él. Con pesadez, Betrug recortó esos cinco metros que los separaban y aterrizó justo delante de Stroud, gritando e intentando propinarle un doble puñetazo en la cara. Retaliación, claro. Parecía que el ataque previo de Stroud le debía de haber tocado el orgullo, por mucho que lo hubiese defendido. Los ojos de Stroud, grises como de costumbre, y con una insospechada sed de violencia detrás, fueron capaces de ver cada uno de sus movimientos. No era impresión suya: Betrug estaba lento. Hizo un breve cálculo, estimando la trayectoria de su movimiento.
Mientras Betrug aún extendía sus puños hacia su cara, Stroud se agachó ligeramente, esquivándolos, mientras tensaba sus músculos progresivamente y desplazaba su mano izquierda ligeramente hacia atrás, al mismo tiempo que sobre la misma, alrededor de sus nudillos y metacarpos, y cubriéndola casi por completo, así como su guante tachonado, a medida que se iba reconcentrando sobre su superficie, y finalmente la empleó para golpear con rapidez la zona metacarpina en un movimiento lateral y ascendente en diagonal, ejecutado a mucha más velocidad que los movimientos del usurpador. "¡Spider Lilly!," exclamó, a medida que una mano enguantada impactaba sobre la otra, aplastando sus huesos y tendones y, en su movimiento y fricción, provocando que el guante que la cubría cayese al suelo. Fue entonces cuando escuchó el odioso traqueteo de la dichosa carreta que los había seguido hasta aquel lugar perdido entre las montañas, que avanzaba hacia la posición donde se encontraban ambos, y conectó el propio movimiento de sentadilla que había efectuado con una toma de impulso, dando un potente salto hacia detrás, alejándose diez metros de Betrug, mirando en su dirección, de forma que en su campo visual quedaron tanto los demás uniformados en la lejanía, el propio Betrug y los desquiciados osos. "Como te decían... vais a tener que hacerlo mucho mejor, Majestad," dijo, con su infranqueable seriedad habitual, ya alejado del sujeto. "¿Pretendías convertirte en rey así como así? ¿Qué creías que opinaría la Marina?"
Sin embargo, y no sin cierta torpeza, Betrug emprendió un salto hacia Stroud. Sus movimientos seguían siendo rápidos, pero no tanto como lo habían sido anteriormente: el hombre aún desprendía gotas de sangre mientras se desplazaba por el aire, que caían a plomo sobre la nieve que quedaba por debajo de sí, dejando un pequeño rastro a medida que avanzaba. Los ataques que había recibido por parte de sus compañeros le habían afectado, seguramente más de lo que había estimado, y había cometido el error de lanzarse a continuar su ofensiva antes de recuperarse o estabilizar su condición. El (poco) ojo clínico de Stroud le hacía intuir que no le quedaba demasiado, su mirada clavada en él. Con pesadez, Betrug recortó esos cinco metros que los separaban y aterrizó justo delante de Stroud, gritando e intentando propinarle un doble puñetazo en la cara. Retaliación, claro. Parecía que el ataque previo de Stroud le debía de haber tocado el orgullo, por mucho que lo hubiese defendido. Los ojos de Stroud, grises como de costumbre, y con una insospechada sed de violencia detrás, fueron capaces de ver cada uno de sus movimientos. No era impresión suya: Betrug estaba lento. Hizo un breve cálculo, estimando la trayectoria de su movimiento.
Mientras Betrug aún extendía sus puños hacia su cara, Stroud se agachó ligeramente, esquivándolos, mientras tensaba sus músculos progresivamente y desplazaba su mano izquierda ligeramente hacia atrás, al mismo tiempo que sobre la misma, alrededor de sus nudillos y metacarpos, y cubriéndola casi por completo, así como su guante tachonado, a medida que se iba reconcentrando sobre su superficie, y finalmente la empleó para golpear con rapidez la zona metacarpina en un movimiento lateral y ascendente en diagonal, ejecutado a mucha más velocidad que los movimientos del usurpador. "¡Spider Lilly!," exclamó, a medida que una mano enguantada impactaba sobre la otra, aplastando sus huesos y tendones y, en su movimiento y fricción, provocando que el guante que la cubría cayese al suelo. Fue entonces cuando escuchó el odioso traqueteo de la dichosa carreta que los había seguido hasta aquel lugar perdido entre las montañas, que avanzaba hacia la posición donde se encontraban ambos, y conectó el propio movimiento de sentadilla que había efectuado con una toma de impulso, dando un potente salto hacia detrás, alejándose diez metros de Betrug, mirando en su dirección, de forma que en su campo visual quedaron tanto los demás uniformados en la lejanía, el propio Betrug y los desquiciados osos. "Como te decían... vais a tener que hacerlo mucho mejor, Majestad," dijo, con su infranqueable seriedad habitual, ya alejado del sujeto. "¿Pretendías convertirte en rey así como así? ¿Qué creías que opinaría la Marina?"
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