[T8, P.A.] Una tormenta sobre Hachinosu
#10
Los paroquianos del lugar, cuyas almas se llenaron de excitación ante la propuesta que había hecho el viejo de que Ashura los llevase a todos de aventura por la alta mar, prestaron suma atención a la pregunta que el enmascarado le hizo, y comenzaron a cruzarse miradas inquisitivas, como si todos hubieran pasado a desconfiar unos de otros. "¿Marines?," decía uno. "¿Cómo va a haber azules aquí?," decía otro. "Marines en la isla de Ashura... ¡Aquí, en Hachinosu!," decía otro con incredulidad. Las voces se iban repitiendo entre cuchicheos, como si Tenoch hubiese iniciado una cadena acusatoria. Nadie parecía creérselo del todo: Marines en Hachinosu. No había precedentes para algo así. Desde luego, al menos, ningún precedente bueno. La isla era sabidamente territorio pirata, un lugar en que ningún Marine raso se hubiese atrevido a pisar. La mayoría de uniformados que paraban en aquel lugar se largaban inmediatamente al darse cuenta de dónde estaban, si es que llegaban a acercarse en primer lugar. Pero, si Tenoch albergaba una sospecha así, aquello merecía toda la atención de los piratas, por incrédulos que pudiesen llegar a ser. Una amenaza como aquella debía ser tenida en cuenta. Al fin y al cabo, de ello dependía que aquella isla continuase siendo el paraíso de libertad —y libertinaje— que se enorgullecía de ser.

"No he oído nada de eso, señor Quetzalli," admitió el viejo, cuyo ademán había pasado a ser uno de su completa seriedad. No parecía mentir. Su aura, más allá de los nervios de encontrarse tan repentinamente en una situación tan potencialmente tensa, no reflejaba que estuviese mintiendo, o no a sabiendas. "Pero he oído que algunas cosas se están poniendo raras en la isla, supongo que no será nada que no haya oído ya. Si hay Marines por aquí, estoy seguro de que son los responsables del almacén que reventó cerca de Rocky Port el otro día. Y lo que le pasó a los muchachos de Grin...," dijo, sin terminar la frase, consciente de que aquello era vox populi y la comidilla de los piratas de Hachinosu en aquellos días. Muchos de los presentes asintieron con gravedad, casi santiguándose ante sus palabras. Recientemente, entre los piratas habían corrido rumores inquietantes, y muchos de ellos habían escuchado hablar de aquellos acontecimientos, de cómo la tripulación de un tal Grin había sido diezmada en una sola mañana, aunque las versiones variaban tanto como la naturaleza de las bebidas que consumían. En aquellos días, resultaba difícil discernir qué era cierto y qué no. Ante sus palabras, varios de los presentes comenzaron a discutir sobre sus versiones de lo ocurrido. Algunos empezaron a asegurar que Grin y sus hombres habían intentado reventar el almacén de una tripulación rival, y que se la habían cargado en el proceso, muriendo en su mayoría en la explosión. Otros decían que no había relación alguna entre ambos acontecimientos, mientras que otros aseguraban que el almacén destruido, de hecho, pertenecía a Grin, y que habían sido objeto de algún tipo de retaliación por parte de otra tripulación. Las versiones parecían contradecirse más y más al mismo ritmo que el volumen de la discusión aumentaba y su tono se calentaba.

Sin embargo, tal y como se había prendido aquel incendio dialéctico, se apagó de golpe, como si alguien hubiese arrojado un cubo de agua fría sobre unas brasas que se estaban saliendo de control. Toda la estancia, al unísono, pareció tragar saliva y enmudecer, todos los ojos, pares o impares, quedaron abiertos como platos. Incluso los extremos encendidos de los cigarros, los puros y las pipas parecieron perder intensidad. Las auras del lugar se enfriaron tan rápido como se habían encendido con el calor de la discusión, y un sentimiento de respeto e imponencia pareció sobreponerse a todas. Por la puerta del lugar entraba la figura colosal del mismísimo Ashura, que hacía su aparición como si el pronunciar su nombre hubiera sido suficiente para atraerlo hasta el lugar. Cada uno de sus pasos retumbó sobre la madera como si se encontrase sobre un escenario frente a un expectante y numeroso público. No todos los días la Catástrofe hacía acto de presencia ante los que era, de facto, sus súbditos. Tanto él como Tenoch eran capaces de percibir las auras de los presentes, aunque Ashura en particular había expandido tanto su visión que podía ver las auras de quienes se encontraban en la cima más alta y en las profundidades más hondas de la capilla. Aquellas auras, en cambio, no habían se habían inmutado aparentemente, encontrándose inmersas en sus quehaceres y conversaciones, sin ser conscientes de la presencia del Mushoku y su heraldo en el edificio, y continuaban con los mismos colores de diversión, violencia y borrachera que habían tenido hasta entonces.

Todos contemplaron al recién llegado, y nadie parecía atreverse a levantar la voz. "¡Señor Héroe! ¡Por fin llega usted!," dijo finalmente el mismo viejo que había reclamado a Tenoch que el capitán de los Mushoku se los llevase a todos de aventuras, atreviéndose a romper aquel formidable silencio, "¡por fin llega usted! ¿Me ha escuchado? ¿Nos llevará? ¿Vamos a declararle la guerra a alguna tripulación? ¿¡Y qué tal a esos revolucionarios!?," inquirió, con la ilusión de un niño. Otro le dio un codazo. "Esos no tienen un puto duro," le aseguró con un cuchicheo que resultó más audible de lo que seguramente pretendía, dando un trago de su jarra, "están pelados como ratas. Hay que ir a por alguna tripulación grande, que tenga dineros, ¿me entiendes?," explicó en un elaborado discurso. "O a por los Marines," dijo otro de ellos, sentado en una esquina del local tras una torre de jarras y vasos vacíos que debía de haber estado bebiendo toda la mañana, a esas alturas, "esos sí que tienen dinero, y lo demás son tonterías, ¡hic!". Muchos de los presentes asintieron, aun sin atreverse aún a hablar ante el temible Ashura. El ambiente y las auras de todos ellos, sin embargo, se llenaban de excitación y anticipación, pensando que tal vez sí que hubiese alguna posibilidad de enrolarse a una nueva gesta de los Mushoku, con sus correspondientes y numerosas oportunidades de llenarse los bolsillos de oro y el corazón de gloria. Los piratas, los revolucionarios y los Marines eran simplemente excusas. Todos parecían sedientos de una gran aventura, desde los más jóvenes hasta los más veteranos, desde los más escépticos hasta los más románticos.



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RE: [T8, P.A.] Una tormenta sobre Hachinosu - por Stroud Nanashi - 10-06-2026, 04:45 PM

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