11-06-2026, 01:23 PM
Miyori bajó con sumo cuidado por las escaleras, haciendo caso al aviso del joven muchacho, pero la oscuridad que la envolvía le impedía ver nada a más de un palmo de distancia. El momento en el que la bondadosa muchacha apoyó el pie en los adoquines que formaban el suelo del sótano, pudo sentir como si un cañonazo la arrollase con una fuerza desmedida. El devastador impacto mandó a la dulce muchacha volando hasta caer a un metro de distancia.
El molesto sonido de una puerta metálica vieja y oxidada retumbó por toda la habitación justo antes de que se encendieran las luces. Miyori, recuperándose lentamente del golpe, ahora podía observar la habitación con claridad y la gente que se encontraba con ella. El habitáculo consistía en poco más que unos muros de piedra con una puerta en el centro y una luz chispeante en el techo, cualquiera que la viese podría describirla como una cárcel.
Lo que sí llamaba más la atención eran las acompañantes que tenía allí, cinco mujeres sucias y maltratadas, vestidas con harapos que hace mucho tiempo fueron blancos. Todas miraban al suelo, ninguna levantó la mirada, ninguna hizo el más mínimo movimiento al escuchar la irrupción de Miyori en la celda.
Entonces una voz adulta resonó en aquel sótano, —¡GAHAHAHA! ¡Qué fácil! ¡Qué sencillo! Me diste un buen susto cuando mataste al inútil de Arnold… Pobre diablo… ¡GAHAHAHA!—. Al escuchar aquella voz, las chicas encerradas empezaron a temblar de miedo, y pusieron aún más determinación en no levantar la mirada, era algo que les fue grabado con dureza dentro de los corazones. —Tendrías que haberte visto, llena de determinación para ayudar a un pobre niño—. La voz al otro lado de la puerta cambió de forma gradual de tono mientras continuaba hablando: —Señorita ¿Ayudará a mis papis? GAHAHAHA— Era inconfundible, aquella voz no era nadie más que Billy. —Ha sido mi mejor papel, deberías sentirte afortunada de haberlo visto tan de cerca…—.
Entonces, Billy apretaba los puños con dureza y dio un feroz golpe a la puerta que retumbó por toda la sala. —Y recuerda esto, querida Miyori Hoshino…— dijo con la voz de un dulce niño —¡¡NADIE MIRA AL GRAN BILLY DESDE ARRIBA!! Qué asco sentí mientras clavabas tus ojos desde las alturas… Con esa pureza… Con esa bondad… Qué asco…— remató con su voz adulta. —Pero no te preocupes, señorita… Apagaré esos ojos como hice con las otras… Después de todo, los compradores quieren esclavos obedientes ¿O quizá preferirías ser mi esclava personal? GAHAHAHAHA— Tras su monólogo, Billy se sentó en su silla de madera y empezó a beber ron de la botella que tenía en la mesa. Tras varios minutos en la habitación, resonaba el descuidado ronquido de Billy por el sótano…
—¡Fue una muchacha pelirroja con un arco! — dijo una señora del barrio a los marines que inspeccionaban la zona. —¿Una muchacha hizo esto? Maldita sea… ¡Soldado Jenkins! Que los hombres se preparen para la batalla, seguiremos su rastro de forma inmediata—. El marine observó el rastro de sangre que había en el suelo y lo tocó con la punta de los dedos. —Está herida…—
CLANNNCKK
El molesto sonido de una puerta metálica vieja y oxidada retumbó por toda la habitación justo antes de que se encendieran las luces. Miyori, recuperándose lentamente del golpe, ahora podía observar la habitación con claridad y la gente que se encontraba con ella. El habitáculo consistía en poco más que unos muros de piedra con una puerta en el centro y una luz chispeante en el techo, cualquiera que la viese podría describirla como una cárcel.
Lo que sí llamaba más la atención eran las acompañantes que tenía allí, cinco mujeres sucias y maltratadas, vestidas con harapos que hace mucho tiempo fueron blancos. Todas miraban al suelo, ninguna levantó la mirada, ninguna hizo el más mínimo movimiento al escuchar la irrupción de Miyori en la celda.
Entonces una voz adulta resonó en aquel sótano, —¡GAHAHAHA! ¡Qué fácil! ¡Qué sencillo! Me diste un buen susto cuando mataste al inútil de Arnold… Pobre diablo… ¡GAHAHAHA!—. Al escuchar aquella voz, las chicas encerradas empezaron a temblar de miedo, y pusieron aún más determinación en no levantar la mirada, era algo que les fue grabado con dureza dentro de los corazones. —Tendrías que haberte visto, llena de determinación para ayudar a un pobre niño—. La voz al otro lado de la puerta cambió de forma gradual de tono mientras continuaba hablando: —Señorita ¿Ayudará a mis papis? GAHAHAHA— Era inconfundible, aquella voz no era nadie más que Billy. —Ha sido mi mejor papel, deberías sentirte afortunada de haberlo visto tan de cerca…—.
Entonces, Billy apretaba los puños con dureza y dio un feroz golpe a la puerta que retumbó por toda la sala. —Y recuerda esto, querida Miyori Hoshino…— dijo con la voz de un dulce niño —¡¡NADIE MIRA AL GRAN BILLY DESDE ARRIBA!! Qué asco sentí mientras clavabas tus ojos desde las alturas… Con esa pureza… Con esa bondad… Qué asco…— remató con su voz adulta. —Pero no te preocupes, señorita… Apagaré esos ojos como hice con las otras… Después de todo, los compradores quieren esclavos obedientes ¿O quizá preferirías ser mi esclava personal? GAHAHAHAHA— Tras su monólogo, Billy se sentó en su silla de madera y empezó a beber ron de la botella que tenía en la mesa. Tras varios minutos en la habitación, resonaba el descuidado ronquido de Billy por el sótano…
De vuelta en el callejón
—¡Fue una muchacha pelirroja con un arco! — dijo una señora del barrio a los marines que inspeccionaban la zona. —¿Una muchacha hizo esto? Maldita sea… ¡Soldado Jenkins! Que los hombres se preparen para la batalla, seguiremos su rastro de forma inmediata—. El marine observó el rastro de sangre que había en el suelo y lo tocó con la punta de los dedos. —Está herida…—
Cajita de tortuga

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