[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3)
#24
El camino de Drum Rockies lleva horas siendo un campo de batalla lo cual se hace notorio en cada metro cuadrado del paisaje otrora tranquilo. La nieve pisoteada y teñida de rojo desde la barricada de cadáveres de Lapahn hasta donde los tres marines enfrentan a Betrug, quien sigue en pie frente a ellos sangrando por cinco puntos distintos con la carreta y los dos osos a sus espaldas y el teleférico a cincuenta metros, son muestra de que las acciones de las personas tienen un impacto duradero en el futuro de sus carreras. Mientras la batalla se lleva a cabo, es entonces cuando llega desde las cabinas un sonido metálico y rítmico manifestándose gracias a que el cable comienza a tensarse con un gemido largo y grave que se propaga por la ladera antes de perderse entre los abetos. Alguien ha activado el mecanismo desde arriba y empieza a bajar por aquel teleférico.
 
Por su parte, de vuelta al combate, Betrug tensa los músculos de su brazo derecho y lanza un puño cargado con toda la potencia que le queda hacia el pecho de Stroud, pero el marine se agacha justo por debajo del golpe y en el mismo movimiento desplaza su mano izquierda hacia atrás, concentrando el mochi sobre los nudillos y metacarpos hasta cubrirlos casi por completo, y la suelta en un golpe lateral y ascendente en diagonal que aplasta los metacarpos y tendones de la mano extendida de Betrug antes de que pueda procesar que el impacto ha llegado desde abajo. Stroud salta diez metros hacia atrás quedando con Betrug, los osos y sus compañeros en su campo de visión mientras las tres flechas de Bertram surcan el aire en trayectorias curvas cargadas de electricidad y se clavan consecutivamente en la columna de Betrug haciendo que sus músculos se contraigan en una sacudida involuntaria, y Kibai llega desde el aire ejecutando un giro completo por encima de Betrug y descargando dos cortes cruzados con Raimei que golpean ambos brazos antes de aterrizar y clavar la hoja en el plexo solar de Betrug atravesándole de lado a lado. La punta asoma por el otro extremo mientras un chorro de sangre granate tiñe la nieve, Kibai gira la hoja ampliando la herida y se retira. Los ojos de Betrug permanecen abiertos un instante, fijos en los del mink, antes de cerrarse despacio mientras su cuerpo cae de rodillas sobre la nieve. Los dos osos sueltan las correas que los unen a la carreta con un movimiento brusco, sus pequeños ojos oscuros esperando una orden que ya no va a llegar, y desaparecen entre los abetos del flanco este del camino hasta que el sonido de sus pisadas se pierde montaña adentro.
 
El teleférico sigue bajando y, tras la huida de los osos, llega hasta la base de las montañas elevadas que forman el Drum Rockies. El sol de la tarde cuelga bajo sobre las cumbres de Drum Rockies cuando la cabina toca el suelo y de ella descienden diez soldados con el uniforme de la guardia real de Drum en formación, armados y con el paso de quien baja con un propósito claro. Se detienen a cinco metros de los tres marines y uno de ellos, un hombre ancho de hombros con la mandíbula cuadrada y nieve acumulada en las hombreras del uniforme, da un paso al frente y echa un vistazo largo a Betrug inconsciente en la nieve antes de mirar a los tres uniformes rasgados y manchados de sangre con respeto – “Así que se lo bajaron.” – dice, con una voz áspera y gutural que arrastra las vocales como quien ha pasado toda la vida en las cumbres – “Nosotros llevábamos días intentando dar con este malnacido y sus secuaces. Esta mañana los atrapamos a todos dentro del castillo, los médicos a quienes habían secuestrado ya están volviendo a sus casas.” – otro de los soldados se acerca con precaución a la carreta que había quedado a medio camino y suelta un silbido para luego comentar – “De la que se han salvado. Esa carreta lleva explosivos suficientes para volar la mitad del castillo. Si llega a subir..." – No termina la frase, deja que el silencio de la montaña la complete. El primero de los soldados en hablar mira a los tres marines uno por uno con esos ojos acostumbrados al frío antes de añadir en el mismo tono áspero – “El capitán de la guardia sabrá lo que han hecho hoy aquí. Tienen mi palabra. Gracias marines.”
 
En algún lugar entre los abetos nevados de Gyasta, Heiler empuja la puerta de su casa con las manos que llevan semanas sin tocar un instrumental médico y encuentra a Gnade incorporada en la cama con más color en las mejillas del que tenía esta mañana y a Hoffen corriendo hacia él antes de que la puerta haya terminado de abrirse. El abrazo dura lo que duran los abrazos que se han esperado demasiado. En el Reino Sakura las chimeneas humean con indiferencia, pero las ventanas empañadas vuelven a tener luz detrás, el hospital abre sus puertas antes de que anochezca, y los cerezos que flanquean la calle principal siguen dejando caer sus flores sobre la nieve como si nada hubiera pasado, como llevan haciendo toda la vida, como seguirán haciendo mañana gracias a un grupo de tres marines que no dudo en actuar basándose en sus ideales en lugar de esperar ordenes, siguiendo el ideal personal de justicia de cada uno de ellos.
 
Ninguno será jamás olvidado en Drum por aquellas familias a las que han reunido y, particularmente, por aquella niña cuyo nombre representa esperanza.
 

 
Detalles Importantes

Betrug

Belico

Gastos

Off
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]


Mensajes en este tema
RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3) - por Fuguwu - 11-06-2026, 01:55 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)