11-06-2026, 03:49 PM
Akira saltó sobre mi cuerpo serpenteante y comenzó a deslizarse por encima de mis escamas como si yo fuera el mejor tobogán de todo el South Blue. Mis ojos se abrieron de golpe mientras intentaba seguirlo con la mirada. —¡Akiraaa, no hagas es…!— alcancé a decir, tesoro, pero fue demasiado tarde. Justo cuando mi cola comenzaba a enrollarse para intentar atraparlo, sentí el impacto de una patada directa al abdomen. El golpe fue tan limpio y tan potente que el aire abandonó mis pulmones al instante. Mi cuerpo se dobló hacia adelante por puro reflejo y durante un segundo juraría que olvidé cómo respirar y bueno, en realidad no tuvo nada de gracioso. —¡Ghk!— La transformación incluso se resintió por el impacto. Las escamas de mi torso vibraron bajo la fuerza del golpe mientras mi enorme cuerpo serpentino se arrastraba varios metros sobre la cubierta, la transformación parecía simplemente abandonar mi cuerpo haciéndome volve a mi forma humana. Parte de la tela de mi camiseta simplemente no sobrevivió, se desgarró a la altura del pecho dejando expuestos mis abdominales, ahora teñidos de un rojo evidente donde había recibido la patada.
Me llevé una mano al abdomen mientras recuperaba el aire poco a poco.—Ay, ay, ay tesoro — jadeé entre respiraciones — Eso sí que fue una bienvenida.— Aun así, terminé sonriendo porque ahora lo entendía, los reportes que leí antes de unirme a la división parecían quedarse cortos. —Fufufufu, eres rápido de verdad, Aki-chan. —Mis colmillos asomaron apenas mientras volvía a incorporarme — Creo que voy a necesitar esforzarme mucho más si quiero seguirte el ritmo. — Salté tres metros hacia atrás, tesoro, buscando poner toda la distancia posible entre nosotros. Mis botas se deslizaron un poco sobre la cubierta al aterrizar y aproveché esos segundos para recuperar el aire que Akira me había arrancado de una sola patada, sin duda era un monstruo. Mi pecho subía y bajaba con fuerza mientras me llevaba una mano al abdomen. Entrar y salir de mi transformación en tan poco tiempo me había dejado incómodo, como si mi cuerpo todavía estuviera decidiendo qué forma quería adoptar. Las escamas desaparecidas dejaban una sensación extraña sobre la piel y el golpe seguía ardiendo bajo la tela rasgada de mi camiseta.
Pero no iba a detenerme, no después de haber sido yo quien lo desafió. Levanté la vista hacia Akira y sonreí, fue una sonrisa sincera de esas que aparecen cuando uno sabe que está aprendiendo algo importante. —Voy a darte todo lo que tengo, así sea poco. —dije mientras recuperaba la postura, flexionando los dedos y acomodando los hombros, en mi no había orgullo herido, ni frustración, solo ganas de seguir oorque si quería alcanzar a monstruos como él algún día, tenía que dejar de preocuparme por perder y empezar a preocuparme por aprender, tesoro. Terminé por rasgar la camiseta, tesoro. Después de semejante patada apenas se mantenía unida y la tela desgarrada solo estorbaba mis movimientos. La arranqué de una vez, dejando que el viento del mar golpeara directamente sobre la piel enrojecida de mi abdomen, dolía bastante más de lo que estaba dispuesto a admitir y los mareos seguían ahí, ligeros y molestos, pero seguían ahí. Aun así, volví a colocarme en posición de combate, separando ligeramente los pies mientras tensaba los músculos de las piernas. Mi respiración se estabilizó poco a poco y la sonrisa regresó a mi rostro.
—Tapa tus oídos, esta melodía es algo personal de mi infancia, y no me gustaría que la escucharas aún, Aki-chan. Es mi Salsita Preciosa. —dije con un tono casi orgulloso. Saqué las maracas y las hice sonar, chaca, chaca-chá Mis manos comenzaron a moverse con un ritmo específico, uno que conocía desde hacía años, uno que parecía sincronizar mi respiración, mis piernas y mi corazón. El sonido se mezcló con el viento marino mientras mis hombros comenzaban a relajarse hasta que sentí que estaba listo. Entonces mis músculos se tensaron de golpe. Incluso la arena bajo mis pies parecía resentirse del movimiento porque salí disparado hacia adelante. Tres metros desaparecieron en un instante mientras realizaba un dash frontal directo hacia Akira, impulsando todo mi peso detrás del movimiento. Mi pierna se elevó buscando una patada frontal limpia mientras las maracas todavía resonaban en mis manos. —¡EN EL HORÓSCOPO SERÍAS ARIES!—
Me llevé una mano al abdomen mientras recuperaba el aire poco a poco.—Ay, ay, ay tesoro — jadeé entre respiraciones — Eso sí que fue una bienvenida.— Aun así, terminé sonriendo porque ahora lo entendía, los reportes que leí antes de unirme a la división parecían quedarse cortos. —Fufufufu, eres rápido de verdad, Aki-chan. —Mis colmillos asomaron apenas mientras volvía a incorporarme — Creo que voy a necesitar esforzarme mucho más si quiero seguirte el ritmo. — Salté tres metros hacia atrás, tesoro, buscando poner toda la distancia posible entre nosotros. Mis botas se deslizaron un poco sobre la cubierta al aterrizar y aproveché esos segundos para recuperar el aire que Akira me había arrancado de una sola patada, sin duda era un monstruo. Mi pecho subía y bajaba con fuerza mientras me llevaba una mano al abdomen. Entrar y salir de mi transformación en tan poco tiempo me había dejado incómodo, como si mi cuerpo todavía estuviera decidiendo qué forma quería adoptar. Las escamas desaparecidas dejaban una sensación extraña sobre la piel y el golpe seguía ardiendo bajo la tela rasgada de mi camiseta.
Pero no iba a detenerme, no después de haber sido yo quien lo desafió. Levanté la vista hacia Akira y sonreí, fue una sonrisa sincera de esas que aparecen cuando uno sabe que está aprendiendo algo importante. —Voy a darte todo lo que tengo, así sea poco. —dije mientras recuperaba la postura, flexionando los dedos y acomodando los hombros, en mi no había orgullo herido, ni frustración, solo ganas de seguir oorque si quería alcanzar a monstruos como él algún día, tenía que dejar de preocuparme por perder y empezar a preocuparme por aprender, tesoro. Terminé por rasgar la camiseta, tesoro. Después de semejante patada apenas se mantenía unida y la tela desgarrada solo estorbaba mis movimientos. La arranqué de una vez, dejando que el viento del mar golpeara directamente sobre la piel enrojecida de mi abdomen, dolía bastante más de lo que estaba dispuesto a admitir y los mareos seguían ahí, ligeros y molestos, pero seguían ahí. Aun así, volví a colocarme en posición de combate, separando ligeramente los pies mientras tensaba los músculos de las piernas. Mi respiración se estabilizó poco a poco y la sonrisa regresó a mi rostro.
—Tapa tus oídos, esta melodía es algo personal de mi infancia, y no me gustaría que la escucharas aún, Aki-chan. Es mi Salsita Preciosa. —dije con un tono casi orgulloso. Saqué las maracas y las hice sonar, chaca, chaca-chá Mis manos comenzaron a moverse con un ritmo específico, uno que conocía desde hacía años, uno que parecía sincronizar mi respiración, mis piernas y mi corazón. El sonido se mezcló con el viento marino mientras mis hombros comenzaban a relajarse hasta que sentí que estaba listo. Entonces mis músculos se tensaron de golpe. Incluso la arena bajo mis pies parecía resentirse del movimiento porque salí disparado hacia adelante. Tres metros desaparecieron en un instante mientras realizaba un dash frontal directo hacia Akira, impulsando todo mi peso detrás del movimiento. Mi pierna se elevó buscando una patada frontal limpia mientras las maracas todavía resonaban en mis manos. —¡EN EL HORÓSCOPO SERÍAS ARIES!—
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