[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3)
#26
Con un seco estallido, las correas que sujetaban la carreta a los lomos de los gigantescos osos se rompieron, y ambas bestias, tras un breve momento de indecisión, sin duda debieron de pensar que aquella no era su lucha, de modo que decidieron perderse entre los árboles del bosque cercano. Kibai, aún sosteniendo a Arashi, escuchó como el viento traía consigo el chirrido mecánico de los engranajes del teleférico, el cual había terminado su descenso desde la cima de la gigantesca montaña que tenían enfrente.

A los pocos minutos, una patrulla de diez soldados con la librea del ejército real llegaron hasta su posición, al mando de un oficial. Al parecer, todo había acabado al fin, y habían logrado capturar al resto de secuaces de Betrug en el interior del castillo de Drum, de modo que el futil intento de aquel hombre de hacerse con la corona del reino había rerminado incluso antes de haberse acercado al trono.

El mink envainó a Arashi y se acercó a Betrug, que seguía con Raimei clavada en su cuerpo. Al agacharse, ahogó un quejido y apretó los dientes para contener el dolor mientras se palpaba el costado. Aquel desgraciado pegaba fuerte, de eso no cabía la menor duda, no tenía nada roto ni fisurado, pero a buen seguro en un par de días luciría una buena magulladura.

— Tengo que entrenar más... — pensó el mink para sí mismo. — Esto no puede seguir pasándome.

Agarrando firmemente la empuñadura de Raimei con una mano, Kibia apoyó la otra en el pecho de Betrug para dar un fuerte tirón y sacar la espada cuando sus ojos se abrieron con gran sorpresa. En el pecho de Betrug aún persistía una leve vibración. Aunque apenas era un hálito, aquel desgraciado aún seguía con vida.

Las garras de Kibai se crisparon y extendieron sobre la túnica de Betrug. Por su mente pasaron las imágenes de los niños hambrientos en Sakura, de Hoffen suplicándoles ayuda por su madre enferma, de Gnade llorando por su marido secuestrado, y de toda la gente de la isla que habría sin duda estado sufriendo por culpa del hombre que yacía ante el. El mink apretó su arma con más fuerza. Bastaría con que deslizase un poco la hoja hacia arriba al sacarla y rebanaría alguna de las arterias que partían del corazón, enviando a aquel bastardo directamente al infierno.

Sin embargo, cuando se dispuso a tirar, descubrió que su mano era incapaz. Al igual que hacía tanto tiempo en los Cabos Gemelos cuando descendió como una centella sobre Uosan Sakana, el mink comprendió que por mucho que su instinto exclamase a voces acabar con aquel ser infecto, había elegido un camino en su vida, y pensaba respetarlo. Echando mano de las bolas de resina que había recolectado en su camino desde Gyasta, el mink las ablandó levemente con el calor de su mano antes de extraer con cuidado a Raimei, taponando los orificios que dejaba la espada con la resina reblandecida a modo de tapón improvisado.

— Comandante!! Aún está vivo... No sé cuanto durará, pero si lo atienden rápido, podrá enfrentar a la Justicia tal y como debe ser.

Kibai limpió a Raimei con su capa antes de darse la vuelta para observar como destapaban los explosivos de la carreta.

— Malnacido de mierda... Más te vale sobrevivir a esto para no volver a ver el sol...

El mink envainó la espada mientras escuchaba las felicitaciones de Stroud. La manción a partir de la isla le hizo esbozar una leve sonrisa. Aquel tiempo en Drum no había estado mal, pero como decía el comandante, ya era hora de partir.

— Cuente con ello señor... — dijo señalando hacia el montón de Lapahn que seguían amontonados en el camino. — Me aseguraré de rastear el olor de su sangre para servirle una pata trasera del que le hirió, será poético, no le parece?

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
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RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3) - por Kibai - 11-06-2026, 04:47 PM

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