11-06-2026, 06:14 PM
En menos de lo que canta un gallo, tesoro, todo se volvió un completo desastre. Desde mi posición sobre la rama podía ver el caos extendiéndose por el campamento; las llamas comenzaban a devorar algunas de las estructuras improvisadas y los gritos se mezclaban con el rugido de los animales aterrados, hacía apenas unos minutos todo parecía estar bajo control y ahora aquello parecía una guerra. Entonces escuché la orden, era clara y fuerte Que mataran a cualquiera que no tuviera espinas en los hombros. Mis ojos se abrieron apenas al comprender lo que significaba. Ya no estaban buscando intrusos. Estaban ejecutando una limpieza completa. Sin pensarlo más, desenrollé mi cola de la rama y me lancé al vacío, descendiendo entre hojas y ramas hasta tocar tierra cerca del campamento.
El humo comenzaba a cubrir parte de la zona mientras observaba rápidamente la situación. Había hombres corriendo en todas direcciones, animales asustados y jaulas siendo movidas apresuradamente. Pero entre todos ellos hubo una persona que llamó mi atención de inmediato. Una mujer con cuernos y algo en ella hizo que todas mis alarmas se encendieran, no parecía asustada, no parecía confundida. Parecía saber exactamente lo que estaba haciendo. Mi mirada siguió sus movimientos hasta las jaulas donde mantenían encerrados a los oseznos y sentí cómo la sangre me hervía otra vez. —Ay, tesoro, ni se te ocurra. —murmuré entre dientes, yo podía tolerar muchas cosas, pero después de haber visto a esos pequeños encerrados, hambrientos y aterrados no iba a permitir que nadie se los llevara. Mis músculos se tensaron de inmediato mientras me preparaba para interceptarla, sin apartar los ojos de ella ni un solo segundo, si quería a esos oseznos, tendría que pasar primero por mí.
La situación no me dejó tiempo para pensar demasiado, tesoro. Apenas vi a aquella mujer acercarse a los oseznos, mi cuerpo reaccionó por sí solo. Enrollé mi enorme cola serpentina bajo mí, tensando cada músculo como un resorte comprimido al límite mientras mis escamas crujían por la presión acumulada y me lancé. Salí disparado hacia adelante con una velocidad brutal, atravesando el humo y los restos del campamento en llamas. El suelo quedó atrás en un instante mientras mi cuerpo se estiraba por completo durante el impulso, aprovechando toda la potencia de mi forma híbrida para cerrar la distancia antes de que pudiera reaccionar. —¡Tesoro, por PICIS deja a esos bebés en paz! —grité. Mi puño se cerró con fuerza mientras el resto de mi cuerpo seguía impulsándome hacia adelante. No buscaba una técnica elegante ni una maniobra complicada. Solo quería detenerla. Así que descargué un derechazo directo hacia su rostro, usando toda la inercia de mi lanzamiento para convertir aquel golpe en algo imposible de ignorar empujandola con mi golpe un metro de distancia.
Me deslicé rápidamente hasta quedar frente a las jaulas, interponiendo mi cuerpo entre los oseznos y aquella mujer. Mi enorme cola serpentina se enroscó detrás de mí mientras mantenía los hombros erguidos y la mirada fija al frente. Los pequeños osos seguían asustados, algunos acurrucados contra los barrotes, otros demasiado débiles para siquiera reaccionar al caos que los rodeaba y eso solo me hizo enfadar más, pero no era por mí sino por ellos porque no habían hecho nada para merecer aquello. —Ay, tesoro... ya han sufrido suficiente. —murmuré sin apartar los ojos de ella. No iba a moverme ni un centímetro. Si esos animales abandonaban sus prisiones sería para volver a la naturaleza, no para terminar en otro barco, otra jaula o en manos de otro desgraciado.
—Estás arrestada en nombre de la Marina por alteración a la naturaleza, contrabando y piratería. —declaré con firmeza. Mi voz no fue especialmente alta, pero sí clara, porque no soy alguien que disfrutara hacer daño, siempre prefería hablar, dar oportunidades, intentar que las personas eligieran el camino correcto, pero había límites, tesoro y cuando alguien se dedicaba a destruir vidas por dinero entonces la Marina tenía que actuar. —Así que, honey, te recomiendo rendirte antes de que esto se vuelva más desagradable para todos. —añadí mientras mi cascabel emitía un suave chaca-chaca detrás de mí.
El humo comenzaba a cubrir parte de la zona mientras observaba rápidamente la situación. Había hombres corriendo en todas direcciones, animales asustados y jaulas siendo movidas apresuradamente. Pero entre todos ellos hubo una persona que llamó mi atención de inmediato. Una mujer con cuernos y algo en ella hizo que todas mis alarmas se encendieran, no parecía asustada, no parecía confundida. Parecía saber exactamente lo que estaba haciendo. Mi mirada siguió sus movimientos hasta las jaulas donde mantenían encerrados a los oseznos y sentí cómo la sangre me hervía otra vez. —Ay, tesoro, ni se te ocurra. —murmuré entre dientes, yo podía tolerar muchas cosas, pero después de haber visto a esos pequeños encerrados, hambrientos y aterrados no iba a permitir que nadie se los llevara. Mis músculos se tensaron de inmediato mientras me preparaba para interceptarla, sin apartar los ojos de ella ni un solo segundo, si quería a esos oseznos, tendría que pasar primero por mí.
La situación no me dejó tiempo para pensar demasiado, tesoro. Apenas vi a aquella mujer acercarse a los oseznos, mi cuerpo reaccionó por sí solo. Enrollé mi enorme cola serpentina bajo mí, tensando cada músculo como un resorte comprimido al límite mientras mis escamas crujían por la presión acumulada y me lancé. Salí disparado hacia adelante con una velocidad brutal, atravesando el humo y los restos del campamento en llamas. El suelo quedó atrás en un instante mientras mi cuerpo se estiraba por completo durante el impulso, aprovechando toda la potencia de mi forma híbrida para cerrar la distancia antes de que pudiera reaccionar. —¡Tesoro, por PICIS deja a esos bebés en paz! —grité. Mi puño se cerró con fuerza mientras el resto de mi cuerpo seguía impulsándome hacia adelante. No buscaba una técnica elegante ni una maniobra complicada. Solo quería detenerla. Así que descargué un derechazo directo hacia su rostro, usando toda la inercia de mi lanzamiento para convertir aquel golpe en algo imposible de ignorar empujandola con mi golpe un metro de distancia.
Me deslicé rápidamente hasta quedar frente a las jaulas, interponiendo mi cuerpo entre los oseznos y aquella mujer. Mi enorme cola serpentina se enroscó detrás de mí mientras mantenía los hombros erguidos y la mirada fija al frente. Los pequeños osos seguían asustados, algunos acurrucados contra los barrotes, otros demasiado débiles para siquiera reaccionar al caos que los rodeaba y eso solo me hizo enfadar más, pero no era por mí sino por ellos porque no habían hecho nada para merecer aquello. —Ay, tesoro... ya han sufrido suficiente. —murmuré sin apartar los ojos de ella. No iba a moverme ni un centímetro. Si esos animales abandonaban sus prisiones sería para volver a la naturaleza, no para terminar en otro barco, otra jaula o en manos de otro desgraciado.
—Estás arrestada en nombre de la Marina por alteración a la naturaleza, contrabando y piratería. —declaré con firmeza. Mi voz no fue especialmente alta, pero sí clara, porque no soy alguien que disfrutara hacer daño, siempre prefería hablar, dar oportunidades, intentar que las personas eligieran el camino correcto, pero había límites, tesoro y cuando alguien se dedicaba a destruir vidas por dinero entonces la Marina tenía que actuar. —Así que, honey, te recomiendo rendirte antes de que esto se vuelva más desagradable para todos. —añadí mientras mi cascabel emitía un suave chaca-chaca detrás de mí.
Mi off
![[Imagen: xFGuWOj.jpeg]](https://i.imgur.com/xFGuWOj.jpeg)
