[Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3)
#27
El joven arquero sigue de pie en aquel camino antaño de un blanco puro por la nieve que se acumula por días y días nevando alejada del frecuente paso de carretas y personas, ahora se baña en una variada mezcla de colores, yendo desde rojo por la sangre brotando aún de los marines heridos y cansados hasta un rojo con una tonalidad más terrosa, similar al óxido debido a la coagulación y congelación de la sangre. El sujeto al que enfrentaron los marines tras los salvajes y violentos conejos, sin duda fuerte y capaz de vencer a uno de ellos con facilidad, termina por caer ante el espléndido trabajo en equipo de los marines, quienes unieron fuerzas y encadenaron golpes para mermar a su enemigo mientras se defendían unos a otros, favoreciendo el final que se dio. En su último intento de tumbar a Stroud Betrug vio su golpe ser completamente evitado y recibió con fuerza el impacto del puño del rubio, seguido rápidamente de los espasmos y las contracciones musculares causadas por las flechas del arquero cargadas e electricidad al centro nervioso de su espalda. Finalmente, es el espadachín moteado quien con un movimiento algo exagerado, termina por rematar al sujeto que cae de rodillas al suelo entre los tres marines.

En el momento que su dueño cae los osos se liberan de las cadenas con un fuerte y brusco movimiento y, tras un tiempo observando el lugar esperando una orden que no llega, actúan como animales salvajes que realmente son y se marchan bosque adentro ignorando a los marines que finalmente pueden tomar un respiro. Los ojos carmesíes del arquero observan el lugar, desde la montaña de cuerpos de Lapahn tendidos a lo largo del camino, pasando por la carreta hasta posar finalmente en el cuerpo del hombre, quien yace en el suelo completamente inmóvil. El lugar se llena de un silencio repentino tras el final de la trifulca, un silencio referente a que no se escuchan más gritos ni golpes, solo el viento pasando por los árboles mientras agitan las hojas y la respiración pesada de los marines, que se resienten del dolor que aún tienen encima por el terrible enfrentamiento, tanto contra los conejos como contra el alborotador. Finalmente un sonido metálico rompe el silencio, el inconfundible sonido de un mecanismo de poleas y engranajes metálicos anunciando que el teleférico ha sido activado por lo que o bien los amigos de Betrug vienen a ayudarle o rematar a los marines, o los soldados finalmente lograron contenerlos y liberar a los médicos.

Por precaución el joven arquero se aleja ligeramente del teleférico acercándose al cuerpo inmóvil del enemigo, algo que eventualmente haría para comprobar el estado de las flechas y ver si hay alguna recuperable. De la nada el característico sonido de pasos coordinados y cubiertos de metal llenan el ambiente y se acercan, por el número parece ser como una pequeña brigada, por lo que si son enemigos los marines están en clara desventaja. Bertram aprieta con fuerza su arco, esperando y deseando que no sea más problemas, por lo que al ver al grupo de soldados con el emblema de la casa real finalmente relaja su agarre del arco y adopta una postura más relajada, sin dejar de lado la formalidad y el respeto por una organización militar como la suya. Al parecer habían estado buscando a este sujeto y sus  secuaces por días y finalmente lograron acabar con los secuaces y liberar a los médicos, y venían seguramente a encargarse de Betrug para encontrarse con que los marines ya lo hicieron.

El pelirrojo escucha atentamente lo que dicen todos, siendo que al escuchar la mención de explosivos por un segundo siente el impulso de clavar el arco directamente en el cráneo del enemigo derrotado, pero sus propios principios e ideales le impiden atacar a un enemigo vencido y matar si no es necesario. En el momento que Kibai trata de recuperar su espada descubre que sigue vivo, apenas se mantiene en este mundo, pero no está muerto, por lo que tapona improvisadamente las heridas para que pueda afrontar la justicia por sus actos. Bertram solo puede pensar en lo que habrá sufrido la gente de la isla y lo que seguirían sufriendo por sus malditos métodos, pero tras escucharlo todo mira a los soldados y con una postura recta pero calmada dice

-No hicimos más que cumplir con nuestro deber, sir. Personalmente, cualquier persona que crea correcto poner inocentes en riesgo para lograr sus objetivos no es digno de tener consideración.-

Tras eso el joven arquero hace lo que siempre hace tras cada enfrentamiento, repasa el cuerpo y arranca las flechas de su cuerpo buscando comprobar si alguna de ellas sigue siendo reutilizable, mientras las retira una a una, observando que todas están medio rotas o con el cuerpo demasiado débil para ser disparadas, escucha las palabras de Stroud y con una sonrisa dice

-Estoy de acuerdo comandante, es hora de seguir avanzando, seguramente los soldados sabrán qué hacer con él, pero como dice es buena idea que hagan algo con los explosivos para evitar más maleantes con malas ideas sir.-

Tras eso se levanta y guarda su arco cómodamente en su lugar, mientras echa un vistazo al bosque y las enormes montañas a su lado.


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RE: [Av T5 - Pr Abs] Una corriente helada (Continuación, parte 3) - por Bertram Gaufrid - 11-06-2026, 06:37 PM

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