11-06-2026, 11:50 PM
El sheriff me había prometido que estaría pendiente a las comunicaciones por lo que pudiese suceder y así fue, no tardó en responderme. Tan sólo me quedaba confiar en él y esperar a que viniese con los hermanos del establo por si la situación se convertía en una excursión submarina. — ¡Idiotas! ¿qué hacéis bebiéndoos ese agua que a saber de dónde habrá salido? — reñí a los caballos desde la altura negando con la cabeza como si fuesen tontos, después de ver cómo tosían al intentar beber. — y lo qué es peor... cómo se supone que tengo que sacaros de aquí. — pensaba para mí mismo, descartando la idea de tener que llevarlos y subirlos uno a uno a pura fuerza por la escalera por dónde bajamos. — O mejor dicho, ¿por dónde os habrán metido para encerraros aquí?
Esperar no me servía de nada, así que llevé mi vuelo de vuelta por el pasillo por el que entré en un principio. A medida que me acercaba al taller clandestino, podía notar cómo el suelo estaba cada vez más mojado, pues el agua seguía filtrándose. El tiempo corría. Rápidamente llegué al taller que servía como punto de referencia central, dándome cuenta de que al contrario que en la sala donde tenían a los caballos, allí la cosa se estaba empezando a complicar. Al no tener noticias de nadie todavía, decidí actuar por mi cuenta antes de que la guarida se transformase en una piscina. Pude evitar mojarme los pies gracias a mi vuelo, el cual dirigí hacia una de las aperturas por las que el agua se estaba filtrando. Extendí mi mano derecha y de ella comencé a emitir un chorro de arena para intentar taponarlo. Lastimosamente mis poderes actuaban como un niño que construye un castillo de arena en la orilla de la playa: en cuanto la marea sube y el mar lo alcanza, todo se va a pique. — Esto es problemático. — me dije con serenidad para mí mismo. Tras ello negué con la cabeza aclarando mi voz. — ... Dentro del pecho, hay algo que hace bom bom, bom bom bom bom, si se te para ya puedes decir adiós ♫ — Bajo mi cántico tranquilo, comencé a sobrevolar los puestos de trabajo para registrar el taller en búsqueda de algo que me pudiese servir de más utilidad que la arena. Por el momento el agua no era un problema para mí así que estaba tranquilo. Sin embargo en cuanto mi vuelo pudiese ser comprometido, tendría que pensar en salir de allí.
Esperar no me servía de nada, así que llevé mi vuelo de vuelta por el pasillo por el que entré en un principio. A medida que me acercaba al taller clandestino, podía notar cómo el suelo estaba cada vez más mojado, pues el agua seguía filtrándose. El tiempo corría. Rápidamente llegué al taller que servía como punto de referencia central, dándome cuenta de que al contrario que en la sala donde tenían a los caballos, allí la cosa se estaba empezando a complicar. Al no tener noticias de nadie todavía, decidí actuar por mi cuenta antes de que la guarida se transformase en una piscina. Pude evitar mojarme los pies gracias a mi vuelo, el cual dirigí hacia una de las aperturas por las que el agua se estaba filtrando. Extendí mi mano derecha y de ella comencé a emitir un chorro de arena para intentar taponarlo. Lastimosamente mis poderes actuaban como un niño que construye un castillo de arena en la orilla de la playa: en cuanto la marea sube y el mar lo alcanza, todo se va a pique. — Esto es problemático. — me dije con serenidad para mí mismo. Tras ello negué con la cabeza aclarando mi voz. — ... Dentro del pecho, hay algo que hace bom bom, bom bom bom bom, si se te para ya puedes decir adiós ♫ — Bajo mi cántico tranquilo, comencé a sobrevolar los puestos de trabajo para registrar el taller en búsqueda de algo que me pudiese servir de más utilidad que la arena. Por el momento el agua no era un problema para mí así que estaba tranquilo. Sin embargo en cuanto mi vuelo pudiese ser comprometido, tendría que pensar en salir de allí.
Resumen
Bélico
Gastos
Karmas aplicados
