—¡¿Q-QUÉ?! ¿En serio? ¿P-P-P-Piratas así de p-p-p-peligrosos?
El hombre no lo podía creer. No podía concebir que existieran personas así que fueran capaces de hacer tanto daño. Y todos en su hermosa y pacífica isla. Sonaban, claramente, como personas que eran bastante problemáticas y que podían llegar a causar mucho daño si ellos seguían saliendo así sin más. Lo que Ryota proponía ahora de ser también quien cuidara del dinero sonaba, entonces, lógico. ¿Quién en su sano juicio iba a atacar a un pirata famoso y que también podía ser bastante fuerte? El hombre gordo se lo pensó entonces luego de haber escuchado al joven moreno.
También estaba la situación en que estaría confiando su dinero con piratas. Y ese dinero era lo que iba a ser necesario apra comprar algunos refrigerios para la gente en algunas tiendas que le apoyaban con los paseos. Y bueno, también el dinero que necesitaba para mantenerse a sí mismo como guía y organizador.
Mientras él dudaba, se acercaban unas mujeres. Una era una rubia, alta y de ojos verdes. La otra era pelirroja, con pecas y de cabello rizado. Ambas estaban vestidas a juego y llevaban ropas de invierno. Tenían abrigos de color beige, muy caros. Botas, guantes y sombreros de color negro, y una bufanda de color azul.
—Ahm, Gaston. ¿Todo bien? ¿Porqué no has empezado a hablar con el grupo aún? ¿Estás seguro de que veremos a Pibbles?
—Si, Gaston. Dinos. ¿Veremos a Pibbles? Lo prometiste ayer.
El hombre, tímido, se encogió sobre sí mismo al escuchar a las dos chicas y apretó su libreta con ambas manos mientras miraba al suelo. Se notaba que no era precisamente el más hábil hablando con mujeres que pudieran considerarse atractivas. Sonrió de forma tonta y luego se rascó la cabeza mientras seguía mirando al suelo.
—S-Si...claro q-que si. El Gran Pibbles estará por la ruta. Precisamente por eso estoy hablando con este c-c-caballero... se llama Ryota y...-
Fue interrumpido casi que de inmediato. Y antes de que nuestro protagonista pudiera cerrar su trato con Gaston sobre el dinero del paseo, las dos mujeres avanzaron y dejaron a Gaston detrás de ellas. Las dos se acercaron al pirata y lo miraron de arriba a abajo. Ryota podría ver que estas dos no eran tan crédulas como el gordinflón, y no precisamente de la buena manera. Incluso podía verse que era del tipo de mujeres que parecía saber cómo obtener lo que buscaban.
—Pero si es uno de los novatos... —Se rio la rubia—. Tu cara aparece en el periódico. Aunque... no te hace nada de justicia. ¿Verdad, Roxane?
—Uhm, no lo se, Morgane —Respondió la pelirroja—. Creo que se ve más flacucho de lo que esperaba. ¿Cómo se supone que nos ayudarás a encontrar al Gran Pibbles, hm? No parece que seas muy buen amigo de Gaston. Y sabemos cómo se las gastan los de tu tipo...
Definitivamente no estaban siendo amables. Y era más probable que fueran depredadores al igual que Ryota, queriendo sacar ventaja del crédulo y tímido guía. Luego de haber interrumpido la conversación de esa manera, se alejaron nuevamente para quedarse justo con Gaston, el gordo, y se acomodaron una a cada lado del hombre. Las harpías sonreían de manera falsa y mientras una le hablaba al oído a Gaston, la otra miraría a Ryota de manera desafiante. Si cierta Amazona estuviera allí, habría problemas.
—Nosotras somos graaaaandes amigas de Gaston. Y nos preocupamos por su bienestar. Incluso nos ha invitado gratis al paseo, ¿Sabes? Porque. Somos. Sus. Amigas. Tu puedes hacer los tratos que quieras con él, pero te vamos a estar vigilando. Muy... de cerca... —Dijo la rubia Morgane finalizando con un guiño de su ojo, haciendo el mensaje aún más confuso.
Y sintiéndose algo envalentonado con lo que la pelirroja le dijo, Gaston miró a Ryota.
—Te daré parte del dinero. Pero al final del viaje. No antes. ¿Tenemos trato, pirata?
El hombre no lo podía creer. No podía concebir que existieran personas así que fueran capaces de hacer tanto daño. Y todos en su hermosa y pacífica isla. Sonaban, claramente, como personas que eran bastante problemáticas y que podían llegar a causar mucho daño si ellos seguían saliendo así sin más. Lo que Ryota proponía ahora de ser también quien cuidara del dinero sonaba, entonces, lógico. ¿Quién en su sano juicio iba a atacar a un pirata famoso y que también podía ser bastante fuerte? El hombre gordo se lo pensó entonces luego de haber escuchado al joven moreno.
También estaba la situación en que estaría confiando su dinero con piratas. Y ese dinero era lo que iba a ser necesario apra comprar algunos refrigerios para la gente en algunas tiendas que le apoyaban con los paseos. Y bueno, también el dinero que necesitaba para mantenerse a sí mismo como guía y organizador.
Mientras él dudaba, se acercaban unas mujeres. Una era una rubia, alta y de ojos verdes. La otra era pelirroja, con pecas y de cabello rizado. Ambas estaban vestidas a juego y llevaban ropas de invierno. Tenían abrigos de color beige, muy caros. Botas, guantes y sombreros de color negro, y una bufanda de color azul.
—Ahm, Gaston. ¿Todo bien? ¿Porqué no has empezado a hablar con el grupo aún? ¿Estás seguro de que veremos a Pibbles?
—Si, Gaston. Dinos. ¿Veremos a Pibbles? Lo prometiste ayer.
El hombre, tímido, se encogió sobre sí mismo al escuchar a las dos chicas y apretó su libreta con ambas manos mientras miraba al suelo. Se notaba que no era precisamente el más hábil hablando con mujeres que pudieran considerarse atractivas. Sonrió de forma tonta y luego se rascó la cabeza mientras seguía mirando al suelo.
—S-Si...claro q-que si. El Gran Pibbles estará por la ruta. Precisamente por eso estoy hablando con este c-c-caballero... se llama Ryota y...-
Fue interrumpido casi que de inmediato. Y antes de que nuestro protagonista pudiera cerrar su trato con Gaston sobre el dinero del paseo, las dos mujeres avanzaron y dejaron a Gaston detrás de ellas. Las dos se acercaron al pirata y lo miraron de arriba a abajo. Ryota podría ver que estas dos no eran tan crédulas como el gordinflón, y no precisamente de la buena manera. Incluso podía verse que era del tipo de mujeres que parecía saber cómo obtener lo que buscaban.
—Pero si es uno de los novatos... —Se rio la rubia—. Tu cara aparece en el periódico. Aunque... no te hace nada de justicia. ¿Verdad, Roxane?
—Uhm, no lo se, Morgane —Respondió la pelirroja—. Creo que se ve más flacucho de lo que esperaba. ¿Cómo se supone que nos ayudarás a encontrar al Gran Pibbles, hm? No parece que seas muy buen amigo de Gaston. Y sabemos cómo se las gastan los de tu tipo...
Definitivamente no estaban siendo amables. Y era más probable que fueran depredadores al igual que Ryota, queriendo sacar ventaja del crédulo y tímido guía. Luego de haber interrumpido la conversación de esa manera, se alejaron nuevamente para quedarse justo con Gaston, el gordo, y se acomodaron una a cada lado del hombre. Las harpías sonreían de manera falsa y mientras una le hablaba al oído a Gaston, la otra miraría a Ryota de manera desafiante. Si cierta Amazona estuviera allí, habría problemas.
—Nosotras somos graaaaandes amigas de Gaston. Y nos preocupamos por su bienestar. Incluso nos ha invitado gratis al paseo, ¿Sabes? Porque. Somos. Sus. Amigas. Tu puedes hacer los tratos que quieras con él, pero te vamos a estar vigilando. Muy... de cerca... —Dijo la rubia Morgane finalizando con un guiño de su ojo, haciendo el mensaje aún más confuso.
Y sintiéndose algo envalentonado con lo que la pelirroja le dijo, Gaston miró a Ryota.
—Te daré parte del dinero. Pero al final del viaje. No antes. ¿Tenemos trato, pirata?
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