12-06-2026, 10:21 PM
Jin fue incapaz de evitar una media sonrisa divertida. Aparentemente, lo de “gatito” se iba a quedar por una muy buena y larga temporada que no iba a olvidar en absoluto. Observó de reojo al pelirrosa, sin eliminar dicha sonrisa ni apartarse, ahora estaba divertido. —Le garantizo que ese felino es de lo más entretenido, y bastante sumiso cuando quiere. Si quiere divertirse, él estará más que encantado. — Eso, por supuesto, si no repetían la compañía que habían tenido la primera noche. Por el momento solo dejó eso en el aire, mientras observaba de reojo al que ahora era apodado como Chilli. No podía negar que ese apodo le quedaba como un guante a alguien como él. —No se preocupe, viendo que Takano parece caerle bien, será fácil que vaya a recogerle. Trate de anotar su nombre para que no se le olvide, y también el que le vayan a recoger. — Señaló donde recordaba que la última vez encontró que había guardado el bloc de notas, ahora cruzándose de brazos, volviendo a la seriedad inicial. —Y si es necesario repetiré mi nombre las veces que sean necesarias. Solo si me demuestra que lo de hoy merece la pena. Quiero el mejor trabajo que le sea posible. He ordenado al que será su ayudante que traiga el producto más fresco y sano posible, y es bastante bueno en su trabajo.
Negó con la cabeza ante su pregunta. —No, no le veo nervioso, pero tampoco he visto nerviosos a otros, y han terminado siendo estúpidos con un ego inflado sin ningún cuidado, y solo queriendo productos algo más... Bueno, “fríos”, si usted me entiende. — Se cruzó de brazos, observándolo al escuchar el nombre de Rafael. Sus ojos fueron directamente hacia él, moviendo su cabeza de lado a lado. —Empezó muy joven en otra isla. No se le tenía fe, pero cumplió su primer trabajo al pie de la letra, y no solo eso, también está que desde entonces ha cumplido con éxito casi todos los trabajos, así que no se preocupe sobre la “delicadeza”, comprobará usted mismo que eso es precisamente de lo que más carece en cuanto lo vea.
Una vez Takano abandonó finalmente la estancia y escuchó las palabras del pelirrosa, lo observó, comprendiendo el significado de esas palabras. Sonrió de medio lado, tan divertido como probablemente lo sería él.
No dejó de observarlo con esa sonrisa traviesa mientras pronunciaba las palabras, divertido, entretenido por el momento. —No se equivoca. — Finalmente regresó a la seriedad del asunto, del mismo modo que lo hizo el pelirrosa, poniéndose en pie para acercarse a él. —Es mejor tener perros fieles y entrenados a perros inútiles que puedan tener un error y descubrir lo que vamos a hacer hoy, ¿no cree? — Cada vez que ese hombre hablaba mostrando sus colores y tratar de ocultarlos de nuevo era, cuanto menos, de lo más entretenido. No apartaba la fría mirada de él, con los ojos atentos con sus travesuras. Conocía a los de su tipo y realmente esperaba que fuera realmente de los mejores que hubiera llegado a encontrar. —Puedo ser el dueño y señor, o puede satisfacerme con su trabajo y que pueda usar un poco de mis perritos. ¿Qué me dice?
Dejó eso en el aire, ya que era momento de mostrarle el lugar de trabajo, esperando a ver qué le parecería. La satisfacción de sus palabras fue suficiente para apreciar que el lugar que había preparado con esmero mereció la pena. Sus ojos descendieron a los bolsillos de la bata. —Tiene guantes también a su disposición, además de todo el material que le haga falta. Y lo que necesite, no dude en pedirlo, lo tendrá en la mayor brevedad posible. — Notó el temblor en su voz, posiblemente en su cuerpo, algo que, cuanto menos, le resultó extraño ante un cirujano. —También tiene batas de varios tamaños y más gruesos que el que lleva. No sabía que vendría uniformado, así que le preparé también eso, en caso de que quiera desifectartse, hay una zona de desinfección también. Cuando llegue Rafael será lo primero que haga también.
No le sorprendió la pregunta en absoluto, solo lo miró con calma. —No tenga prisa. Le garantizo que la persona que va a operar será de lo más fresco y joven que encontrará. Di instrucciones claras de evitar el mayor daño posible. No pensé en que necesitara más personas para operar, pero si las requiere, solo necesito una sola llamada y tendrá el número que necesito, aunque confío en su criterio, y en que sabrá hacerlo bien. Rafael, además, es bueno también en ayudar a gente como usted. Puede usar todo el material de aquí como si fuera suyo, está preparado expresamente para usted. — Lo miró con calma, incluso ante la cercanía del contrario. Rara vez encontraba a gente que le llegara a la misma altura, así que silenciosamente era agradable no tener que agachar o ascender su cabeza. No le sorprendió tampoco la petición.
—No se preocupe, señor Hyákinthos, soy un hombre profesional. A diferencia de usted, no sé tanto de medicina, solo los primeros auxilios, así que no me entrometeré en su trabajo hasta que termine y vea sus capacidades. Quiero decir, ¿qué gracia tiene, si no, ponerlo a prueba si incluso no controla una crisis? Todo es evaluable en el día de hoy. Le diré a Rafael que siga sus órdenes al pie de la letra cuando llegue. Si necesito fumar, saldré fuera. — Pero no, aparentemente las prisas eran mayores, porque estaba siendo arrastrado hasta las duchas de desinfección. Suspiró, dejándose hacer. Esperaba que realmente mereciera la pena. —No se preocupe, ya voy. — No le quedaría otra más que obedecer por el momento. —No habrá mucho tiempo para divertirnos, se lo garantizo. — Eso sí fue una pequeña broma.
Ya pasados unos minutos, Jin ya había terminado, le vino bien después de la acción y el sudor con el que había entrado, escuchando ahora tres golpes en la puerta. —Ah, allí estará Rafael. Ten todo lo que necesites, voy a abrirles y luego, cuando termines, ven. — Caminó sin esperar respuesta a la entrada, abriendo la puerta él mismo. Vio entonces al individuo, de largo cabello, suelto, observando calmadamente a Jin. —Ya era hora. Te tomaste tu tiempo.
—Tenía que sedarlo y no pasarme, encima fue difícil hacer que no nos vieran, tenía que dar un rodeo. Si quieres a este muchacho en el mejor estado posible no me quedaba otra. Al menos no fue necesario golpearlo, así que no tendrá contusiones. — Sus labios lo acompañaban con un puro, a la vez que aparecía con una camilla donde había un joven de no más de 20 años, inconsciente, amordazado y, obviamente, atado.
Jin observó al joven, pobre víctima que terminaría sufriendo las consecuencias de un descuido, un joven que claramente estaba sano, no era conocido más que por su fama, una muy posible desaparición de tantas que nadie sabría que ocurriría. —Bien, deja que cargue con la camilla. Y quítate ese puro de la cara, no fumes dentro. El médico ya está aquí.
—Vamos Jin, solo es un poco de tabaco, no es como si tú no fumaras. — Jin tomaba la camilla, ahora sí, adelantando al “paciente” que iba a más bien ser la “víctima” de esa operación.
—El producto tiene que estar sano y el lugar sanitizado, deberías saberlo mejor que nadie, Rafael. — El rubio de ojos verdes solo elevó la mano y la sacudió de forma despreocupada.
—No seas así Jin, todo irá bien, ya verás. — Jin finalmente acercó la camilla hasta al lado de la segunda que ya estaba preparada, esperando a que Hyákinthos terminara de salir. Si lo veía, apreciaría a un joven rubio, de cabello rubio, no demasiado largo, ligeramente recogido, con suaves ojos verdes. Lo acompalaba un traje marrón, a medida, con una camisa blanca y una corbata roja. Se veía casi o tan relevante como el propio Jin, con una sonrisa agradable a la vista, pero con aire controlador.
Negó con la cabeza ante su pregunta. —No, no le veo nervioso, pero tampoco he visto nerviosos a otros, y han terminado siendo estúpidos con un ego inflado sin ningún cuidado, y solo queriendo productos algo más... Bueno, “fríos”, si usted me entiende. — Se cruzó de brazos, observándolo al escuchar el nombre de Rafael. Sus ojos fueron directamente hacia él, moviendo su cabeza de lado a lado. —Empezó muy joven en otra isla. No se le tenía fe, pero cumplió su primer trabajo al pie de la letra, y no solo eso, también está que desde entonces ha cumplido con éxito casi todos los trabajos, así que no se preocupe sobre la “delicadeza”, comprobará usted mismo que eso es precisamente de lo que más carece en cuanto lo vea.
Una vez Takano abandonó finalmente la estancia y escuchó las palabras del pelirrosa, lo observó, comprendiendo el significado de esas palabras. Sonrió de medio lado, tan divertido como probablemente lo sería él.

—Tan interesante como divertido de... “Corromper”, ¿no es así?
No dejó de observarlo con esa sonrisa traviesa mientras pronunciaba las palabras, divertido, entretenido por el momento. —No se equivoca. — Finalmente regresó a la seriedad del asunto, del mismo modo que lo hizo el pelirrosa, poniéndose en pie para acercarse a él. —Es mejor tener perros fieles y entrenados a perros inútiles que puedan tener un error y descubrir lo que vamos a hacer hoy, ¿no cree? — Cada vez que ese hombre hablaba mostrando sus colores y tratar de ocultarlos de nuevo era, cuanto menos, de lo más entretenido. No apartaba la fría mirada de él, con los ojos atentos con sus travesuras. Conocía a los de su tipo y realmente esperaba que fuera realmente de los mejores que hubiera llegado a encontrar. —Puedo ser el dueño y señor, o puede satisfacerme con su trabajo y que pueda usar un poco de mis perritos. ¿Qué me dice?
Dejó eso en el aire, ya que era momento de mostrarle el lugar de trabajo, esperando a ver qué le parecería. La satisfacción de sus palabras fue suficiente para apreciar que el lugar que había preparado con esmero mereció la pena. Sus ojos descendieron a los bolsillos de la bata. —Tiene guantes también a su disposición, además de todo el material que le haga falta. Y lo que necesite, no dude en pedirlo, lo tendrá en la mayor brevedad posible. — Notó el temblor en su voz, posiblemente en su cuerpo, algo que, cuanto menos, le resultó extraño ante un cirujano. —También tiene batas de varios tamaños y más gruesos que el que lleva. No sabía que vendría uniformado, así que le preparé también eso, en caso de que quiera desifectartse, hay una zona de desinfección también. Cuando llegue Rafael será lo primero que haga también.
No le sorprendió la pregunta en absoluto, solo lo miró con calma. —No tenga prisa. Le garantizo que la persona que va a operar será de lo más fresco y joven que encontrará. Di instrucciones claras de evitar el mayor daño posible. No pensé en que necesitara más personas para operar, pero si las requiere, solo necesito una sola llamada y tendrá el número que necesito, aunque confío en su criterio, y en que sabrá hacerlo bien. Rafael, además, es bueno también en ayudar a gente como usted. Puede usar todo el material de aquí como si fuera suyo, está preparado expresamente para usted. — Lo miró con calma, incluso ante la cercanía del contrario. Rara vez encontraba a gente que le llegara a la misma altura, así que silenciosamente era agradable no tener que agachar o ascender su cabeza. No le sorprendió tampoco la petición.
—No se preocupe, señor Hyákinthos, soy un hombre profesional. A diferencia de usted, no sé tanto de medicina, solo los primeros auxilios, así que no me entrometeré en su trabajo hasta que termine y vea sus capacidades. Quiero decir, ¿qué gracia tiene, si no, ponerlo a prueba si incluso no controla una crisis? Todo es evaluable en el día de hoy. Le diré a Rafael que siga sus órdenes al pie de la letra cuando llegue. Si necesito fumar, saldré fuera. — Pero no, aparentemente las prisas eran mayores, porque estaba siendo arrastrado hasta las duchas de desinfección. Suspiró, dejándose hacer. Esperaba que realmente mereciera la pena. —No se preocupe, ya voy. — No le quedaría otra más que obedecer por el momento. —No habrá mucho tiempo para divertirnos, se lo garantizo. — Eso sí fue una pequeña broma.
[...]
Ya pasados unos minutos, Jin ya había terminado, le vino bien después de la acción y el sudor con el que había entrado, escuchando ahora tres golpes en la puerta. —Ah, allí estará Rafael. Ten todo lo que necesites, voy a abrirles y luego, cuando termines, ven. — Caminó sin esperar respuesta a la entrada, abriendo la puerta él mismo. Vio entonces al individuo, de largo cabello, suelto, observando calmadamente a Jin. —Ya era hora. Te tomaste tu tiempo.
—Tenía que sedarlo y no pasarme, encima fue difícil hacer que no nos vieran, tenía que dar un rodeo. Si quieres a este muchacho en el mejor estado posible no me quedaba otra. Al menos no fue necesario golpearlo, así que no tendrá contusiones. — Sus labios lo acompañaban con un puro, a la vez que aparecía con una camilla donde había un joven de no más de 20 años, inconsciente, amordazado y, obviamente, atado.

—Creo que despertará en un par de minutos.
Jin observó al joven, pobre víctima que terminaría sufriendo las consecuencias de un descuido, un joven que claramente estaba sano, no era conocido más que por su fama, una muy posible desaparición de tantas que nadie sabría que ocurriría. —Bien, deja que cargue con la camilla. Y quítate ese puro de la cara, no fumes dentro. El médico ya está aquí.
—Vamos Jin, solo es un poco de tabaco, no es como si tú no fumaras. — Jin tomaba la camilla, ahora sí, adelantando al “paciente” que iba a más bien ser la “víctima” de esa operación.
—El producto tiene que estar sano y el lugar sanitizado, deberías saberlo mejor que nadie, Rafael. — El rubio de ojos verdes solo elevó la mano y la sacudió de forma despreocupada.
—No seas así Jin, todo irá bien, ya verás. — Jin finalmente acercó la camilla hasta al lado de la segunda que ya estaba preparada, esperando a que Hyákinthos terminara de salir. Si lo veía, apreciaría a un joven rubio, de cabello rubio, no demasiado largo, ligeramente recogido, con suaves ojos verdes. Lo acompalaba un traje marrón, a medida, con una camisa blanca y una corbata roja. Se veía casi o tan relevante como el propio Jin, con una sonrisa agradable a la vista, pero con aire controlador.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
