El golpe había impactado, sus cálculos habían fallado pero el hombre no se apartó, el joven atónito, observó que no le había hecho Ni un solo rasguño a su oponente de entrenamiento. Aquello era increíble, nunca había golpeado a alguien con todas sus fuerzas y se la había pelado tanto.
El joven miró al mariscal y escuchó todo lo que dijo, entendiendo perfectamente lo que este le decía y asintiendo. Al parecer, estaba obligado a hablar. Por ello dio un par de pasos hacia atrás retomando 2m de distancia. No sin antes, darle un breve toque con su dedo índice derecho en la zona más próxima de su cuerpo, esto para notar el tacto de su piel pues, sería tan dura como el acero? O por que no le hacía nada? Un poco más y se rompía su arma.
El niño se alejó y miró a su superior, el joven escuchó todas sus palabras y suspiro pues sabía lo que se venía.
El niño quería contestarle sin insultarle pero, su síndrome de tourrete siempre estaba activo para hacer las cosas más incómodas. El niño agitó si brazo derecho como si fuera un pollo intentando despegar, sacudió su cabeza involuntariamente y tras una crujidita de cuello tontorrona movió su cabeza de un lado a otro y acabó iniciando su respuesta con un insulto.
~~ajá. Pu-puto peluche. ¡MPH!
Tras decir aquellas palabras el infante usó su mano derecha para taparse la boca con un notorio sonrojo en aquella pálida piel dejando salir un pequeño ruido que denotaba que había sido en contra de su voluntad.
Tras aquello él niño suspiró y dijo.
~~Di-disculpa… no quería insultarlo señor mariscal, ajá. Si, se hablar. No, no tengo ninguna técnica desarrollada aún…estoy planteándome alguna.
El niño se acordó de su poder de su fruta y dijo
-Ajá! Ah si, tengo un poder súper chuli.
El niño, tras esto, guardó su mangual y hizo la metamorfosis de su fruta para acceder a su forma híbrida de spinosaurio. Pasando a medir tres metros de alto, esto le llevaría un buen rato, de hecho seguramente para el mariscal era lentiiiisimo. El infante, tras acabar de transformarse, como seguramente no sería para nada interrumpido, aprovecharía para decir lo siguiente.
~~También puedo hacer esto! Ajá!
El joven niño dinosaurio se llevó la mano a su larga y potente cola (de dinosaurio) y la arrancó empleando su fuerza, ante esto no mostró ni una sola señal de dolor, independientemente de si lo sentía o no, aun que la imagen podía ser algo grotesca.
El niño sacó su cola pasando esta a ser una especie de espada/abanico de 6 metros de diámetro la cual empuñaría para alzarla en frente de su superior con una notoria expresión de curiosidad.
~~Pero esto aprendí a hacerlo ayer… por eso no sé usarlo todavía jeje, ¡ajá!
El niño frunciría el ceño pues no sabía si el mariscal lo iba a juzgar por sus tics nerviosos, esa sería una situación donde pensaría “a veces me gustaría ser un niño normal para no quedar así” pero, no era conciente de que al igual que tuvo mala suerte por un lado tenía muy buena por otra.
El joven miró al mariscal y escuchó todo lo que dijo, entendiendo perfectamente lo que este le decía y asintiendo. Al parecer, estaba obligado a hablar. Por ello dio un par de pasos hacia atrás retomando 2m de distancia. No sin antes, darle un breve toque con su dedo índice derecho en la zona más próxima de su cuerpo, esto para notar el tacto de su piel pues, sería tan dura como el acero? O por que no le hacía nada? Un poco más y se rompía su arma.
El niño se alejó y miró a su superior, el joven escuchó todas sus palabras y suspiro pues sabía lo que se venía.
El niño quería contestarle sin insultarle pero, su síndrome de tourrete siempre estaba activo para hacer las cosas más incómodas. El niño agitó si brazo derecho como si fuera un pollo intentando despegar, sacudió su cabeza involuntariamente y tras una crujidita de cuello tontorrona movió su cabeza de un lado a otro y acabó iniciando su respuesta con un insulto.
~~ajá. Pu-puto peluche. ¡MPH!
Tras decir aquellas palabras el infante usó su mano derecha para taparse la boca con un notorio sonrojo en aquella pálida piel dejando salir un pequeño ruido que denotaba que había sido en contra de su voluntad.
Tras aquello él niño suspiró y dijo.
~~Di-disculpa… no quería insultarlo señor mariscal, ajá. Si, se hablar. No, no tengo ninguna técnica desarrollada aún…estoy planteándome alguna.
El niño se acordó de su poder de su fruta y dijo
-Ajá! Ah si, tengo un poder súper chuli.
El niño, tras esto, guardó su mangual y hizo la metamorfosis de su fruta para acceder a su forma híbrida de spinosaurio. Pasando a medir tres metros de alto, esto le llevaría un buen rato, de hecho seguramente para el mariscal era lentiiiisimo. El infante, tras acabar de transformarse, como seguramente no sería para nada interrumpido, aprovecharía para decir lo siguiente.
~~También puedo hacer esto! Ajá!
El joven niño dinosaurio se llevó la mano a su larga y potente cola (de dinosaurio) y la arrancó empleando su fuerza, ante esto no mostró ni una sola señal de dolor, independientemente de si lo sentía o no, aun que la imagen podía ser algo grotesca.
El niño sacó su cola pasando esta a ser una especie de espada/abanico de 6 metros de diámetro la cual empuñaría para alzarla en frente de su superior con una notoria expresión de curiosidad.
~~Pero esto aprendí a hacerlo ayer… por eso no sé usarlo todavía jeje, ¡ajá!
El niño frunciría el ceño pues no sabía si el mariscal lo iba a juzgar por sus tics nerviosos, esa sería una situación donde pensaría “a veces me gustaría ser un niño normal para no quedar así” pero, no era conciente de que al igual que tuvo mala suerte por un lado tenía muy buena por otra.
Resumen
Karmas
Akuma y gasto
