13-06-2026, 01:04 AM
Palabras más, palabras menos.
El pelirrosa se limitó solo a sonreír de medio lado ante las declaraciones de Jin sobre el muchacho de cabellos blancos y rosas que lo acompañaba antes de que Chili y él llegaran. ¿Qué podía decir? Se notaba que podía llegar a ser alguien entretenido; sin embargo, había algo en ese “gato” que lo hacía retroceder, tal vez, simplemente, no era su tipo, aunque no por eso despreciaría la oferta que le hacía el pelinegro, después de todo, no es como que pudiera rechazar un ofrecimiento así de buenas a primeras, pero, definitivamente, no era su prioridad. —Lo tendré en cuenta, gracias —. Pronunció de manera educada mientras de uno de sus bolsillos sacaba una libreta para anotar el nombre del pelirrojo que acababa de salir de la habitación. Sí, no su apodo, su nombre real, además de una leve descripción física. No quería olvidarlo, mucho menos si sería el encargado de buscarlo la próxima vez que tuviera un trabajo con estas personas.
—Mi ego no está inflado, se lo aseguro, solo me limito a hacerle saber que soy bueno en lo que hago, es todo —. Se encogió de hombros para luego guardar la libretita en la que se aseguró de anotar la descripción más detallada de Takano. —Si no me echo flores yo ¿Alguien más lo hará? —Terminó por decir, no con un tono altivo, si no con uno que rozaba en el aburrimiento o la indiferencia, realmente era difícil diferenciarlo. Un tono que murió cuando sus labios se sellaron para permitir que el otro hombre tomara la palabra para hablarle sobre el que sería su asistente.
—Parece confiar mucho en él, así que espero que yo también pueda llegar a confiar en ese tal…eh…Rolando —. Se movió por la habitación, no precisamente por desesperación, si no por las ansias de empezar con su trabajo. Quería demostrar lo que realmente valía. —Y sobre Chili…sí, es interesante, tal vez se me hace más interesante que el “felino” …Tiene su encanto… ¿Sabe? Siento que él y yo podríamos llegar a llevarnos bastante bien —. Al terminar de hablar dejó vislumbrar una sonrisa inocente que sería comprada por cualquiera que no lo conociera, aunque el gesto fue realizado más por costumbre que por necesidad, después de todo, no creía que fuera necesario ocultar demasiado su verdadera naturaleza cuando, en primera instancia, fue contactado por Jin, precisamente, por sus cualidades menos inocentes.
Por un instante dejó que el silencio reinara, aunque pronto la voz del otro hombre volvió a romper el silencio ¡Claro! Los perros…esos que lo habían detenido en la entrada. El médico frunció el ceño, aun le molestaba aquel trato, podía llegar a considerarlo una humillación, aunque su expresión cambió casi de inmediato apenas llegó a escuchar la generosa oferta de su anfitrión. Volvió a sonreír, aunque esta vez no había ningún rastro de inocencia, solo una malicia que podía leerse a la distancia.
—¿Usarlos? ¿Está usted seguro de eso? No soy alguien a quien puedan dejarle cuidar a una “mascota”. Sus perritos podrían terminar un poco heridos si me da la confianza, así que prefiero evitarlo —. El único doble sentido de sus palabras se limitaba a que les arrancaría los ojos a los responsables de su afrenta si es que el pelinegro se lo permitía. No es como que quisiera dejar una mala imagen, mucho menos deseaba ser calificado como alguna especie de psicópata, pero no podían culparlo cuando sabían bien a que se dedicaba. —Aunque, de todos modos, agradezco su generosidad.
Con eso dicho, el escenario cambió por completo.
*****
El cuarto de operaciones que lo había impresionado en un inicio se convirtió, rápidamente, en su lugar seguro. Ahí se sentía como en casa. Estaba acostumbrado al tacto frío de las camillas metálicas, al blanco encandilante de las luces, a la sensación de los guantes sobre sus manos. No había manera de que pudiera incomodarse en un entorno que parecía haber sido construido especialmente para él.
—Lo he notado, en verdad que han preparado todo de una manera muy prolija. Me alegra saber que estoy trabajando con profesionales reales y no con la clase de gente que pretende que haga un trasplante en un garaje maloliente —. Examinó, con su mirada, el paquete cerrado de guantes. Eran de una buena calidad, tanto como las batas que alcanzó a ver dentro del armario transparente en donde estaban colocadas. —Además, agradezco el gesto de tener batas esterilizadas, el único motivo por el que traje las mías es porque no sabía si me las iban a proporcionar —. Soltó una risa. Esa clase de cosas solían quedar acordadas en la primera reunión, pero presentía que esa noche de negocios se le había ido de las manos. No podía recordarlo bien, pero lo sentía. —Lo siento, parece que la primera vez que nos reunimos no hablamos lo suficiente sobre estos detalles. Le pido disculpas por lo que sea que haya pasado aquella noche.
Se movió con gracia por el lugar, analizando cada cosa que tenía frente a él, mientras que, en su mente, disponía las herramientas de la mejor manera para cuando tuviera que trabajar con ellas. Luego de desinfectarse se encargaría de ordenar las cosas a su modo, debía hacerlo por su paz mental, así sabría de que disponía o no para trabajar.
—Sí, confío en que la persona de la que voy a extraer los órganos será alguien saludable —. Dejó de lado las palabras en clave, estando en la sala de operaciones ya no había necesidad. —Es solo que creí que querría verme realizando un trasplante. Ya sabe, una vida por otra… ¿No desea ver eso? Creí que me tendrían preparado el cuerpo de un moribundo al que los hospitales hayan puesto en lista de espera…aunque no me molesta solo extraer órganos…siempre que tengan una buena “nevera” para almacenarlos. Algunos deben ser trasplantados en cuestión de pocas horas antes de que se arruinen —. Miró al pelinegro, sus ojos ahora denotaban seriedad. —¿Puede conseguirme a alguien así? A un moribundo que necesite…no sé…un riñón o, mejor aún, un corazón —. Propuso solamente para hacer más alta la apuesta.
—¡Oh! Créame que con todo lo que me ha mostrado me queda más que claro que es usted un profesional. Confío en que me dejará “gobernar” en este pequeño espacio…Puede tomarlo como parte de la prueba si lo desea y… ¡Ah! Lo olvidaba…No se preocupe por la diversión, porque al menos para mi está garantizada. No es como que trabaje solo por dinero, también encuentro algo de gusto en…operar —. Su tono de voz era como el de alguien que acaba de confesar que le gusta hornear pasteles o galletas, tan casual que ni siquiera había un rastro de malicia que pudiera delatar que hablaba, precisamente, de sostener en sus manos la vida de una persona solo para…arrebatársela por unos cuantos berries. —Nos vemos cuando termine de desinfectarse —. Entró a su propia ducha. Se tomaría su tiempo.
*****
No midió el tiempo, solo se encargó de tomar el necesario para saber que su cuerpo estaría limpio parar tratar con otros que se aseguraría de que estuvieran aún más estériles. No podía darse el lujo de trasmitir alguna infección o bacteria solo por un descuido, eso dejaría mucho que desear de su parte, no solo para otros, si no para él mismo.
Solo cuando estuvo seguro de su estado, salió de la ducha y se cambió a ropas más estériles. Dejó atrás el kimono celeste y la bata blanca con la que había salido de su casa y se vistió con ropas que le daban un aire completamente médico, como el cirujano que se supone que era. Debía colocarse una gorra para cubrir su cabello, guantes y mascarilla; sin embargo, eso prefería hacerlo minutos antes de empezar, además, había escuchado voces afuera, lo más probable es que el otro hombre ya hubiera llegado.
Salió del baño ya vestido como un profesional, aunque era imposible no notar los cabellos rosas que aun enmarcaban su delicado rostro, de hecho, tal vez eso sería lo primero que cualquiera notaría, pues hacían un contraste enorme con el resto de la habitación tan blanca, decolorada y minimalista. Ni siquiera era necesario que hiciera mucho ruido para hacer anunciar su presencia; sin embargo, tal vez el chasquido de su lengua haría que tanto Jin como el otro hombre voltearan hacia él.
El médico ahora estaba detrás de Jin, al menos a un metro de distancia, sus brazos estaban cruzados sobre su pecho y en sus ojos se leía una clara molestia que no pretendía disimular. Lo había dicho antes, sería el dueño y señor de ese lugar en donde ahora estaban.
—¿En serio, Gin? —. Casi que pegó la pronunciación del nombre, mejor suerte para la próxima. —¿Cómo puede decirme que es un profesional este hombre? —Dejó caer la frase sin mayor contexto mientras cambiaba de posición, ahora se movía con cautela para rodear al atractivo rubio recién llegado. No lo tocó, no le dirigió la palabra directamente, se limitó a observar a quien se supone llevaba las riendas de la situación. —No puedo trabajar con alguien como él. Ni siquiera parece interesado en hacer valer una simple orden… ¿De verdad que cumplió con su primer trabajo con éxito? Porque parece alguien que no se quedaría a observar si acertó o no en su misión.
Ahora sí que el médico se giró para quedar frente al rubio recién llegado. —Dime… ¿De verdad crees que todo “irá bien”? —Le sonrió con altivez, mirándolo desde arriba, pues era apenas unos centímetros más alto que el recién llegado.
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