13-06-2026, 02:17 AM
› Por supuesto que podrás visitarme cuando quieras, para eso existen las puertas, para que la gente llegue.
Aclararía en respuesta a las ideas de Miyori con una tenue sonrisa en el rostro, Eros podía no ser un experto en socializar pero ante todo era honesto con sus palabras. Al menos su madre se había ocupado de enseñarle que la hospitalidad, y consideración era tan fuertes como una espada.
› Y con gusto iré a tu castillo… Nunca he estado en uno a decir verdad, imagino que serán como iglesias grandes con mejor iluminación. Para entonces espero haberme reencontrado con mi madre, sería lindo
Por un momento pensó en su padre, sabía que no tenía tiempo para distraerse mucho porque los deberes de la familia venían primero. Pero soñar no costaba nada, por un rato estaba bien pensar en que podrían alcanzar el objetivo que fuese porque para eso han inventado los sueños, diría él ¿Quizás cuando su entrenamiento terminase él sería libre para jugar y hacer amigos? Se preguntó bajando la mirada, meditabundo, antes de devolver su atención a la pequeña que parecía despedirse de su madre.
El amor trascendía la muerte, porque también trascendía la vida. Ese pensamiento lo hizo tranquilizar mientras se preparaba para marchar del cementerio también. Sus tareas habían acabado hace rato, debía empezar a alejarse tímidamente hacia lo cotidiano, dejar atrás el mundo fantástico.
No tuvo corazón para decirle a la pequeña que no estaría allí mañana, que era estadísticamente improbable que se volviesen en vida dadas sus obligaciones, astronómicamente improbable. En cambio decidió callar, observó la ilusión en el rostro ajeno y posó la diestra bajo su mentón meditabundo antes de asentir con la cabeza.
Tampoco quería mentirle, entonces se decantó por ser una tercera opción: Ser ambiguo.
› Por supuesto, la próxima vez que nos veamos te enseñaré la labor de los Sepultureros y tú podrías enseñarme cómo tocas el violín a cambio. Es un trato justo.
Asintió con la cabeza, giró sobre sus talones y se dispuso a marcharse por el camino empedrado hacia la ruta que llevaba a su pueblo. Dudó por un momento, pero cuando se giró para insistir en acompañar a Miyori, la anaranjada ya corría cual saeta a toda velocidad junto con el crepúsculo.
› Vaya que tiene energía
Comentó al aire finalmente a la par que se alejaba risueño, pese a que su rostro fúnebre y poco expresivo no lo hiciesen evidente, por las calles de Baquella, feliz de haber sido invitado a ese almuerzo familiar en el cementerio.
Aclararía en respuesta a las ideas de Miyori con una tenue sonrisa en el rostro, Eros podía no ser un experto en socializar pero ante todo era honesto con sus palabras. Al menos su madre se había ocupado de enseñarle que la hospitalidad, y consideración era tan fuertes como una espada.
› Y con gusto iré a tu castillo… Nunca he estado en uno a decir verdad, imagino que serán como iglesias grandes con mejor iluminación. Para entonces espero haberme reencontrado con mi madre, sería lindo
Por un momento pensó en su padre, sabía que no tenía tiempo para distraerse mucho porque los deberes de la familia venían primero. Pero soñar no costaba nada, por un rato estaba bien pensar en que podrían alcanzar el objetivo que fuese porque para eso han inventado los sueños, diría él ¿Quizás cuando su entrenamiento terminase él sería libre para jugar y hacer amigos? Se preguntó bajando la mirada, meditabundo, antes de devolver su atención a la pequeña que parecía despedirse de su madre.
El amor trascendía la muerte, porque también trascendía la vida. Ese pensamiento lo hizo tranquilizar mientras se preparaba para marchar del cementerio también. Sus tareas habían acabado hace rato, debía empezar a alejarse tímidamente hacia lo cotidiano, dejar atrás el mundo fantástico.
No tuvo corazón para decirle a la pequeña que no estaría allí mañana, que era estadísticamente improbable que se volviesen en vida dadas sus obligaciones, astronómicamente improbable. En cambio decidió callar, observó la ilusión en el rostro ajeno y posó la diestra bajo su mentón meditabundo antes de asentir con la cabeza.
Tampoco quería mentirle, entonces se decantó por ser una tercera opción: Ser ambiguo.
› Por supuesto, la próxima vez que nos veamos te enseñaré la labor de los Sepultureros y tú podrías enseñarme cómo tocas el violín a cambio. Es un trato justo.
Asintió con la cabeza, giró sobre sus talones y se dispuso a marcharse por el camino empedrado hacia la ruta que llevaba a su pueblo. Dudó por un momento, pero cuando se giró para insistir en acompañar a Miyori, la anaranjada ya corría cual saeta a toda velocidad junto con el crepúsculo.
› Vaya que tiene energía
Comentó al aire finalmente a la par que se alejaba risueño, pese a que su rostro fúnebre y poco expresivo no lo hiciesen evidente, por las calles de Baquella, feliz de haber sido invitado a ese almuerzo familiar en el cementerio.
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
