14-08-2023, 06:53 PM
12:05 Día 316 del año 10, Invierno.
Villa Syrup(Isla Gecko)
![[Imagen: 1000.png]](https://cdn.discordapp.com/attachments/893543429714362399/1140645758694084648/1000.png)
Tras el encuentro con Terence en el Barolé, decidimos partir los tres juntos en adelante. No podíamos haber formado un grupo más variopinto y contradictorio, pero al mismo tiempo teníamos muchos puntos comunes. No se nos podía considerar aún una banda ¿O sí?, aun así, al fin y al cabo lo importante era que habíamos llegado a ese acuerdo que a todos nos podría beneficiar.
Viajando en otro barco ajeno a nuestra propiedad habíamos llegado finalmente a la isla Gecko, concretamente para visitar la Villa Syrup. No era la parada deseada, sinceramente, pero estábamos alojados en un barco comercial que venía hasta aquí a recoger cargamentos de madera. En esta isla era la principal actividad de exportación, y muchas islas cercanas se la compraban a ellos, que tenían mucho excedente anual.
Durante el viaje habíamos hablado un poco, por fortuna no hubo mayores desencuentros ni malos entendidos. Quizá por ser conscientes todos de que en un barco, si llegásemos a tener esos desencuentros, nos tendríamos que aguantar hasta llegar a tierra. O quizá por haber congeniado mejor de lo que parecía, cediendo cada uno un poco para evitar esas confrontaciones. El caso es que habíamos sabido convivir, hablar un poco para conocernos mejor y hasta había echado unas partidas a las cartas con Blackmore. Mihasy prefería mirar en silencio o estar en su mundo sin hablar mucho.
No sé qué opinarían mis camaradas de viaje sobre mí, pero creo que soy el más normal y abierto de los tres. Me daba la sensación de que más de una vez tendría que ser el responsable de poner paz, aunque si me llegan a conocer en mi juventud nos habríamos matado entre los tres desde el primer día.
Llegando por fin al puerto pude ver numerosas casas que recorrían toda la villa. Todas tenían parcelas enormes donde cultivar, o simplemente salir a disfrutar. No era un sitio muy divertido, sin embargo sí que parecía un lugar donde vivir tranquilo y feliz.
El clima era frío, se notaba el invierno, pero por suerte para nosotros no estaba nevando. Con calentar un poco o cubrirse debería ser suficiente para mí.
- ¡Tomaremos tierra en 2 minutos! – Exclamó uno de los tripulantes del barco.
Con una sonrisa me acerqué a mis compañeros frotando mis brazos para entrar en calor.
- Voy a adelantarme un poco, que si no me muero de frío jajaja – Les comenté para adelantarles que me ausentaría rápido. – Voy directo al Meshi. Un tripulante me comentó que es el restaurante del lugar, así que supongo que habrá una buena chimenea y comida jajaja.
Pasaron unos minutos cuando al fin habíamos arribado en el puerto, sólo faltaban los amarres. Normalmente se espera a que esto esté hecho, además de la indicación de algún miembro de la tripulación de que se puede bajar, ya con la tablilla puesta. No obstante, mi impaciencia era tal, que salté del barco directo al muelle. Necesitaba moverme para entrar en calor y llegar pronto al restaurante.
- ¡Muchas gracias chicos! – Les exclamé a la tripulación. – ¡Estaremos aquí antes del anochecer! – Terminé de gritarles mientras me iba corriendo despidiéndome con la mano abierta.
El barco debía firmar una serie de documentos y ejercer la compra de la madera, negociando previamente con los dueños de la misma. Posteriormente comerían un poco aprovechando que era la hora propicia para ello. Tras eso se tomarían un pequeño descanso para la digestión antes de cargar toda la mercancía. Nos comentaron que debíamos estar antes del anochecer, o se marcharían sin nosotros.
En principio nuestra idea era esa, volver a irnos con ellos, más cuando no existe atractivo ninguno en esta isla de nuestro interés. Pero para evitar quedar mal con el capitán, hablamos con él para indicarle que podía marcharse sin problemas si no estábamos a la hora. Nunca se sabe que nos puede deparar el destino, y retrasar el trabajo de aquella buena gente no estaba en mis planes.
Una vez dentro de la propia villa, observé que las parcelas entre casa y casa eran mucho más amplias de lo que creía antes. Supongo que tienen previsto en un futuro ampliar más la villa, o simplemente gustan de tener terrenos propios para los ciudadanos, estos harían con ellos lo que les plazca.
La gente parecía bastante amable y simpática, aunque si tuviésemos precio por nuestras cabezas quizá la realidad sería otra. Pude ver no muy lejos a un grupo grande de vacas, lo cual dio sentido a todas las botellas de leche que vi más adelante en las puertas de cada hogar.
- No veo grandes cultivos por aquí cerca, así que esta villa subsistirá de la ganadería y la venta de madera entonces. – Pensé para mis adentros.
Los más pequeños se ponían algo nerviosos al verme, supongo que por el gran tamaño que tenía. Riendo me limité a saludarlos con la mano, o haciendo muecas graciosas a algunos de estos. Tratar de hablar con ellos podría ser contraproducente, mi voz solía asustar incluso a muchos adultos, es por ello que siempre trato de ser amable con mi elección de palabras.
Viajando en otro barco ajeno a nuestra propiedad habíamos llegado finalmente a la isla Gecko, concretamente para visitar la Villa Syrup. No era la parada deseada, sinceramente, pero estábamos alojados en un barco comercial que venía hasta aquí a recoger cargamentos de madera. En esta isla era la principal actividad de exportación, y muchas islas cercanas se la compraban a ellos, que tenían mucho excedente anual.
Durante el viaje habíamos hablado un poco, por fortuna no hubo mayores desencuentros ni malos entendidos. Quizá por ser conscientes todos de que en un barco, si llegásemos a tener esos desencuentros, nos tendríamos que aguantar hasta llegar a tierra. O quizá por haber congeniado mejor de lo que parecía, cediendo cada uno un poco para evitar esas confrontaciones. El caso es que habíamos sabido convivir, hablar un poco para conocernos mejor y hasta había echado unas partidas a las cartas con Blackmore. Mihasy prefería mirar en silencio o estar en su mundo sin hablar mucho.
No sé qué opinarían mis camaradas de viaje sobre mí, pero creo que soy el más normal y abierto de los tres. Me daba la sensación de que más de una vez tendría que ser el responsable de poner paz, aunque si me llegan a conocer en mi juventud nos habríamos matado entre los tres desde el primer día.
Llegando por fin al puerto pude ver numerosas casas que recorrían toda la villa. Todas tenían parcelas enormes donde cultivar, o simplemente salir a disfrutar. No era un sitio muy divertido, sin embargo sí que parecía un lugar donde vivir tranquilo y feliz.
El clima era frío, se notaba el invierno, pero por suerte para nosotros no estaba nevando. Con calentar un poco o cubrirse debería ser suficiente para mí.
- ¡Tomaremos tierra en 2 minutos! – Exclamó uno de los tripulantes del barco.
Con una sonrisa me acerqué a mis compañeros frotando mis brazos para entrar en calor.
- Voy a adelantarme un poco, que si no me muero de frío jajaja – Les comenté para adelantarles que me ausentaría rápido. – Voy directo al Meshi. Un tripulante me comentó que es el restaurante del lugar, así que supongo que habrá una buena chimenea y comida jajaja.
Pasaron unos minutos cuando al fin habíamos arribado en el puerto, sólo faltaban los amarres. Normalmente se espera a que esto esté hecho, además de la indicación de algún miembro de la tripulación de que se puede bajar, ya con la tablilla puesta. No obstante, mi impaciencia era tal, que salté del barco directo al muelle. Necesitaba moverme para entrar en calor y llegar pronto al restaurante.
- ¡Muchas gracias chicos! – Les exclamé a la tripulación. – ¡Estaremos aquí antes del anochecer! – Terminé de gritarles mientras me iba corriendo despidiéndome con la mano abierta.
El barco debía firmar una serie de documentos y ejercer la compra de la madera, negociando previamente con los dueños de la misma. Posteriormente comerían un poco aprovechando que era la hora propicia para ello. Tras eso se tomarían un pequeño descanso para la digestión antes de cargar toda la mercancía. Nos comentaron que debíamos estar antes del anochecer, o se marcharían sin nosotros.
En principio nuestra idea era esa, volver a irnos con ellos, más cuando no existe atractivo ninguno en esta isla de nuestro interés. Pero para evitar quedar mal con el capitán, hablamos con él para indicarle que podía marcharse sin problemas si no estábamos a la hora. Nunca se sabe que nos puede deparar el destino, y retrasar el trabajo de aquella buena gente no estaba en mis planes.
Una vez dentro de la propia villa, observé que las parcelas entre casa y casa eran mucho más amplias de lo que creía antes. Supongo que tienen previsto en un futuro ampliar más la villa, o simplemente gustan de tener terrenos propios para los ciudadanos, estos harían con ellos lo que les plazca.
La gente parecía bastante amable y simpática, aunque si tuviésemos precio por nuestras cabezas quizá la realidad sería otra. Pude ver no muy lejos a un grupo grande de vacas, lo cual dio sentido a todas las botellas de leche que vi más adelante en las puertas de cada hogar.
- No veo grandes cultivos por aquí cerca, así que esta villa subsistirá de la ganadería y la venta de madera entonces. – Pensé para mis adentros.
Los más pequeños se ponían algo nerviosos al verme, supongo que por el gran tamaño que tenía. Riendo me limité a saludarlos con la mano, o haciendo muecas graciosas a algunos de estos. Tratar de hablar con ellos podría ser contraproducente, mi voz solía asustar incluso a muchos adultos, es por ello que siempre trato de ser amable con mi elección de palabras.
