13-06-2026, 03:56 AM
(Última modificación: 13-06-2026, 04:17 AM por Onizuka Jin.
Razón: Agregar color a Diálogo
)
Como bien había aclarado, Jin no era de solo palabras, eso que el propio Hyákinthos mencionaba tendría que ser algo que tendría que demostrarle. Le permitió todo el tiempo que quisiera para tomar notas, solo cruzándose de brazos con una paciencia infinita hasta que el contrario le hablara. —Rafael. — corrigió al escucharlo pronunciar mal el nombre de su compañero. —Su nombre es Rafael. Aprovecha para anotarlo si os vais a encontrar más de una vez.
La conversación que iba hacia el joven Takano fue algo que incluso él comprendió. Ciertamente si no fuera por el ámbito laboral, sí podría resultar divertido “disfrutarlo” por un poco. Recordó que en aquella farmacia fue divertido tantearlo. Su media sonrisa volvió a ampliarse, volteando la mirada hacia el pelirrosa con un halo de diversión marcado.
Sonrisa maliciosa como ninguna fue la que le entregó al contrario. No era raro ver el interés que le tenía el contrario y, recordando aquella noche en la que intimaron, probablemente sería más divertido de lo que creía. —Puedo entregarle perros de los que me quiera deshacer, no sería tampoco demasiada complicación. Pero como bien le he dicho, solo será si consigue convencerme el día de hoy.
El pelinegro asintió con un cabeceo a los halagos del cirujano. Su seriedad y profesionalidad ahora estaban en auge a diferencia de en la oficina, ya que el tema había sido mucho más serio y ahora todo se había vuelto especialmente laboral. —Es todo un halago señor Hyákinthos. Cualquier comodidad es mínima para lo que pueda brindarnos con su trabajo. Vi muy buen producto cuando me lo presentó, consideré óptimo darle las máximas facilidades que le fueran posibles para la prueba de hoy. — Dejó que se paseara por la “clínica” como quisiera, que revisara todo lo de su alrededor como deseara, si él demostraba que iba en serio, esperaba que el contrario también demostrase que iba en serio con ese trabajo. No iba a contratar a un cualquiera. —No se preocupe, me encargué de que todo estuviera disponible aunque no lo pactáramos, soy un hombre previsor como bien podrá apreciar. Además, fue una noche de lo más entretenida.
Alzó amabas cejas ante la proposición. Eso sí que estaba siendo algo de lo más interesante. Y, graciosamente, tenía muchos dispuestos a pagar una buena fortuna por ese tipo de operaciones, implantes y, para colmo, de forma gratuita. Ese hombre estaba muy confiado en lo que hacía. —Un trasplante... De hecho... — Elevó su diestra, pasándola con una media sonrisa por debajo de su mentón, desviando su mirada con una sonrisa maliciosa. Ah, al final no solo iba a probar al hombre, si salía bien, incluso podría ganar una buena cantidad de dinero en ese momento.
Descendió su mano, volviendo la mirada hacia el contrario, sin romper en ningún momento la sonrisa de entre sus labios. —¿Qué me dice? Puede venir por su propio pie. Está desesperado por un nuevo hígado. ¿Cree que sería capaz de realizar el transplante? Se le pagará generosamente la parte que acordemos. Disfrutaré viéndolo trabajar. — Con ello sería suficiente, solo se encargó de hacer una llamada para conseguir a la persona con la que hacer el transplante y, una vez finalizó, fue a la ducha para higienizarse lo mejor posible en el tiempo que acostumbraba.
A medida que hablaba con Rafael y tomaba la camilla, Jin terminó de adentrar al joven todavía inconsciente hasta el centro de la sala, donde había el resto de los utensilios y aparatos para que pudiera hacer el trabajo. Rafael, por su lado elevaba las manos hasta el puro, de forma despreocupada. —¿No me digas que has contratado a alguien que ni sabe decir bien tu nombre?
—Cállate Rafael. — Elevó la mirada entonces hasta el propio Hyákinthos, tratando de calmar un poco más el ambiente. —No lo parece, pero hizo bien su trabajo. Solo aparece un poco molesto porque le mandé hacer el trabajo sucio.
—¿Tienes idea de lo que me ha costado conseguir el producto sin que nos viera la puta Marina? No lo tomes como algo insignificante.
—Todavía eres un niño, Rafael si sigues haciendo berrinches así. — Se cruzó de brazos, en el momento que dio otra calada el rubio, con disgusto, hasta que vio al cirujano acercarse. No lo divisó de primer instante, solo expulsó el humo, con los dedos en el puro, hasta que lo vio, de frente, claro como el agua. Incluso si tenía más de lo que hablar, quejarse y patalear, solo hubo silencio. Sus ojos se abrieron de par en par, el puro quedó a medio camino, sin siquiera haber entrado todavía en la propia clínica.
El puro poco a poco se deslizó de entre los dedos del individuo, lento, muy lentamente. —Tú... — Las palabras se habían quedado atoradas en alguna parte de su garganta. Cualquiera podría decir que lo que le pudo llegar a sorprender fuera la atrevida actitud del pelirrosa, pero no. No era eso. Era algo más, algo mucho, MUCHO peor. Algo que solo él sabía... O eso deseaba. El puro cayó inevitablemente al suelo con un ruido seco, entre los pies del rubio, sin palabras. Parpadeó una, dos, tres... terminó de contar, si es que contaba en ese momento. Solo existía una expresión de absoluto shock y silencio que no podía describir... Y pronto, otra sensación, fuerte, intensa, terrible; Miedo.
Jin, al escuchar semejante silencio, arqueó una ceja, acercándose ahora a ambos en caso de que pareciera haber algún problema. Asomó la cabeza detrás de Hyákinthos, con expresión seria que no hizo más que hacer voltear los ojos, ahora pequeños, de Rafael. Eso era raro.
Esta vez Rafael miró tanto a Jin como a Hyákinthos, alternando sus ojos entre uno y otro repetidamente. Estaba repentinamente mudo, sin poder responder. —¿No me oyes? Mueve el culo Rafael, o aviso al Gran Jefe. — Eso pareció solo asustarlo más, negando con la cabeza enérgicamente.
—No, no, todo bien. Todo bien. — Tartamudeó, pisando el puro para apagarlo, con ambas manos en alto, las mismas manos ahora parecían temblar. —¿Todo... todo bien?
—¿Eh? Claro que no. Ya sé que es guapo, pero no hace falta que armes un espectáculo así, Rafael. — Dio un par de palmadas a Hyákinthos para que diera paso, mirándolo directamente. —Eso es nuevo, no suele interesarse tanto en la belleza de los hombres. Pido disculpas por ello en su nombre. Mientras Rafael se higieniza esperemos al “cliente” para el transplante. — Se apartó del pelirrosa, con calma, dándole la espalda. Aparentemente el producto comenzaba a despertarse. —Ah, parece que el efecto del sedante está pasando. Hiciste un buen trabajo, Rafael. Eso significa que los órganos ya no les quedarán químicos ni nada raro. — Rafael se quedó quieto allí mismo, sin decir nada, de nuevo. —¿Que no me oyes? Vete ya al maldito baño o te arrastro a golpes, no habrá una cuarta vez.
—Voy, voy... Y-ya voy Jin... Ya voy... — Y, sin más, salió corriendo hasta la zona de higienización, como si de repente tuviera un cohete por el ano. Jin solo lo miró extrañado, teniendo que cerrar él mismo la puerta. —En serio, eso fue muy raro, ¿qué diablos le pasa? — Volvió de nuevo la mirada hacia Hyákinthos. —No lo parece, pero le garantizo que es la primera vez que le pasa eso, es muy profesional en este tipo de temas y ya tiene bastante experiencia. Me disculpo de nuevo... — Esperaba que, para cuando saliera, al menos estuviera más calmado.
La conversación que iba hacia el joven Takano fue algo que incluso él comprendió. Ciertamente si no fuera por el ámbito laboral, sí podría resultar divertido “disfrutarlo” por un poco. Recordó que en aquella farmacia fue divertido tantearlo. Su media sonrisa volvió a ampliarse, volteando la mirada hacia el pelirrosa con un halo de diversión marcado.

—Desde luego que lo tiene... Y podría ser divertido “jugar” con él... Tú y yo.
Sonrisa maliciosa como ninguna fue la que le entregó al contrario. No era raro ver el interés que le tenía el contrario y, recordando aquella noche en la que intimaron, probablemente sería más divertido de lo que creía. —Puedo entregarle perros de los que me quiera deshacer, no sería tampoco demasiada complicación. Pero como bien le he dicho, solo será si consigue convencerme el día de hoy.
[***]
El pelinegro asintió con un cabeceo a los halagos del cirujano. Su seriedad y profesionalidad ahora estaban en auge a diferencia de en la oficina, ya que el tema había sido mucho más serio y ahora todo se había vuelto especialmente laboral. —Es todo un halago señor Hyákinthos. Cualquier comodidad es mínima para lo que pueda brindarnos con su trabajo. Vi muy buen producto cuando me lo presentó, consideré óptimo darle las máximas facilidades que le fueran posibles para la prueba de hoy. — Dejó que se paseara por la “clínica” como quisiera, que revisara todo lo de su alrededor como deseara, si él demostraba que iba en serio, esperaba que el contrario también demostrase que iba en serio con ese trabajo. No iba a contratar a un cualquiera. —No se preocupe, me encargué de que todo estuviera disponible aunque no lo pactáramos, soy un hombre previsor como bien podrá apreciar. Además, fue una noche de lo más entretenida.
Alzó amabas cejas ante la proposición. Eso sí que estaba siendo algo de lo más interesante. Y, graciosamente, tenía muchos dispuestos a pagar una buena fortuna por ese tipo de operaciones, implantes y, para colmo, de forma gratuita. Ese hombre estaba muy confiado en lo que hacía. —Un trasplante... De hecho... — Elevó su diestra, pasándola con una media sonrisa por debajo de su mentón, desviando su mirada con una sonrisa maliciosa. Ah, al final no solo iba a probar al hombre, si salía bien, incluso podría ganar una buena cantidad de dinero en ese momento.

—De hecho tengo a alguien en mente que estoy seguro de que podría venir hoy mismo.
Descendió su mano, volviendo la mirada hacia el contrario, sin romper en ningún momento la sonrisa de entre sus labios. —¿Qué me dice? Puede venir por su propio pie. Está desesperado por un nuevo hígado. ¿Cree que sería capaz de realizar el transplante? Se le pagará generosamente la parte que acordemos. Disfrutaré viéndolo trabajar. — Con ello sería suficiente, solo se encargó de hacer una llamada para conseguir a la persona con la que hacer el transplante y, una vez finalizó, fue a la ducha para higienizarse lo mejor posible en el tiempo que acostumbraba.
[***]
A medida que hablaba con Rafael y tomaba la camilla, Jin terminó de adentrar al joven todavía inconsciente hasta el centro de la sala, donde había el resto de los utensilios y aparatos para que pudiera hacer el trabajo. Rafael, por su lado elevaba las manos hasta el puro, de forma despreocupada. —¿No me digas que has contratado a alguien que ni sabe decir bien tu nombre?
—Cállate Rafael. — Elevó la mirada entonces hasta el propio Hyákinthos, tratando de calmar un poco más el ambiente. —No lo parece, pero hizo bien su trabajo. Solo aparece un poco molesto porque le mandé hacer el trabajo sucio.
—¿Tienes idea de lo que me ha costado conseguir el producto sin que nos viera la puta Marina? No lo tomes como algo insignificante.
—Todavía eres un niño, Rafael si sigues haciendo berrinches así. — Se cruzó de brazos, en el momento que dio otra calada el rubio, con disgusto, hasta que vio al cirujano acercarse. No lo divisó de primer instante, solo expulsó el humo, con los dedos en el puro, hasta que lo vio, de frente, claro como el agua. Incluso si tenía más de lo que hablar, quejarse y patalear, solo hubo silencio. Sus ojos se abrieron de par en par, el puro quedó a medio camino, sin siquiera haber entrado todavía en la propia clínica.

—...
El puro poco a poco se deslizó de entre los dedos del individuo, lento, muy lentamente. —Tú... — Las palabras se habían quedado atoradas en alguna parte de su garganta. Cualquiera podría decir que lo que le pudo llegar a sorprender fuera la atrevida actitud del pelirrosa, pero no. No era eso. Era algo más, algo mucho, MUCHO peor. Algo que solo él sabía... O eso deseaba. El puro cayó inevitablemente al suelo con un ruido seco, entre los pies del rubio, sin palabras. Parpadeó una, dos, tres... terminó de contar, si es que contaba en ese momento. Solo existía una expresión de absoluto shock y silencio que no podía describir... Y pronto, otra sensación, fuerte, intensa, terrible; Miedo.
Jin, al escuchar semejante silencio, arqueó una ceja, acercándose ahora a ambos en caso de que pareciera haber algún problema. Asomó la cabeza detrás de Hyákinthos, con expresión seria que no hizo más que hacer voltear los ojos, ahora pequeños, de Rafael. Eso era raro.

—¿Qué demonios te pasa? Mueve el culo y apaga el puto puro, todavía lo huelo.
Esta vez Rafael miró tanto a Jin como a Hyákinthos, alternando sus ojos entre uno y otro repetidamente. Estaba repentinamente mudo, sin poder responder. —¿No me oyes? Mueve el culo Rafael, o aviso al Gran Jefe. — Eso pareció solo asustarlo más, negando con la cabeza enérgicamente.
—No, no, todo bien. Todo bien. — Tartamudeó, pisando el puro para apagarlo, con ambas manos en alto, las mismas manos ahora parecían temblar. —¿Todo... todo bien?
—¿Eh? Claro que no. Ya sé que es guapo, pero no hace falta que armes un espectáculo así, Rafael. — Dio un par de palmadas a Hyákinthos para que diera paso, mirándolo directamente. —Eso es nuevo, no suele interesarse tanto en la belleza de los hombres. Pido disculpas por ello en su nombre. Mientras Rafael se higieniza esperemos al “cliente” para el transplante. — Se apartó del pelirrosa, con calma, dándole la espalda. Aparentemente el producto comenzaba a despertarse. —Ah, parece que el efecto del sedante está pasando. Hiciste un buen trabajo, Rafael. Eso significa que los órganos ya no les quedarán químicos ni nada raro. — Rafael se quedó quieto allí mismo, sin decir nada, de nuevo. —¿Que no me oyes? Vete ya al maldito baño o te arrastro a golpes, no habrá una cuarta vez.
—Voy, voy... Y-ya voy Jin... Ya voy... — Y, sin más, salió corriendo hasta la zona de higienización, como si de repente tuviera un cohete por el ano. Jin solo lo miró extrañado, teniendo que cerrar él mismo la puerta. —En serio, eso fue muy raro, ¿qué diablos le pasa? — Volvió de nuevo la mirada hacia Hyákinthos. —No lo parece, pero le garantizo que es la primera vez que le pasa eso, es muy profesional en este tipo de temas y ya tiene bastante experiencia. Me disculpo de nuevo... — Esperaba que, para cuando saliera, al menos estuviera más calmado.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
