13-06-2026, 09:00 PM
(Última modificación: 14-06-2026, 12:40 PM por Akira Raito.
Razón: Se me olvidó la regeneración de energía por nivel
)
Menuda pedazo de idea había tenido al gatear sobre la jaula y esconderme detras del enorme cuerpo de mamá oso, ya que con el chichón que estaba por salirme en la frente, había conseguido reventar la cerradura de la jaula y que la enorme y peluda osa, a la que me voy a tomar el lujo de llamarla Úrsula, por eso de que Ursa es oso en latín y todo eso… Bueno, que Úrsula salió disparada fuera de la jaula, reventándole la cabeza a uno de aquellos cazadores y tirando todo por los suelos. Y sí, también consiguió prender fuego al campamento al salir volando una lámpara de aceite de la que saltaron chispas.
—Hostia puta —pensé mientras mis ojos se iluminaban con el rojo de las llamas. Brillantes, tanto como yo. Porque eran míos. Pero qué locura desatada, y con razón. Si a mi me secuestraran a mis crías y las dejaran muriendo de hambre, matar era, fíjate, lo último que haría, pero esos zarpazos… Más de uno y hasta que el cuerpo no aguante, y no hablo del mío.
—¡¡RUFINO, TE LLAMAS RUFINO!! ¡¡TCHAKIKIKIKIKIKIYAH!! ¡¡CON PERDÓN, PERO YA ME JODERÍA!! —el cazador de mierda pretendía que mataran a todos los animales enjaulados y para colmo que aquel tal Rufino y una chica llamada Valerie acabaran tanto conmigo como con Masami—. ¿Pero qué se han creído! —pensaba sin poder dejar de reír. Ahora me brillaban los ojos pero porque estaba llorando, era eso o mearme encima.
Tras todo ese jaleo, pude notar como Masami en su forma de serpiente se acercaba a la chica rubia con cuernos y enrollando su cola de serpiente, saltó como un muelle a presión y le arreaba una buena hostia acompañada de un puñetazo que buscaba no golpear, sino atravesar—. ¡¡¡DALE MASAMI!!! ¡CON ESTOS NO SE PUEDE RAZONAR! ¡YO ME ENCARGO DEL TONTITO ESTE! —y con confianza plena en mi compañera, ahora yo iba a encargarme de aquel que me había llamado “tarado”. Quien se creía el tontito este, se iba a enterar—. No te flipes.
El tipo era altísimo, musculoso, medía dos metros y llevaba una espada más grande que él, con la que me apuntaba mientras avanzaba. Realmente sí que era tonto. Desconocía su destreza, pero si pensaba que iba a conseguir hacerme algo la llevaba clara. Y Masami ya había abierto la brecha del combate, así que moral y éticamente, mis ataques contra esta gente también iban a estar justificados, POR LA JUSTICIA.
—¡ZIG ZABOOM! —y con un rápido movimiento a una agilidad de espanto, saltando en zig zag y acercándome al Rufino Langostino mientras me movía, ocultándome entre las cajas y las llamas, de izquierda a derecha, de arriba a abajo, y rebotando en cualquier superficie que encontraba para acortar distancias y que le costara más diferenciar mi pista entre todo este desastre visual y mi cuerpo y cabello cubierto de barro. Y una vez posicionado tras él gracias a mi zigzagueo y mi envidiable agilidad, salí disparado hacia él con frenesí, fluyendo, reaccionando, y adaptando mis movimientos para darle un fuerte puñetazo en el cogote, acompañado de una patada que iba de arriba a abajo diagonalmente, en dirección a sus partes más íntimas, el ouets—. ¡¡PATADA PISTÓN!! —toma hostia doble combinada a la parrilla.
En lo que me doblaba, abriéndome como un libro entre el puñetazo y la patada, miré a Masami reojo, escuchando aquella parte del escenario de combate y noté como pretendía arrestar a aquella mujer en nombre de la Marina, pero sin quitar la atención del Rufino Pingüino, con quien todavía me estaba retando, y atento también a los posibles ataques de Úrsula, que OBVIAMENTE estaba enfadada y furiosa. Pero tenía que acabar con él rápido, el cazador jefe no se podía escapar, y seguramente había sacado mucho dinero del tráfico de animales y tendría contactos a los que se los vendería. No podíamos dejar de seguir este rastro, debíamos llegar al final del asunto, a fin de cuentas, si uno no compra uno no vende. Qué mala suerte que hayan tenido que topar por la División 80.
—Hostia puta —pensé mientras mis ojos se iluminaban con el rojo de las llamas. Brillantes, tanto como yo. Porque eran míos. Pero qué locura desatada, y con razón. Si a mi me secuestraran a mis crías y las dejaran muriendo de hambre, matar era, fíjate, lo último que haría, pero esos zarpazos… Más de uno y hasta que el cuerpo no aguante, y no hablo del mío.
—¡¡RUFINO, TE LLAMAS RUFINO!! ¡¡TCHAKIKIKIKIKIKIYAH!! ¡¡CON PERDÓN, PERO YA ME JODERÍA!! —el cazador de mierda pretendía que mataran a todos los animales enjaulados y para colmo que aquel tal Rufino y una chica llamada Valerie acabaran tanto conmigo como con Masami—. ¿Pero qué se han creído! —pensaba sin poder dejar de reír. Ahora me brillaban los ojos pero porque estaba llorando, era eso o mearme encima.
Tras todo ese jaleo, pude notar como Masami en su forma de serpiente se acercaba a la chica rubia con cuernos y enrollando su cola de serpiente, saltó como un muelle a presión y le arreaba una buena hostia acompañada de un puñetazo que buscaba no golpear, sino atravesar—. ¡¡¡DALE MASAMI!!! ¡CON ESTOS NO SE PUEDE RAZONAR! ¡YO ME ENCARGO DEL TONTITO ESTE! —y con confianza plena en mi compañera, ahora yo iba a encargarme de aquel que me había llamado “tarado”. Quien se creía el tontito este, se iba a enterar—. No te flipes.
El tipo era altísimo, musculoso, medía dos metros y llevaba una espada más grande que él, con la que me apuntaba mientras avanzaba. Realmente sí que era tonto. Desconocía su destreza, pero si pensaba que iba a conseguir hacerme algo la llevaba clara. Y Masami ya había abierto la brecha del combate, así que moral y éticamente, mis ataques contra esta gente también iban a estar justificados, POR LA JUSTICIA.
—¡ZIG ZABOOM! —y con un rápido movimiento a una agilidad de espanto, saltando en zig zag y acercándome al Rufino Langostino mientras me movía, ocultándome entre las cajas y las llamas, de izquierda a derecha, de arriba a abajo, y rebotando en cualquier superficie que encontraba para acortar distancias y que le costara más diferenciar mi pista entre todo este desastre visual y mi cuerpo y cabello cubierto de barro. Y una vez posicionado tras él gracias a mi zigzagueo y mi envidiable agilidad, salí disparado hacia él con frenesí, fluyendo, reaccionando, y adaptando mis movimientos para darle un fuerte puñetazo en el cogote, acompañado de una patada que iba de arriba a abajo diagonalmente, en dirección a sus partes más íntimas, el ouets—. ¡¡PATADA PISTÓN!! —toma hostia doble combinada a la parrilla.
En lo que me doblaba, abriéndome como un libro entre el puñetazo y la patada, miré a Masami reojo, escuchando aquella parte del escenario de combate y noté como pretendía arrestar a aquella mujer en nombre de la Marina, pero sin quitar la atención del Rufino Pingüino, con quien todavía me estaba retando, y atento también a los posibles ataques de Úrsula, que OBVIAMENTE estaba enfadada y furiosa. Pero tenía que acabar con él rápido, el cazador jefe no se podía escapar, y seguramente había sacado mucho dinero del tráfico de animales y tendría contactos a los que se los vendería. No podíamos dejar de seguir este rastro, debíamos llegar al final del asunto, a fin de cuentas, si uno no compra uno no vende. Qué mala suerte que hayan tenido que topar por la División 80.
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