13-06-2026, 11:04 PM
(Última modificación: 13-06-2026, 11:06 PM por Juan Sebastian.)
La aguerrida pirata hizo uso de su memoria e intelecto para lograr salir de la cárcel que le separaba de la tan ansiada libertad. Un error tan simple en el plan de Billy, tan diminuto como una llave que cae al suelo en el momento correcto… Eran los pequeños detalles los que muchas veces lograban marcar la diferencia, especialmente cuando una chica de gran corazón está determinada a hacer lo correcto.
Al escuchar el sonido de la cerradura, las esclavas del Tontatton levantaron los ojos, unos ojos cansados, secos de lágrimas que pasaron alguna vez por sus rostros dejando un surco entre la suciedad de sus mejillas. Una de ellas intentó escapar alguna vez, al levantar su rostro, se podían observar las marcas que resultaron de aquel sueño lejano. Pero afortunadamente, las quemaduras en su rostro no eran peores que las marcas que se escondían bajo sus harapos, grabadas con cortes en su espalda. Esa chica no se marcharía de la jaula, no se encontraba retenida por los muros de piedra, tampoco por aquella puerta oxidada. Los grabados en su cuerpo le dejaban claro que era una pertenencia, mientras su dueño siguiese con vida, ella sería de su propiedad.
No era el mismo caso para las demás, los ojos de las demás se encendieron con determinación al ver una posibilidad de salir de ese infierno. Por primera vez desde que fueron encerradas, una luz parecía brillar en sus vidas gracias a la determinación de una desconocida.
Mientras Miyori abría la puerta, se podía oír un chirrido por todo el sótano, lo que despertó al pequeño hombre. Miyo se interpuso entre la posición de Billy y las chicas, que no tardaron en comenzar a moverse. Billy se dio la vuelta para observar lo que estaba pasando y pudo observar el terrible panorama. Sus preciadas esclavas se escapaban mientras Miyo le apuntaba con decisión, haciendo uso de su mortífero arco. —¿Señorita?— dijo con la voz quebrada de un dulce niño — ¿Por qué me apuntas? ¿Vas a matarme?—. Lágrimas empezaron a caer de su rostro mientras se acercaba a paso lento a Miyori. —No quiero morir… Me da miedo morir…—. Se intentó quitar sin éxito las gotas de sus ojos con la manga de su chaqueta antes de continuar con su súplica, pero sin detenerse —Ahora lo entiendo… Me matarás porque eres una pirata ¿Verdad? Igual que matase a aquel hombre—
Justo al terminar su patética súplica, Billy se lanzó en un fugaz movimiento a por Miyori. En cuanto logró situarse cuerpo a cuerpo, dio un salto que le puso su misma altura y le propinó un feroz puñetazo en la cara a la dulce muchacha, haciéndola retroceder de nuevo. —Vas a pagar lo que has hecho muy caro, señorita pirata…—. Las cuatro esclavas que subieron por las escaleras del sótano no dudaron en continuar. —Buscaremos ayuda— le dijo la última de ellas a Miyori antes de salir ¿Sería verdad? ¿Se arriesgarían a volver a aquel horrible lugar para ayudar a la persona que les salvó? Al escuchar eso, Billy sonrió de forma macabra —Pagarás en tu carne la parte del castigo que les tocaría a ellas…—
Al escuchar el sonido de la cerradura, las esclavas del Tontatton levantaron los ojos, unos ojos cansados, secos de lágrimas que pasaron alguna vez por sus rostros dejando un surco entre la suciedad de sus mejillas. Una de ellas intentó escapar alguna vez, al levantar su rostro, se podían observar las marcas que resultaron de aquel sueño lejano. Pero afortunadamente, las quemaduras en su rostro no eran peores que las marcas que se escondían bajo sus harapos, grabadas con cortes en su espalda. Esa chica no se marcharía de la jaula, no se encontraba retenida por los muros de piedra, tampoco por aquella puerta oxidada. Los grabados en su cuerpo le dejaban claro que era una pertenencia, mientras su dueño siguiese con vida, ella sería de su propiedad.
No era el mismo caso para las demás, los ojos de las demás se encendieron con determinación al ver una posibilidad de salir de ese infierno. Por primera vez desde que fueron encerradas, una luz parecía brillar en sus vidas gracias a la determinación de una desconocida.
Mientras Miyori abría la puerta, se podía oír un chirrido por todo el sótano, lo que despertó al pequeño hombre. Miyo se interpuso entre la posición de Billy y las chicas, que no tardaron en comenzar a moverse. Billy se dio la vuelta para observar lo que estaba pasando y pudo observar el terrible panorama. Sus preciadas esclavas se escapaban mientras Miyo le apuntaba con decisión, haciendo uso de su mortífero arco. —¿Señorita?— dijo con la voz quebrada de un dulce niño — ¿Por qué me apuntas? ¿Vas a matarme?—. Lágrimas empezaron a caer de su rostro mientras se acercaba a paso lento a Miyori. —No quiero morir… Me da miedo morir…—. Se intentó quitar sin éxito las gotas de sus ojos con la manga de su chaqueta antes de continuar con su súplica, pero sin detenerse —Ahora lo entiendo… Me matarás porque eres una pirata ¿Verdad? Igual que matase a aquel hombre—
Justo al terminar su patética súplica, Billy se lanzó en un fugaz movimiento a por Miyori. En cuanto logró situarse cuerpo a cuerpo, dio un salto que le puso su misma altura y le propinó un feroz puñetazo en la cara a la dulce muchacha, haciéndola retroceder de nuevo. —Vas a pagar lo que has hecho muy caro, señorita pirata…—. Las cuatro esclavas que subieron por las escaleras del sótano no dudaron en continuar. —Buscaremos ayuda— le dijo la última de ellas a Miyori antes de salir ¿Sería verdad? ¿Se arriesgarían a volver a aquel horrible lugar para ayudar a la persona que les salvó? Al escuchar eso, Billy sonrió de forma macabra —Pagarás en tu carne la parte del castigo que les tocaría a ellas…—
Contenido Oculto
Resumen
Narrador
Billly
Bélico

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